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Entrevista a Rosa Montero

Par Emma Chenna : Étudiante - ENS de Lyon , Pomme Gérard : Master - ENS de Lyon
Publié par Elodie Pietriga le 15/02/2019
En el marco de las Assises Internationales du Roman organizado por la Villa Gillet, Rosa Montero estuvo en Lyon el 25 de mayo de 2018. Aprovechamos la ocasión para pedirle una entrevista a la famosa autora española. Muy amablemente accedió y la encontramos en una pequeña sala del hotel en el que se hospedaba.

Entrevista realizada por Emma Chenna y Pomme Gérard.
Fotografía de Camille Lecuyer.

 

ROSA MONTERO

EN LYON

 

 

Algunos datos para empezar


Rosa Montero nació en Madrid en 1951, es una autora y periodista renombrada que colaboró con diversos medios informativos y escribió en diversos periódicos latinoamericanos. Recibió entre otros el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2017. Pertenece a la denominada "Generación de los 70" que valora el testimonio y la biografía como bases de la introspección de los personajes. En su narración, indaga en la intimidad de los personajes para llegar a expresar problemas universales, remitiendo así a la propia experiencia de cada uno.
 
Desde un punto de vista femenino, la escritura de Rosa Montero desarrolla los temas del amor, de la soledad, del miedo, del abandono. Las novelas de la autora son una alternativa al discurso masculino predominante: así escribió su Crónica del desamor (1979), que narraba, desde el punto de vista de una mujer, las desgracias de la gloria y del poder. También en su última novela La Carne (2016), se encuentran la tristeza y el desamparo. El propio nombre de la protagonista es una sentencia: Soledad. Esta mujer de unos sesenta años contrata a un gigoló para darle celos a un ex amante. Se enfrenta con el paso del tiempo y con esta amenaza: "podría morir sin conocer el amor". Se desprende de la novela un intenso suspense que se codea con los motivos de la creación artística, de la escritura, de la muerte.
Sin embargo, su libro más personal sería La Ridícula idea de no volver a verte (2013), que no cabe en ningún corsés de género. La obra surgió de la lectura del diario de Marie Curie tras la muerte de Pierre Curie. Se adentra la autora en las tinieblas del duelo y del dolor, pero sacando a la luz el valor de la vida. Este libro obtuvo el Premio de la crítica de Madrid en 2014.
 

“La carne habla también de lo mal que sabemos vivir, los seres humanos”

 

La entrevista

Para empezar, centrémonos en su última novela La Carne, ¿puede usted decirnos cuál fue el proceso de escritura de la novela?

Un autor siempre escribe sobre los mismos temas. Tú no escoges las historias que cuentas, sino que las historias te escogen a ti. Nacen del mismo lugar del inconsciente de donde nacen los sueños, y además, con la misma autonomía aparente. Todos escribimos sobre los mismos temas, una y otra vez, de distinta forma. Yo soy una escritora muy existencial, hablo mucho de la muerte, del tiempo, de lo que el tiempo nos hace y de lo que el tiempo nos deshace, porque vivir es irse deshaciendo en el tiempo. De estos temas he hablado desde que empecé mi primera novela cuando tenía veintiocho años. Todo esto es un paso más. El punto añadido que quería contar en este caso y que expresamente me interesaba era poner un personaje, un hombre o una mujer, todavía no lo sabía, que por razones determinadas -en el caso de La Carne, el protagonista tuvo una vida muy difícil,- no ha podido tener nunca una historia de amor. Soledad ha tenido muchos amantes, pero nunca una historia de amor. Quería ver cómo reacciona un personaje que llega a los sesenta años, a quien por lo tanto le queda menos tiempo por delante para poder enderezar los errores de su vida, y puede decirse “Quizás me muera sin conocer el amor”. Ha sido como uno de los submotivos de este libro, aparte de los principales que son el paso del tiempo, etc. Cuando llevaba un buen tiempo trabajando la novela, me di cuenta de que no era tan necesario haber ido tan lejos, haber puesto un personaje con tantas dificultades, porque me di cuenta de que hay muchísimos hombres y mujeres que llevan 20 años casados o que se han casado y divorciado y vuelto a casar cuatro veces, y que aun así, aunque tengan una historia personal tan distinta a la protagonista, se sienten igual, porque sienten que no han sido queridos de la manera por la que querían ser queridos. Entonces no les sirve todo lo que han vivido, y este dolor a veces, se puede decir del mismo modo, “Quizás me muera sin conocer el amor”; y este dolor se les destruye la vida. A veces es porque han tenido tan mala suerte en su vida, como mi protagonista, pero la mayoría de las veces es porque los seres humanos somos imbéciles y no sabemos vivir. Entonces no sabemos apreciar lo que tenemos. Hay una frase de Oscar Wilde que me encanta: “Para la mayoría de nosotros, la verdadera vida es la que no vivimos”. Es tremenda y explica un poco esa falta de satisfacción con la vida que tiene el ser humano, la insatisfacción perpetua, la incapacidad de valorar lo que uno tiene. Entonces de eso habla también La Carne.

Entonces, ¿no es inocente el hecho de que la protagonista sea bastante madura y tenga unos sesenta años?

Claro que no. Para contar esto me interesaba que tuviera ya mucha vida en la espalda y menos vida adelante, que pudiera decir: “Quizás me muera sin conocer el amor”.

En su libro, hay un encuentro entre la protagonista y Rosa Montero, usted. ¿Qué significa para usted tal encuentro?

A mí siempre me ha gustado, en todas mis novelas, jugar en esa frontera resbaladiza entre la realidad y la ficción. Yo considero que la realidad y la ficción están bastante unidas, no hay una diferencia clara, en la vida real tampoco. Cuando me acuerdo de algo que me ha pasado hace mucho tiempo, a los veinte años, a veces no sé si lo que estoy recordando lo he vivido, lo he soñado por la noche, lo he escrito, o lo he imaginado simplemente, no lo sé. Y para mí tiene todo la misma realidad; yo creo que realidad y ficción están totalmente mezcladas. Aparecen personajes reales, o me invento cosas sobre personajes reales. En esta novela, por ejemplo, Ana Santos Aramburo, la directora de la biblioteca nacional, es de verdad la directora de la biblioteca nacional española y es amiga mía. La pobre no sabía que se haría de personaje. Así que cuando terminé el primer borrador, fue la primera persona a quien se lo mandé. Le dije, "Mira Ana, por favor mírate, que sales de personaje y además hablas mucho". Le pareció bien, menos mal.

“Siempre me ha gustado jugar en esa frontera resbaladiza entre la realidad y la ficción.”

 

¿Y se ha reconocido en este personaje?

Sí, sí, sí y toda la gente con que la trabajaba la reconoció y le dijo “¡Eres igual, eres igual!”, ¡y luego se ha comprado como doscientos libros y los ha ido regalando! [risas] . Quiero decir que no es el único juego, no. En cuanto a mi personaje, es muy misógino, y yo siempre he odiado a las mujeres misóginas, pero a Soledad he llegado a entenderla, he llegado a quererla y a perdonarla. Es muy fastidiosa Soledad, pero cuando vas viendo qué vida ha tenido, te conmueve, por lo menos a mí, y llegas a quererla. Pero es muy misógina porque además piensa que todas las mujeres son más felices que ella, todavía más odia a las escritoras porque no se ha atrevido ella a escribir una novela, por eso en cuanto me ve me odia. Eso me divirtió mucho, verme a través de sus ojos porque además tiene razones, verdad, tiene razones que voy vestida como muy juvenil, que llevo zapatillas de deporte, soy muy Peter Pan. Pero no me importa nada, me gusta ser Peter Pan, es a ella a la que le fastidia. Porque además, el niño interior es el niño que crea, es el niño que escribe y me gusta eso. Es una escena por otro lado importante, porque yo le explico a Soledad que la vida imaginada también es la vida, y eso la ayuda a terminar la novela mejor. Y además, creo que una vez terminada la novela, estoy casi segura de que Soledad y yo vamos a hacernos amigas, así que voy a ser su primera amiga y eso le va a venir muy bien [risas].

A propósito justamente de esa frustración de Soledad que no se atreve a escribir, ¿hay un proceso de reconocimiento de la protagonista a través de las figuras de los escritores malditos?

Totalmente, sí, ella en realidad está relatando esta exposición y a medida que van saliendo los personajes de los escritores malditos es un poco como si ella se mirara en ese espejo. Y de hecho hay una frase que es exactamente eso. Al principio de la novela, al final del segundo capítulo está en la biblioteca con ese personaje, esa horrenda enemiga que tiene y que intenta quitarle el trabajo Marita Kemp, entonces le dice que no entiende lo que significa eso de los escritores malditos. Entonces Soledad dice: "Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco, porque no hay oídos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura […] Ser maldito es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con tu entorno, con tu lengua, con la cultura a la que se supone que perteneces. Ser maldito es desearse como los demás pero no poder. Y querer que te quieran pero sólo producir miedo o quizá risa. Ser maldito es no soportar la vida y sobre todo no soportarte a ti mismo". Ella está hablando de sus escritores, es el principio de la novela, los lectores no lo saben pero se está describiendo, es ella, es su vida totalmente. Efectivamente ella se va contemplando en la historia de estos escritores que son todas alucinantes, las más increíbles son las verdaderas, son historias que no se pueden creer, el del caballero medieval que se vestía de Venus, es increíble pero todo verdad.

Para hablar justamente de ese juego entre la realidad y la ficción ¿Cómo encuentra usted el equilibrio entre lo personal y la ficción?

Pues es fastidísima la mía. A mí no me gusta escribir novelas biográficas pegadas a la realidad mía, porque una de las cosas maravillosas de escribir novelas es poder vivirte en otras vidas. Entonces es ya un punto de partida, o sea lo que me encanta es de repente empezar a conocer a personajes que son distintos a mí, empezar a identificarme con ellos, que esos personajes vayan contando su mundo, que tú vayas viviendo en ese mundo y en esa vida. Mientras escribes una novela, que tardas años, en realidad estás viviendo en dos realidades, en tu vida real y en esa otra vida imaginaria, y vas viviendo durante horas y horas, es como una travesía, un viaje que haces a otro lugar del mundo. Es fascinante, es algo que sale naturalmente, que no tiene conflictos.

Pensaba en particular en La Ridícula idea de no volver a verte,...

Bueno, es otro tipo de libro, no es una novela, no sé muy bien lo que es pero una novela no es. Y por otro lado es un libro en el que lo que hago es reflexionar sobre una serie de pensamientos básicos para todos nosotros, que en un momento de tu vida, un momento "plato" digamos de la vida, te paras un momento y te pones a reflexionar sobre tu realidad “¿He hecho bien mi vida hasta ahora? ¿La he llevado bien? ¿Hay mejores maneras de vivir? ¿Qué relación tengo con mi deseo? ¿Qué relación tengo con mi ser mujer? ¿Qué relación tengo con el amor? ¿Con el fracaso? ¿Cómo es la relación con los padres? ¿Con la muerte, el duelo personal?”, etc. Preguntas básicas. Eso me ocurrió por pura casualidad, mi editora me había mandado el libro de Marie Curie, se me ocurrió que esa figura enorme, poliédrica de Marie Curie me podía servir de interlocutora para reflexionar a dos con ella, porque ella ha vivido todo eso como lo ha vivido cualquiera, reflexionar a dos sobre esos temas básicos. Todo eso es otro punto de partida. Pero también en ese caso mi historia personal que aparece por detrás, aparece de una manera muy sobria y muy púdica, no aparece en primer término.

¿Le parece que la escritura tiene un papel de remedio, como lector puede ayudar, y como lectora?

Pues la escritura yo creo que nos salva. El arte nos salva, en general. Hay una frase de vuestro maravilloso pintor Georges Braque que dice que “El arte es una herida hecha luz”. Es absolutamente verdadero, porque ¿qué podemos hacer con las heridas? Sólo intentar convertirlas en luz para que no nos destruyan. Y la vida es una gran herida, la vida, la muerte propia, la de los demás, el dolor, el mal, sin sentido. Y entonces, el arte intenta colocar eso, intenta dar un sentido, intenta arrancar belleza del horror y gracias a eso podemos sobrevivir realmente. Escribiendo y leyendo como muy bien lo has dicho, y oyendo música, sin eso no podríamos soportar la vida.

“Yo creo que la escritura nos salva. El arte nos salva, en general.”

 

Si volvemos un poco a su último libro, los nombres de los personajes son muy reveladores en La Carne. Si nos focalizamos sobre el personaje de Adam, ¿en qué medida representa al "nuevo hombre” para Soledad? ¿Representa una forma de perfección que Soledad lamenta no ser suya?

Bueno, Adam perfecto para nada es, pobrecito, es un desastre. Y se parece mucho a ella, tienen una vida gemela en ese sentido, pero es más un desastre que ella. Puse Adam, ni siquiera es la representación del nuevo hombre, es "EL" Hombre, la relación que tiene es con “El Hombre”, con todos sus claros y con todas sus sombras.

Hay una dimensión casi policial en esta novela, reforzada por la petición que añadió usted al final del libro para que el lector no divulgue cierto elemento de la intriga...

Sí, efectivamente hay una intriga muy grande, tan grande que al final de la novela pido que no se desvele. No es una novela policiaca, no lo es en absoluto, pero sí que tiene una intriga muy grande. Y una inquietud, digamos, porque puede haber un peligro. Esta relación es tan desigual entre esta mujer y este hombre, por clase, no es igual por dinero, no es igual por conocimiento, no es igual por edad, no es igual por todo. Empiezan esta relación tan desigual y a lo largo de la novela esta relación tan desigual va a ser difícil e incluso quizás peligrosa y, ahí lo dejamos, eso es lo que no sabemos, entonces no podemos desvelar más porque se fastidie el libro.

Existe una relación de fuerza entre los personajes, pero no se limita a los vínculos profesionales entre una mujer y un gigoló. ¿Pretende usted tocar un tema prohibido en la sociedad española?

No, primero no es que Soledad contrate a un gigoló para acostarse con él. No es eso lo que quería hacer, eso es un accidente. Lo ha contratado en un arranque de puerilidad, es decir como una niña cuando se siente despechada, el amor nos vuelve niños a veces, con la pasión nunca aprendemos. Entonces esta mujer, al principio de la novela, se siente despechada por un ex amante, y aunque es inteligente, madura, exitosa, culta, de repente actúa como una niña de catorce. Se le ocurre contratar a un gigoló para darle celos a su ex amante, es una estupidez. Ella no pensaba acostarse con él en absoluto, pero los humanos nos pasamos la vida haciendo planes y luego llega la realidad y los pisotea. Pues ahí ocurre un hecho inesperado, violento, que lo trastoca, que lo cambia todo, y empiezan la relación. Entonces yo no quería hablar de una relación con un prostituto, simplemente el hecho de que fuera prostituto me gustaba porque es una complicación más, añadida a la historia, nada más. Y luego, el hecho de que ella tenga sesenta y el chico treinta añade algo pero para mí es súper normal que las mujeres de sesenta tengan una vida sexual activa y que la tengan con tíos jóvenes. Eso es muy habitual, es una de las cosas que empiezan a salir a la luz pero que ha sido habitual toda la vida, lo sabemos, chicos con mujeres jóvenes hay muchísimos en toda la historia, y hay muchísimas mujeres con hombres más jóvenes. Ahora más naturalmente admitido, pero todavía no del todo. Así que no es eso lo que me ha llevado a escribir la novela, eso es un ingrediente secundario que ha salido de la trama, me gustaba que hubiera diferencia de edad porque también añade un problema. Pero no he escrito esta obra para romper tabús.

Pour citer cette ressource :

Emma Chenna, Pomme Gérard, "Entrevista a Rosa Montero", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), février 2019. Consulté le 22/10/2019. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/entretiens-et-textes-inedits/entretiens/entrevista-a-rosa-montero

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