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Gabriel García Márquez a favor del Sandinismo y contra Estados Unidos

Par Osbaldo Amauri Gallegos de Dios
Publié par Elodie Pietriga le 19/10/2018
En este artículo se analizan las diferentes posturas del escritor colombiano frente al Sandinismo en Nicaragua y sus críticas al país norteamericano. Así, se puede hablar de un militante que utilizó su periodismo para respaldar este movimiento, lo que lo relaciona con la figura del intelectual latinoamericano comprometido de los años sesenta.

 

Introducción

 

El 17 de abril de 2014 murió Gabriel García Márquez y dentro del mundo literario “Gabo” (como le decían sus amigos) puede ser recordado por muchos aspectos: por ser junto con Juan Rulfo y Nellie Campobello uno de los escritores más emblemáticos del “realismo mágico”, por su novela Cien años de soledad y el impacto que tuvo en la literatura mundial, por haber sido parte del “Boom de la novela latinoamericana” y, por supuesto, por haber ganado el premio Nobel de literatura en 1982. Entre sus obras más importantes, como novelista y periodista, destacan: Cien años de soledad (1967), Chile, el golpe y los gringos (1974), El otoño del patriarca (1975), Periodismo militante (1978), Crónica de una muerte anunciada (1981), Viva Sandino (1982), El amor en los tiempos del cólera (1985), Noticia de un secuestro (1996) y Por la libre: obra periodística (1999). Por otra parte, dentro de la política, el escritor colombiano es recordado por su amistad con Fidel Castro y por su apoyo tanto a Cuba como a los movimientos latinoamericanos de izquierda. De esta forma, en este artículo se mostrará cómo García Márquez utilizó su periodismo a favor del Sandinismo y contra Estados Unidos.

 

1- Sandinismo en sus dos etapas

Cuando se habla del Sandinismo en Nicaragua, se hace referencia a dos acontecimientos. Primero, a Augusto César Sandino, el líder de la resistencia contra la ocupación estadounidense, asesinado en 1934 y remplazado por Estados Unidos, que implantó al dictador Anastasio Somoza (Ceïbe, 2014). Por otro lado, se refiere al Movimiento Sandinista de los años setenta que luchó contra la dictadura de Somoza y que, en 1984, triunfó en las elecciones presidenciales (como lo explica Sergio Ramírez más adelante). Esta situación se vincula con el hecho de que en Latinoamérica, en la segunda mitad del siglo XX, se vivió un nuevo ciclo de violencia: guerras civiles, dictaduras militares y regímenes autoritarios (Montaño y Crenzel, 2016, 11-24).

Sergio Ramírez, quien participó en el movimiento Sandinista y fue vicepresidente de Nicaragua, explica en Adiós muchachos lo sucedido en esa época: en 1979 triunfó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) contra el régimen de Anastasio Somoza y convocó a huelga general y al paro empresarial. Tres años después, Estados Unidos vetó un préstamo al país centroamericano. En noviembre de 1984, Daniel Ortega y Sergio Ramírez triunfaron en las elecciones en Nicaragua, asumiendo la Presidencia y Vicepresidencia. Ese mismo año, Ronald Reagan fue reelecto y amenazó al país centroamericano con una intervención militar. En 1987, Estados Unidos impuso a Nicaragua un bloqueo naval para impedir el flujo de ayuda soviética y un año después expulsó al embajador nicaragüense de su territorio. En 1989 surgió una nueva devaluación monetaria y se adelantaron las elecciones. Finalmente, en 1990, Daniel Ortega reconoció el triunfo de Violeta Chamorro en las elecciones y George Bush ofreció una ayuda al país por quinientos millones de dólares (Ramírez, 1999, 297-308).

Las mejoras en la calidad de vida en Nicaragua fue lo que provocó que se convirtiera en un enemigo de Estados Unidos, según Noam Chomsky (Chomsky, 1999, 10-19). Por este motivo, a finales de los años setenta habría recurrido a la guerra: “La administración Carter apoyó a Somoza hasta el final. Inmediatamente después, en 1979, empezó la intervención militar respaldada por Estados Unidos contra los sandinistas. […] La administración Reagan renunció a ese intento y sencillamente recurrió a la guerra contra Nicaragua” (Chomsky, 1999, 35).

Como parte de su política exterior, Estados Unidos ha realizado intervenciones militares en América Latina para aprovechar los recursos de los países, con la excusa que deben bloquear las acciones de los rusos, como sucedió en el caso de Cuba. Desde los años treinta, el país del Norte mantuvo esta política en el continente, cuando el presidente Coolidge envió a los marines a Nicaragua, se asesinó a Sandino en 1934 y se llevó al poder a Somoza (Chomsky, 1999, 40-43). Dentro de esta lógica, en los años setenta Chile y Nicaragua se convirtieron en una amenaza para Estados Unidos porque estaban utilizando sus propios recursos, según Chomsky:

El ejemplo de Chile podría contagiar a otros países; sería un virus. […] Cuanto más débil es el país, mayor es la amenaza, porque cuanto mayor es la adversidad en la cual se obtiene el éxito, más importante es el éxito. […] Volviendo a Nicaragua. En cuanto alguien miró los primeros programas sandinistas se vio con claridad que iba a ser un enemigo que destruir. […] Están utilizando “nuestros” recursos para sus propios fines. Están amenazando con lograr un desarrollo social, económico y nacional independiente fuera del marco del dominio y el control norteamericanos (1999, 53-54).

Estados Unidos, así, apoyó la intervención militar contra los sandinistas porque amenazaban con lograr un desarrollo económico y social fuera del dominio norteamericano. En los años setenta y ochenta, García Márquez se interesó por el Movimiento Sandinista, por lo que participó de diferentes formas y publicó obras y ensayos al respecto, como se mostrará a continuación.

 

2- Acción directa a favor del Sandinismo

García Márquez apoyó de diferentes formas al Sandinismo desde su inicio y escribió artículos para respaldarlo. Desde 1977 comenzó su participación para derrocar a Somoza, como lo cuenta Sergio Ramírez, quien posteriormente se convertiría en uno de los jefes del nuevo gobierno:

Sergio Ramírez, narrador nicaragüense y político ligado al sandinismo, que llegó a ostentar un alto cargo en el gobierno, relata su relación con Gabo: “Nos conocimos en Bogotá, en agosto de 1977, cuando llegué a buscar ayuda en la conspiración para botar a Somoza” […] Pero la realidad es mucho más compleja. No se trataba sólo de apoyar al sandinismo porque es una revolución de izquierdas, sino sobre todo de derrocar como fuera a Somoza, dadas sus buenas relaciones con Estados Unidos, pues Carter mantenía la estabilidad nicaragüense para que el Frente Sandinista no impusiera en suelo centroamericano otro régimen similar al del vecino Castro (Esteban y Panichelli, 2004, 176-178).

En 1978, el escritor colombiano se reunió algunas veces con jefes sandinistas en su casa en México; también se encontró en Cuba con Tomas Borge, cofundador del movimiento sandinista. Incluso ayudó a negociar el acuerdo para unificar los tres grupos de oposición en el Frente Sandinista. El 22 de agosto de 1978 se llevó a cabo en Nicaragua, en el Palacio Nacional, el Golpe militar de los sandinistas. Días después, se encontraron con García Márquez en Panamá. El presidente Torrijos, que era amigo de García Márquez, los había escondido secretamente hasta que llegó el escritor colombiano, quien pasó tres días con ellos y, a principios de septiembre publicó, su artículo “El golpe sandinista” (Martin, 2009, 430-431).

El artículo “El golpe sandinista. Crónica del asalto a la ‘Casa de los chanchos’” de García Márquez, publicado en Alternativa en 1978, realiza un recuento del plan. El martes 22 de agosto, veintiséis hombres se hicieron pasar por una Patrulla de la escuela de infantería de la Guardia Nacional, para tomar el Palacio Nacional y mantener como rehenes a los miembros de la Cámara de Diputados. Después de los primeros disparos, desarmaron a los policías y cerraron las puertas con cadenas. Anastasio Somoza cuando se enteró de la noticia ordenó que se disparara sin discriminación contra el Palacio Nacional, pero las patrullas de la Guardia Nacional no pudieron acercarse. Luego de veinte minutos, Somoza recibió una llamada de su primo Pallais Debayle señalando que si no paraban de disparar iban a matar a todos los rehenes. Así, los sandinistas estuvieron negociando durante 45 horas por medio de tres obispos nicaragüenses y los embajadores de Costa Rica y Panamá. Finalmente, el jueves por la mañana, los veintiséis sandinistas, cinco negociadores y cuatro rehenes, abandonaron el Palacio Nacional con rumbo al aeropuerto. Sesenta presos políticos nicaragüenses llegaron ese día a Panamá para pedir asilo político, los únicos que faltaban son las veinte personas que mataron los policías durante el asalto (García Márquez, 1999, 205-219).

A finales de 1978, García Márquez declaró, en una entrevista para la revista Alternativa, haber participado en varias discusiones de alto nivel durante la crisis de Nicaragua. Asimismo, explicó que su artículo “El golpe sandinista” reflejaba a lo que se refería cuando renunció a la literatura para dedicarse al periodismo político (Martin, 2009, 431). Ante la pregunta de la situación en Nicaragua y las perspectivas sandinistas, opinó:

Una cosa que creo no se ha aclarado lo suficiente es que los sandinistas no solo quedaron intactos después de la última ofensiva, sino que se han fortalecido política y militarmente. […] Esa táctica de acabar con los sandinistas ha sido la posición de Carter desde un comienzo. Somoza difícilmente se hubiera sostenido sin petróleo durante la última huelga general. […] Afortunadamente, las fuerzas antisomocistas, y en particular el sandinismo, han tenido el apoyo firme, abierto y digamos descarado de Carlos Andrés y Torrijos (Esteban y Panichelli, 2004, 179).

Hasta entonces, García Márquez se había creado una imagen, no de militante, sino de simpatizante, pero con el sandinismo cambió su actitud. Además, continuó utilizando su periodismo militante en “El golpe sandinista”, lo que muestra su compromiso y su intención de actuar políticamente.

García Márquez apoyó considerablemente al Sandinismo, aunque nunca tanto como a Cuba porque sabía que Estados Unidos no toleraría una “segunda Cuba”. La reacción de Cuba frente a los sandinistas también era de escepticismo, sobre todo después de lo que pasó con Allende en Chile (Martin, 2009, 434). En una entrevista de 1979 con Manuel Osorio llamada “Poco café y mucha política”, el colombiano explicó algunas de sus posiciones sobre el Sandinismo en relación con Estados Unidos, antes de la caída de Somoza:

La posición del gobierno norteamericano no ha variado. Ahí tienes, Pinochet sigue en Chile, la represión continúa en Argentina, Somoza no cae en Nicaragua. El Gobierno de los Estados Unidos e importantes sectores del poder en los Estados Unidos tienen interés en mantener a Somoza en el poder, lo que ellos necesitan es que él acabe primero con el Movimiento Sandinista y por eso sostienen, a pesar de la fuerte resistencia que ofrece el pueblo de Nicaragua, esta dictadura que es una de las más largas y vergonzosas del continente. Pero Sandino se ha convertido en el símbolo de lucha en Nicaragua y en él se centran las aspiraciones de cambio de toda persona que se opone al despotismo de Somoza. En estas circunstancias, no habrá ningún cambio en Nicaragua sin la participación del Movimiento Sandinista, que es representante indiscutible del pueblo nicaragüense (Rentería, 1979, 180).

En febrero de 1979, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con el régimen de Somoza, quien, meses después, huyó de Nicaragua (Martin, 2009, 433). Cuatro semanas antes –en junio del mismo año– de la toma de poder por parte de los sandinistas, García Márquez entrevistó a su amigo, el escritor Sergio Ramírez, uno de los cinco jefes del nuevo gobierno provisorio. Hablaron sobre la constitución y las funciones del nuevo gobierno, la situación político-militar de Colombia que no quería cortar relaciones con Somoza, así como la posible reacción de Estados Unidos. Ante la pregunta de por qué un escritor se involucra en la política, Ramírez respondió que durante una guerra patriótica o de liberación, como sucedió contra Somoza, todos deben abandonar su trabajo y tomar las armas, incluidos los poetas (Martin, 2009, 433-434).

Un par de años después, García Márquez pidió asilo en la embajada de México en Colombia porque había recibido llamadas que amenazaban su integridad personal. Cuando volaba hacia México, en marzo de 1981, Vidal realizó una entrevista al colombiano a bordo del avión (Cobo, 2007, 274), en la cual sostuvo que la situación se debió a que estuvo muy involucrado con los sandinistas:

Ahora, lo que pasa es que Panamá y el Caribe en general son un mercado abierto de armas hasta el punto de que los sandinistas compraban armas en Colombia y Colombia no lo sabe todavía… o a lo mejor se las vendía el mismo Ejército. Los sandinistas compraban armas en Colombia porque con lo que sí estuve yo metido hasta aquí… fue con los sandinistas, porque era para tumbar a Somoza y eso es otra cosa (Cobo, 2007, 283).

 

3- Contra la política de Estados Unidos

Tiempo después de la victoria sandinista, García Márquez los siguió apoyando por medio de su periodismo militante como se puede observar en los tres artículos: “Nicaragua entre dos sopas” (1981), “EE UU: política de suposiciones” (1982) y “América Central, ¿ahora sí?” (1983).

En “Nicaragua entre dos sopas” (25/11/1981) establece que Estados Unidos creía que los comunistas llegarían al poder en Italia. Esa situación se parece a lo que ocurrió en Chile o en América Central, porque el país norteamericano acusa a los gobiernos del continente de ser comunistas, para justificar un golpe de estado y realizar una intervención. Cuba y Nicaragua creían que se preparaba algo contra ellos y tomaron precauciones elementales. García Márquez sostiene que Nicaragua después de la victoria contra Somoza se ha esforzado en establecer una democracia pero Estados Unidos lo ha impedido. Tres mil guardias somocistas en la frontera con Honduras amenazan al Gobierno nicaragüense, quien solicitó armas en Norteamérica pero se las negaron, por lo que las obtuvieron en la Unión Soviética y los países socialistas. Esto fue tomado como un pretexto por Estados Unidos para castigar la economía de Nicaragua, por lo que le cancelaron un crédito de setenta millones de dólares y suspendieron un despacho de trigo, dos días antes de que el país se quedara sin pan (García Márquez, 1991, 183-184). Igualmente, García Márquez afirma que conoce a los dirigentes sandinistas desde hace años y explica sus posturas:

Conozco a los más destacados dirigentes de la Nicaragua de hoy desde hace mucho antes de que estuvieran en el poder, y sé que sus objetivos no están escritos en ningún esquema anterior, sino en uno propio y original, acorde a las condiciones de un país cuyo carácter no tiene muchas cosas en común con sus vecinos. ‘No queremos hacer una nueva Cuba’, han dicho ellos muchas veces, ‘sino una nueva Nicaragua’. Sin embargo, soy el primero en reconocer que en dos años han tenido que hacer muchas cosas en sentido contrario del que ellos hubieran querido. Lo han hecho obligados por la tozudez de Estados Unidos, que se empeña en empujarlos en brazos de la Unión Soviética (García Márquez, 1991, 185).

En el artículo “EE UU: política de suposiciones” (24/3/1982) señala que el presidente estadounidense, Ronald Reagan, ha construido para Centroamérica y el Caribe una política sin salida de emergencia, intentando demostrar que Nicaragua, con instructores soviéticos y cubanos, abastece de armas las guerrillas de El Salvador. Para probarlo el Gobierno de Reagan hizo mapas fotográficos, desde aviones y satélites espías, de la superficie de Nicaragua. Con ello, demostraron que, se están construyendo aeropuertos con ingeniería soviética, hay tanques y cañones antiaéreos de fabricación soviética y el ejército nicaragüense es numeroso y bien entrenado. El colombiano menciona un encuentro que tuvo con Sergio Ramírez, quien le habló de la política de suposiciones de la administración de Reagan y le explicó la situación en Nicaragua sobre el pluralismo de partidos y la libertad de expresión. En ese tiempo había once partidos políticos: seis contra el Gobierno y cinco aliados en el Frente Patriótico Revolucionario, donde se encontraba el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Sostiene que existe libertad de expresión debido a que hay veinticinco emisoras de radio de propiedad privada, quince estatales y una de los sandinistas; hay dos diarios de propiedad privada, y uno del Frente Sandinista. Para concluir, el colombiano afirma que la política de suposiciones de Estados Unidos no tiene final y ha creado un Vietnam político en Centroamérica (García Márquez, 1991, 237-239).

En “América Central, ¿ahora sí?” (20/4/1983) expone los preparativos de Estados Unidos para la invasión de Nicaragua desde Honduras, situación que había denunciado porque tenía informaciones de fuentes norteamericanas. Después de que se hizo pública la denuncia del colombiano, Newsweek y The New York Times publicaron un artículo sobre el plan, con fotografías de los preparativos para la invasión. El plan de Estados Unidos no tenía la finalidad de derrocar el Gobierno de Nicaragua sino de mantenerlo en estado de emergencia permanente (García Márquez, 1991, 399-400). Años después, a finales de febrero de 1990, cuando los sandinistas perdieron las elecciones debido a que el pueblo estaba cansado de la guerra, García Márquez estaba sorprendido y opinó en una entrevista que los sandinistas ganarían las próximas elecciones (Martin, 2009, 525-526).

 

Conclusiones

Por consiguiente, García Márquez apoyó fuertemente al Sandinismo pero no con la misma pasión que a Cuba, porque entendía que Estados Unidos no permitiría otro gobierno de izquierda en América Latina. En sus artículos, por medio de un periodismo militante, criticó las maniobras de Estados Unidos al acusar de comunismo a los gobiernos del continente para justificar un Golpe de Estado. Igualmente, explicó el castigo a la economía de Nicaragua, que le permitió al país norteamericano construir una “política de suposiciones” para invadirlo. Desde sus inicios, García Márquez tuvo una acción directa con el Sandinismo y se reunió con sus dirigentes para respaldarlos en 1977 y 1978. Así, se puede hablar de un militante que utilizó su periodismo para ayudar a este movimiento, lo que muestra su compromiso, su intención de actuar políticamente y permite vincularlo con los intelectuales comprometidos de los años sesenta en el continente.

 

Referencias bibliográficas

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https://www.humanite.fr/tribunes/augusto-cesar-sandino-le-general-des-hommes-libres-559673

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Para ir más allá

ESTEBAN, Ángel, Ana GALLEGO. 2009. De Gabo a Mario: La estirpe del Boom. España: Editorial Espasa.

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Pour citer cette ressource :

Osbaldo Amauri Gallegos de Dios, "Gabriel García Márquez a favor del Sandinismo y contra Estados Unidos", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), octobre 2018. Consulté le 21/11/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/litterature-latino-americaine/hommage-a-gabriel-garcia-marquez/gabriel-garcia-marquez-a-favor-del-sandinismo-y-contra-estados-unidos