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Carlos Fuentes o cómo escribir México

Par Olivia Sébart : Master 2 Traduction littéraire et édition critique - Université Lumière Lyon 2
Publié par Elodie Pietriga le 02/06/2016
Présentation du célèbre écrivain mexicain et de son engagement pour son pays en tant qu'ambassadeur du Mexique en France.

Introducción

El autor

Carlos Fuentes Macías nace en Panamá en 1928, de padres mexicanos. Por el oficio diplomático de su padre, el joven mexicano crece entre Quito, Montevideo, Rio de Janeiro, Washington, Santiago de Chile y Buenos Aires. Descubre finalmente México a la adolescencia cuando sus padres se establecen en la Ciudad de México. Carlos Fuentes termina sus estudios segundarios en el Colegio de México, se gradúa en Derecho en la prestigiosa Universidad Nacional Autónoma de México y luego en Estudios Internacionales en Ginebra, Suiza. Su vida se puntúa, desde el nacimiento, de numerosos viajes y estancias en el extranjero, pero siempre termina por regresar a México.

En 1955, funda con Emmanuel Carballo la Revista Mexicana de Literatura, para dar a conocer nuevas voces mexicanas. Paralelamente, empieza a participar en diversas publicaciones.

Su carrera como autor empieza realmente en 1958 cuando publica su primera novela: La región más transparente y este talento se confirma en 1962 con la publicación de La muerte de Artemio Cruz. Las dos novelas se destacan tanto por el tema de la identidad mexicana como por su estilo muy novedoso que mezcla distintas voces narrativas y temporalidades.

Dentro de su obra, resaltan también Aura (1962), novela ganadora del premio Cervantes que relata, entre realismo y fantasía, la aventura de un historiador que se enamora de la nieta de una sus clientas; Terra Nostra (1975), considerada sin duda como la obra más extensa y compleja del autor mexicano, ya que remonta a la época de los Reyes Católicos para pintar la identidad mexicana a través del ejercicio de poder absoluto de Felipe II en las colonias de América; finalmente La cabeza de la hidra (1978) trata el tema de la corrupción mexicana bajo el espectro de una novela de espionaje.

Si bien la fama de Carlos Fuentes es innegable en cuanto a producción novelesca, pocos saben que también fue un asiduo teórico. Efectivamente, sus intereses por la literatura y la identidad mexicana lo llevaron a escribir tanto ensayos literarios como sociológicos.

De la misma forma, si recordamos a Carlos Fuentes como uno de los autores más importantes de la literatura mexicana, no cabe olvidar su papel de docente y político: enseñó en las universidades más prestigiosas del mundo (Princeton, Columbia, Harvard, Cambridge, etc.) y trabajó también para el Estado Mexicano ocupando el puesto de embajador de México en Francia entre 1975 y 1977.

La generación del boom

Junto a autores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes ha sido considerado como uno de los autores más importantes del boom latinoamericano. Dicho fenómeno remite al auge de la literatura hispanoamericana que aparece a partir del final de los años cincuenta y que corresponde a la corriente de la Nueva Novela Latinoamericana.

Esos autores, herederos del modernismo y de la vanguardia latinoamericana pero también de la literatura universal como Faulkner, Joyce e incluso Sartre, se caracterizan por una prosa novedosa: una multiplicidad de voces narrativas, puntos de vista, fragmentación de la trama y simultaneidad. Los autores del boom, como sus precursores, buscan definir, a través de la escritura, la identidad latinoamericana, tratando la Historia y la política como herramientas para descifrar este ser ambivalente y enigmático. La nueva novela latinoamericana abarca pues subcorrientes como la nueva novela histórica, el realismo mágico o el realismo fantástico. Carlos Fuentes pertenece a la primera subcategoría puesto que utiliza la Historia Mexicana, y en particular la revolución, para descifrar el ser mexicano. Es de notar, sin embargo, que a pesar de la buena recepción internacional de los autores de dicha generación, la crítica hispanoamericana suele considerar esta corriente como elitista, por el origen social de la mayoría de los autores que la componen.

Efectivamente, lejos de ser hijos del pueblo, los grandes autores del boom han recibido una educación que les permitió conocer la literatura universal y corresponder a las expectativas del público occidental.

Escribir México: la búsqueda personal y panamericana de identidad

Si bien Carlos Fuentes se inscribe en la corriente de la nueva novela latinoamericana, es interesante notar que su afán por capturar la esencia del ser latinoamericano no sólo es parte de una tendencia literaria, sino que se puede explicar también por su historia personal. Nace Carlos Fuentes el año del asesinato de Obregón, durante su infancia es testigo de la dictadura de Calles (Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles fueron presidentes de México en los primeros mandatos posrevolucionarios. El gobierno de Calles se caracterizaba por una política populista y anticlerical) y los logros del presidente Lázaro Cárdenas : la nacionalización del petróleo, de la puesta en práctica de la reforma agraria, etc. En la obra de Fuentes, Cárdenas aparece como la figura que logra sacar provecho de la Revolución Mexicana al mismo tiempo de instaurar una paz social, a diferencia de Calles. Y como ya lo hemos mencionado anteriormente, el famoso autor mexicano descubre realmente su país a la adolescencia tras una infancia pasada en diversos países de América. Este alejamiento del país de origen provoca tanto una necesidad por entender la identidad mexicana como cierta distancia respecto a esa última.

Sin duda, Fuentes crece en una época clave de la Historia mexicana : época de la posrevolución que definirá el porvenir del México moderno, por lo cual la cuestión de la identidad ocupa un lugar central en la sociedad. Como lo explica con mucha lucidez en la entrevista A fondo, de 1977, se trata de una época de transición puesto que la Revolución ha aportado a México la consciencia de « un Estado Nacional que a su vez creó las clases sociales modernas ».

El cuestionamiento recurrente sobre la esencia mexicana en la obra de Fuentes se puede entender, pues, de por su historia personal y el contexto histórico-político en el que nace. El pasado prehispánico, la conquista, la colonia, la independencia, la revolución y la posrevolución aparecen para el autor como herramientas para explicar la idiosincrasia de su pueblo. En la misma entrevista mencionada anteriormente, Fuentes da a entender las razones de su interés particular por la Revolución:

« [Lo realmente revolucionario de la Revolución fue] la ruptura del aislamiento que existía entre mexicanos. Permitió a México conocerse, revelar su propio rostro. » 

La paradoja del tema de la identidad mexicana, a la par de la latinoamericana, es que resulta de una necesidad íntimamente personal y a la vez muy continental. La particularidad de Fuentes es tratar este tema panamericano como ciudadano mexicano, como novelista y teórico, pero sobretodo como ser político, buscando aportar con su pluma un semblante de respuesta a la gran pregunta latinoamericana del siglo XX.

La escritura de un México plural

Si la cuestión de la identidad es recurrente dentro de la producción literaria de los autores del boom latinoamericano es que son herederos de una América mestiza, resultado de la doble herencia indígena e hispánica, muchas veces vista como una contradicción histórica. México, como país independiente es a la vez indígena, criollo, revolucionario, liberal, joven y viejo; en fin, producto de una historia compleja.

Fuentes intentó, gracias a una prosa revolucionaria, poner de manifiesto esta complejidad. La multiplicidad de voces y puntos de vista permite reflejar la heterogeneidad de México. En La región más transparente, para dar un ejemplo, Ixca Cienfuegos representa el mismo mestizaje por la aposición de un nombre náhuatl y apellido de consonancia española. En la novela este personaje fundamental representa los orígenes de México, mientras que Federico Robles es el arquetipo del guerrillero revolucionario que, pasada la fase armada de la Revolución, se hizo banquero y se enriqueció gracias al nuevo orden, en total oposición a los ideales del combate revolucionario. Cada personaje de la novela representa a la vez un aspecto de la sociedad mexicana y una contradicción.

Asimismo, la diversidad de puntos de vista y referentes deja la puerta abierta a la interpretación del lector. En La muerte de Artemio Cruz, el protagonista se desarrolla en primera persona en el tiempo presente, en tercera en el pasado y en segunda en futuro. De la misma forma, su novela Aura está escrita integralmente en segunda persona, de forma que el lector tiene la sensación de que el narrador se dirige directamente a él.

Esas técnicas novedosas aparecen indudablemente difíciles de acceso para sus lectores contemporáneos. Pero Fuentes quiere justamente despertar al lector de su pasividad, proporcionándole un papel activo dentro de la lectura. El mismo Fuentes afirmaba que su objetivo era propiciar una colaboración del lector a la novela, dejándole espacio en cuanto a la producción del sentido de su obra. El autor mexicano confesó haberse inspirado mucho de la obra cinematográfica de Buñuel, gran amigo suyo, que en aquella época residía en México con el estatuto de refugiado político.

Escribir México pasa también por escribir mexicano, o sea escribir en castellano, pero asumiendo la jerga mexicana. Queremos subrayar aquí que no se trata de una innovación de Fuentes ya que ése hereda de la tradición modernista de renovación del lenguaje retomado por los autores de la nueva novela latinoamericana, pero sí contribuye a la realización de la tarea que se impone. Los personajes de Fuentes hablan un español popular de México, con expresiones e insultos propios del país. En la entrevista que otorgó a Claude Dumas en 1971, éste reivindica este lenguaje como una postura política y se defiende de un estilo puramente folklórico:

« Je sais que les hispanistes des Universités européennes et nord-américaines sont parfois très choqués. Ils croient que nous tombons dans le folklore pur et simple, dans l’excentricité du langage : en aucune façon ! Je crois que le langage non consacré, c’est le langage qui n’a pas été réduit à l’état de slogan, qui n’a pas été réduit à l’état rhétorique, le langage que le pouvoir ne peut utiliser pour nous humilier, pour nous bâillonner ou pour nous châtrer ; ce sont là des sortes de bombes à retardement que le peuple, avec un sens d’auto-défense extraordinaire, invente pour dire " je sais des choses que tu ne sais pas ; j’ai un langage qui n’est pas le tien ; je suis maître d’un langage propre ; j’ai une vision du monde qui n’est pas la tienne ". »

Para pintar un México plural, tal como existe, Fuentes no se contenta con utilizar un castellano puntuado de mexicanismos, sino que otorga a cada uno de sus personajes un lenguaje propio, así en La muerte de Artemio Cruz, el yaqui Tobías, que habla náhuatl de lengua materna, se expresa sobre todo en aquel idioma y con un español básico, mientras que los socios norteamericanos del protagonista hablan principalmente en inglés (idioma que Fuentes maneja totalmente por haber vivido desde sus cuatro hasta sus once años en Washington).

El tiempo mexicano: tiempo cíclico

La prosa de Fuentes se puede entender aún mejor a la luz de sus ensayos y particularmente con Tiempo mexicano, publicado en 1971. Este texto proporciona una clave para entender la lectura que Fuentes tiene de su propia obra. La tesis de esa publicación se interesa por el tiempo mexicano y por su forma cíclica, que lo diferencia del tiempo europeo u occidental, considerado por Fuentes como lineal. Así, el país sería encerrado en el esquema de la serpiente que se muerde la cola, y eso desde sus orígenes.

En las mitologías mesoamericanas, la Historia se divide en ciclos de cincuenta y dos años, al cabo de los cuales los dioses suelen llegar a castigar el pueblo con alguna catástrofe natural (diluvio, terremoto, incendios, etc.) e instaurar nueva era. Los indígenas viven pues en el recuerdo constante del pasado y cierto miedo hacia el futuro. El tiempo presente se impone, entonces, como el de la paz (FUENTES, 1971). Uno de los dioses más importantes del panteón azteca era Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, dios de la vida, de la luz, de la fertilidad y del conocimiento. Según el mito, Quetzalcoatl fue expulsado de la ciudad de los dioses tras un complote, pero antes de irse el dios prometió regresar y durante numerosos años el pueblo esperó. Sin embargo, a la fecha anunciada por la profecía, los aztecas no asisten al regreso del dios querido sino a la llegada de Hernán Cortés, el famoso conquistador. Tras el malentendido inicial y una vez lograda la conquista, empieza el tiempo de la colonia y la intención de dejar en el olvido toda la Historia precolombina. El regreso frustrado de Quetzalcoatl inauguró una tendencia de « tiempo no realizado » (Ibid.). Efectivamente, se superponen momentos distintos de la Historia y cada uno niega el anterior : la colonia niega la época precolombina, la independencia niega la herencia hispánica, la revolución niega el pasado terrateniente y positivista, la posrevolución niega la barbarie de la revolución. Sin embargo, para Carlos Fuentes estas negaciones superficiales conllevan a una « coexistencia de todos los niveles históricos en México ».

En la narrativa de Fuentes, esta coexistencia resulta muy visible por la simultaneidad de varios tiempos. Como lo hemos mencionado en el apartado anterior, en La muerte de Artemio Cruz varios tiempos se superponen. El narrador ofrece un constante vaivén entre pasado, presente y futuro, sin orden lógico, entre el año 1903 y 1969. En su entrevista de 1971 a Claude Dumas, Carlos Fuentes habla justamente de su forma de manejar las distintas temporalidades en La región más transparente :

« Apparemment, chaque temps historique comme dit Octavio Paz dans El labertinto de la soledad, annule immédiatement celui qui le précède. Il l’annule vraiment d’une certaine façon, il l’annule dans la mesure où il y a une déclaration de présent et de futur qui dit : " le passé n’est plus ". Mais, en réalité, ce passé, renié d’une façon opiniâtre, s’installe dans le cœur de notre société, dans le cœur de notre culture et s’obstine à réclamer ses droits à l’existence, et cherche à remonter à la lumière, et cherche à exister de nouveau. Ainsi, La región más transparente est une espèce de palimpseste des cultures mexicaines enracinées dans la cité de Mexico. Et c’est une espèce de latence de tous ces temps non accomplis depuis les origines, depuis l’aube de notre histoire qui, comme je vous le disais il y a un moment, est dans l’attente peut-être d’un autre temps pour fructifier. »

La importancia otorgada a la revolución se puede entender por la ruptura que ésta hubiera podido aportar al tiempo cíclico mexicano. El movimiento zapatista, valorado por el autor, tenía como objetivo un mejor reparto de la tierra, restaurando la tradición indígena de las parcelas comunales de tierra (lo que será realizado bajo el nombre de ejido con la Reforma Agraria de Cárdenas) y exigiendo la devolución de las tierras otorgadas a los indios durante la colonia, negadas luego por los latifundistas tras la independencia. Los objetivos iniciales de la revolución tendían pues a la aceptación de todos los pasados mexicanos con la ambición de llegar a un desarrollo sano del país (FUENTES, 1971).

Las novelas de Fuentes dejan sin embargo vislumbrar cierto desencanto respecto a la revolución. En La muerte de Artemio Cruz, Don Galamiel, el padre de Catalina, figura del latifundista mexicano, puede sintetizar esta idea de revolución fracasada:

« desventurado país que a cada generación tiene que destruir a los antiguos poseedores y sustituirlos por nuevos amos, tan rapaces y ambiciosos como los anteriores ».

Recordamos que si bien la Revolución Mexicana surgió de nobles ideales terminó siendo una batalla entre los diferentes héroes de la revolución para ascender al poder.

Para terminar, nos parece importante subrayar que este tiempo cíclico no aparece en la obra de Fuentes como una fatalidad. Al contrario, le parece importante al autor reflexionar sobre el esquema temporal en el cual se encerró México, y escribir sobre el tema, para proponer otro modelo posible. En Tiempos mexicanos, tres capítulos están dedicados a soluciones que propone para romper con el círculo y poner fin a los vicios de la vida política mexicana. Así afirma:

« La conciencia cultural de que política, economía, justicia, libertad y sociedad deben conjugarse en la creación de un modelo propio de desarrollo que nos salve, por igual, de dos destinos indeseables: el infierno de la tecnocracia supercapitalista de los Estados Unidos y el infierno de la burocracia subsocialista de la URSS, integrados internacionalmente por su común desprecio hacia la autodeterminación de los países pequeños ».

Conclusión

Tanto en sus ensayos como en su obra novelesca Carlos Fuentes se dedica a escribir México, el país plural y complejo al que pertenece. Para transmitir su lectura del país, el autor decide usar nuevas técnicas narrativas, tales como hemos mencionado anteriormente. El lector se ve, pues, obligado a cuestionarse sobre la identidad mexicana, su Historia, su actualidad e incluso su futuro. El objetivo, asumido por Fuentes, es el de sacar al lector de su torpor, del estado pasivo característico de un pueblo colonizado y constantemente desilusionado.

La recepción de su obra demuestra también que, si bien su cuestionamiento es propio a México, también puede leerse como la pintura de un continente e incluso como un mal de siglo. Respecto a eso, Humberto Florencia Zaldívar dice:

« Los personajes de Fuentes no pertenecen a ninguna territoriedad, son producto de un aborto cultural, esto es, de un nacimiento colectivo que no les permite reconocerse en ningún sitio, pero, a su vez, se identifican con la cultura general ».

Efectivamente, si la generación del boom latinoamericano se interesa por la identidad hispanoamericana, también reúne temas universales y característicos de una época: la transición de un mundo moderno a posmoderno, el destronamiento de la política por el poder económico, el cuestionamiento sobre la inhumanidad del hombre tras los grandes conflictos nacionales e internacionales de la primera mitad del siglo.

Así, escribiendo México, Fuentes pinta un malestar internacional, con lo cual el público norteamericano y europeo puede identificarse. Aquella visión global, conseguida gracias a su experiencia cosmopolita, así como a su formación universal, es característica de los autores del boom y explica tanto su éxito en el mundo occidental como las reservas nacionales respecto a su obra.

Bibliografía

FUENTES Carlos, La región más transparente, Edición Cátedra, 2005 (3era edición), Madrid.

FUENTES Carlos, La muerte de Artemio Cruz, Edición Cátedra, 1962, Madrid.

FUENTES Carlos, Tiempo mexicano, Editorial J. Mortiz, 1971, México.

FRANCO Jean, Écrire le Mexique, Ellipses, 1998, Paris.

OLIVIER Florence. « Carlos Fuentes et l'identité nationale ou le jeu de l'autre », América : Cahiers du CRICCAL, n°21, 1998 : http://www.persee.fr/doc/ameri_0982-9237_1998_num_21_1_1396, consultado el 18 de mayo del 2016.

RODRÍGUEZ-MONEGAL Emir, « La nueva novela latinoamericana », AIH, Actas III, Centro Virtual Cervantes : http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/03/aih_03_1_008.pdf, consultado el 18 de mayo del 2016.

VITAL Alberto, « 80 años no es nada: Carlos Fuentes entre la memoria, la imaginación y la fantasía », La Colmena, núm. 69, enero-marzo, 2011, pp. 183-185, Universidad Autónoma del Estado de México Toluca, México.

Entrevista A fondo, 1977 : https://www.youtube.com/watch?v=e8DUO0gbo58, consultado el 18 de mayo del 2016.

 

Pour citer cette ressource :

Olivia Sébart, "Carlos Fuentes o cómo escribir México", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), juin 2016. Consulté le 24/10/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/litterature-latino-americaine/les-classiques-de-la-litterature-latino-americaine/carlos-fuentes-o-como-escribir-mexico