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«Maris Dupés» : «El viejo celoso» y «Los tres maridos burlados»

Par Sheila Maanan Khalifa : Élève normalienne en Master 1 - ENS de Lyon
Publié par Sheila Maanan Khalifa le 24/03/2021
En ((Maris dupés)), Nathalie Dartai-Maranzana recoge dos joyas de la literatura del Siglo de Oro, el ((Viejo celoso)) de Miguel de Cervantes y ((Los tres maridos burlados)) de Tirso de Molina, en versión bilingüe, dando así a conocer al lector francés dos obras que critican con gran maestría y humor los vicios y defectos de la sociedad renacentista de principios del siglo XVII. Nos proponemos ofrecer una reseña sobre estas dos obras.

Contexto y autores  

DE CERVANTES, Miguel y DE MOLINA, Tirso. Maris Dupés, Lyon: PUL. Traducido al francés por Nathalie Dartai-Maranzana

Las dos obras recopiladas en Maris Dupés, el Viejo celoso y Los tres maridos burlados, tienen tres puntos en común mayores: el tópico de las burlas, la crítica jocosa de la institución del matrimonio -que es buen reflejo de la sociedad renancentista del siglo XVII- y la teatralidad.

Durante el siglo XVII, el subgénero de los entremeses –representaciones breves y cómicas que se desarrollaban durante el entreacto de una obra teatral más extensa–estuvo muy en boga en España y dio a los más reputados autores la oportunidad de llevar a cabo sátiras y críticas graves de la sociedad, revestidas por una gran ligereza que iba de lo cómico hasta lo grotesco y farsesco. Así, este subgénero no podía sino interesar a Miguel de Cervantes que escribió Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados (1615) en los que su ironía mordiente y su pluma concisa pusieron de vuelta y media los vicios y pecados de la sociedad de principios del siglo XVII, la cual se hallaba sumergida en una profunda y compleja crisis económica y de valores que nutrió en gran medida el esplendor literario de ese periodo.

En este mismo contexto se inscribe también la novela corta de los Tres maridos burlados, una historia breve narrada por el personaje ficticio de Melchor a sus amigos en la obra con carácter misceláneo de los Cigarrales de Toledo de Tirso de Molina (1579-1648). En esta obra, el autor siempre sigue la máxima del “deleytar aprovechando” inspirada del “delectare ac prodesse” de Horacio como bien lo indica Nathalie Dartai-Maranzana: entretener y enseñar siendo siempre útiles.

Reseña sobre el Viejo celoso

Pareja amorosa desigual, Lucas Cranach, 1517
Fuente: Museu Nacional d'Art de Catalunya, dominio público

En el entremés del Viejo celoso, Cervantes lleva a cabo una sátira de los celos infundados y de la institución vacía del matrimonio: evoca, así, el tópico de la mal casada y el tema del adulterio urdido por una Celestina, o más bien por una “vecina” –Hortigosa–, a través de personajes tipos como el del viejo celoso, que queda ridiculizado por su impotencia, tanto en sentido figurado como en sentido propio como bien se señala en la introducción del recopilatorio Maris Dupés.

La obra se abre con una conversación entre tres mujeres que va dándole al lector las claves de comprensión. La joven Lorenza está casada con Cañizares, un viejo desmesuradamente celoso que la sumerge en riquezas pero con el cual es sumamente infeliz. Su buena vecina Hortigosa decide ayudarla: urde un plan y consigue que Lorenza pruebe los deleites de la carne bajo el mismísimo techo del viejo y burlado marido. Y es que, Cañizares, en un olvido que parece ser un jocoso fruto del destino, como bien señala María Josefa Martínez en su artículo “Burla y ejemplaridad en el Viejo celoso”, no cierra con llave las ocho puertas que separaban a su mujer del mundo exterior y que la protegían de las vecinas que incitan al pecado, como lo afirmará más adelante el viejo. A este planteamiento le hace eco la siguiente escena que se produce en la calle: Cañizares habla con su compadre y se autorretrata como un viejo ridículo que tiene celos “Del sol que mira a Lorencita, del aire que le toca, de las faldas que la vapulan” –nótese el tono lírico adoptado–. Por otra parte, los dos personajes ya predicen el adulterio: Cañizares señala que las vecinas son celestinescas y el Compadre asegura que los hombres como él son víctimas de una trágica, pero aquí cómica, ironía del destino pues “traen la soga arrastrando y […] siempre vienen a morir del mal que temen” –la sabiduría popular del refrán le sirve a Cervantes para predecir con gran comicidad la burla al viejo–. Luego, Hortigosa pone en marcha su plan: acude al domicilio del viejo alegando necesitar dinero para salvar a su hijo de prisión y despliega una tapicería que pretende venderle, dejando así entrar al galán en la casa bajo su ciega mirada empañada por el enfado que le provoca la presencia de la “vecina”. Después, con un doble sentido sexual evidente, Lorenza, muy airada, se encierra en su habitación alegando que no se le “verá la cara […] en dos horas" ya que Cañizares no ha hecho más que insultar a la buena vecina. Cristina, la sobrina del matrimonio, repunta la escena afirmando creer que Lorenza “va a buscar una tranca para asegurar la puerta” haciendo así patente el doble sentido, literal y sexual, de las réplicas. El entremés se termina con un tono festivo y alegre que plantea un problema de interpretación en cuanto al sentido de la obra: el adulterio parece no quedar condenado al final, aunque la ironía mordaz que se abate sobre todos los personajes pueda dar a entender que Cervantes no termina de justificarlo puesto que su interés estriba en otra parte.

 Así pues, el  funcionamiento de este entremés es parecido al de las Novelas ejemplares cervantinas en las que bajo una apariencia de farsa ligera y grotesca subyace un sentido serio y ejemplar. Este sentido en el Viejo celoso es el de la condenación de una institución cuyo valor ético y moral ha sido sustituido por el valor monetario. El matrimonio es descrito como un puro intercambio mercantil en el que la mujer se vuelve un simple objeto comprado por el marido –Lorenza se queja repetidas veces de su suerte, puesto que es rica pero infeliz– y que no puede sino fracasar; el adulterio fruto de la burla es la apoteosis de tal fracaso. Aquí Cervantes usa los tipos de la mal casada, del viejo celoso y cornudo y de la vecina celestinesca para llevar a cabo su crítica  jocosa. La onomástica de “Hortigosa” recuerda la “ortiga”, planta que provoca urticaria, y por otra parte su apelación “vecina”, que tanto atemoriza a Cañizares, rima con el nombre de la famosa urdidora de virgos, Celestina. Por otra parte, Cañizares es el tipo del viejo que cegado por sus celos termina por ser víctima de ellos, al igual que su homólogo Carrizales en la novela ejemplar El celoso extremeño.

La pluma de Cervantes acomete sin piedad contra todos los personajes, pues ninguno parece quedar libre de pecado. Además, podemos notar que la honra –tema por excelencia en el Siglo de Oro–  le es arrebatada a Cañizares sin que se percate de nada, ya que está reside en la mujer y la suya ha sido, según sus propios decires, “un[a] alma pecadora” bajo la atenta mirada del espectador lector. Cervantes se sirve entonces de las posibilidades escénicas y estilísticas que le ofrece el género teatral para urdir este entramado satírico cuyo sentido es serio. Son recurrentes los juegos de palabras, los equívocos, los elementos farsescos –tales que la burla– y grotescos –pues los vicios y defectos de los personajes son llevados a su paroxismo–, las hipérboles, los refranes, la cultura popular y folclórica, el uso tergiversado de los códigos de la lengua cortés– Hortigosa adopta por ejemplo durante la burla un tono altivo marcado por las repeticiones de formas de cortesía. Finalmente, la comicidad es incrementada gracias a la connivencia que se establece con el espectador lector de la obra, pues este siempre va un paso por delante del viejo celoso, que queda así doblemente ridiculizado: todos menos él saben de la burla deshonrosa.

Reseña sobre Los tres maridos burlados

Disparate alegre, Francisco de Goya y Lucientes
Fuente: Wikimedia, dominio público

El relato debuta con la exposición, casi teatral – la influencia del teatro a lo largo de la obra no ha de extrañarnos ya que el autor fue un insigne dramaturgo–, del contexto y de los personajes de la novela. Nos hallamos en el Madrid del reinado de Felipe II y los personajes de la obra son “tres mujeres hermosas, discretas y casadas”, cuyos maridos las tienen descuidadas en el mejor de los casos, y en el peor, atormentadas. Así pues, uno de los maridos es un “cajero” que suele ausentarse de su hogar al igual que su amigo el “pintor” y el otro marido, encarna el tipo del viejo celoso, tan preciado por los autores del Siglo de Oro español, que martiriza a su mujer con sus celos. Sin embargo, si al inicio de la obra las mujeres nos son presentadas como víctimas de sus viles maridos, rápidamente nos damos cuenta de que los epítetos que las definían al principio del relato son sumamente irónicos, ya que las tres encarnarán también vicios y defectos tales como la avaricia, la crueldad y la hipocresía. 

El planteamiento de la novela es expuesto cuando las tres mujeres encuentran una sortija con un diamante precioso cuya potestad reivindican todas. Aprovechando un descuido de sus maridos, le piden a un conde que decida cuál de las tres ha de quedárselo. Pero este, ante la incapacidad de decantarse por una de ellas, les propone que cada una “haga una burla a su marido –como no toque en su honra–” y  “a la que en ella se mostrase más ingeniosa” le entregará el diamante y cincuenta escudos donados por su persona. Así, movidas por su avaricia, las tres burlarán cruelmente a sus maridos. La mujer del cajero, Polonia, compinchada con sus vecinos, le hará creer al pobre Lucas Moreno que se ha convertido en un alma en pena tras su muerte, para luego convencerle de que todo fue un sueño –nótese la reactualización del motivo folclórico del muerto en vida–; la mujer del pintor, Mari-Pérez, convertirá su hogar en un mesón haciendo que su marido, Diego Morales, pierda el juicio y achaque luego el suceso a unos duendes –los duendes son también un motivo folklórico–; y finalmente, la mujer del viejo celoso, Hipólita, acometerá la burla más cruel pero cuyo resultado sanará a Santillana de su mal, pues este creerá que las torturas recibidas por parte de unos frailes durante dos semanas, son un castigo de Dios –tópico folclórico muy explotado por autores de la Edad Media como Gonzalo de Berceo en sus Milagros– que lo ha convertido en fraile para que enmiende sus pecados. El desenlace de la obra, corto y tajante, es feliz: ninguno de los tres maridos se entera de que ha sido burlado –lo que los ridiculiza doblemente– y las tres mujeres son recompenzadas por el conde.

Disparate de Carnaval, Francisco de Goya y Lucientes
Fuente: Wikipédia, licencia Creative Commons

Así pues, todo el relato estriba en burlas cuyo punto común radica en el tópico barroco que opone la realidad al sueño. Además, como bien lo señala Nathalie Dartai-Maranzana, apoyándose en el artículo de André Nougué en "Le thème de l'aberration des sens dans le théâtre de Tirso de Molina, une source possible", en los Tres maridos burlados, Tirso explota temas y tradiciones populares arraigadas en los países europeos desde la Edad Media. Y es que, según este crítico, el tema del viejo celoso es de origen medieval y fue muy explotado en la literatura italiana renacentista de la cual el autor era buen conocedor. Así pues, Tirso retoma esquemas preexistentes y los funde en una novela que, en el plano formal, respeta la estructura típica del cuento –planteamiento, nudo, desenlace– dándole, eso sí, un cuerpo extremadamente teatral que se adueña de los principios de la comedia tirsiana: los diálogos en discurso directo abundan, las descripciones se asemejan a didascalias y la retórica, por medio del uso de epítetos, hipérboles, calambures, etc., le dan a la novela aires de farsa grotesca. De hecho, la exageración y la insistencia en los defectos de los personajes se convierten en un modo de crítica de la sociedad del siglo XVII.

Por otra parte, las burlas se inscriben en el marco temporal del Carnaval, una época del año propicia para los engaños y bromas, pues en ese periodo los valores morales se subvierten dando así lugar a un "mundo al revés" en el que todo está permitido –tal vez esto explique que ninguna de las burlas tenga consecuencias graves al final de la obra–.

No obstante, pese a la jocosa ridiculización de los maridos, que al final de la obra, a diferencia del lector, no saben si lo que han vivido forma parte del sueño o de la realidad –lo que no hace sino incrementar lo cómico de la novela–, en ningún momento se acomete contra la honra de estos, tal y como lo exige el conde en el planteamiento de la narración.

Referencias

DE BERCEO, Gonzalo. 1246/1252.  Los milagros de Nuestra Señora, Madrid: Cátedra; ed. citada: 2020.

DE CERVANTES, Miguel. 2004 (1ʳᵉ ed. 1613). La Fuerza de la sangre, El celoso extremeño, Madrid: Cátedra.

MARTÍNEZ, María Josefa. 1993. “Burla y ejemplaridad en el Viejo celoso. Actas del II Congreso Internacional de Hispanistas del Siglo de Oro, vol. 2, 1993, pp.629-634. En línea: https://cvc.cervantes.es/literatura/aiso/pdf/02/aiso_2_2_015.pdf

NOUGUÉ, André.1956. "Le thème de l'aberration des sens dans le théâtre de Tirso de Molina, une source possible", Bulletin hispanique, vol. 58, nº1, 1956, pp. 23-55.

Pour citer cette ressource :

Sheila Maanan Khalifa, "«Maris Dupés» : «El viejo celoso» y «Los tres maridos burlados»", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), mars 2021. Consulté le 16/04/2021. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/litterature-espagnole/bibliotheque/maris-dupes-el-viejo-celoso-y-los-tres-maridos-burlados