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Casa de letras

Par Caroline Bojarski : Titulaire d'un Master 2 Pro (Traduction littéraire et édition critique) - Université Lumière Lyon 2
Publié par Christine Bini le 14/09/2013
Depuis Buenos Aires, Blanca Herrera, la co-fondatrice de l'école d'écriture et d'oralité Casa de Letras a répondu aux questions de La Clé des Langues. Elle nous dévoile une approche de la littérature guidée par l'émotion et la précision de la pensée. Dans la tradition des ateliers d'écriture argentins, c'est aussi une réflexion sur la littérature en tant qu'explication de la vie, un retour à sa forme la plus ancestrale : l'oralité. Nous avons voulu savoir quelles étaient les qualités d'un bon narrateur, quel était le lien entre le spectacle vivant et la littérature et avec quels objectifs fut créée cette singulière école d'écriture.

logocasadeletras_1379146665478-jpgDepuis Buenos Aires, Blanca Herrera, la co-fondatrice de l'école d'écriture  et d'oralité  Casa de Letras a répondu aux questions de La Clé des Langues. Elle nous dévoile une approche de la littérature guidée par l'émotion et la précision de la pensée. Dans la tradition des ateliers d'écriture argentins, c'est aussi une réflexion sur la littérature en tant qu'explication de la vie, un retour à sa forme la plus ancestrale : l'oralité. Nous avons voulu savoir quelles étaient les qualités d'un bon narrateur, quel était le lien entre le spectacle vivant et la littérature et avec quels objectifs fut créée cette singulière école d'écriture.

Su escuela propone una formación acerca del cuento oral, trabajando sobre la expresividad en la interpretación del cuento : no es muy corriente encontrar carreras que consideran la oralidad  como parte integrante de la literatura, ¿por qué haber propuesto un curso sobre esto?

Casa de Letras nació en 2001 como escuela de narración oral.  La narración oral es la forma más ancestral de la literatura.  Tanto en la historia personal como en la de la humanidad la narración es originariamente oral.  Antes de contar con la escritura, los hombres y los pueblos recurren al relato oral para significar los hechos, para explicar la vida.

Decía Isak Dinesen que contar historias es repetir los hechos en la imaginación y hacerlo de tal modo que allí donde nadie ve más que un pequeño kikuyo patizambo de cara chata e inexpresiva (el nativo que cocinaba en su casa de África) se descubriera al gran chef lleno de sabiduría que él era realmente.  Ella fue una gran narradora oral de historias, antes de transformarse en escritora.

Es en el año 2006 que Casa de Letras incorpora a su propuesta un programa de formación en escritura narrativa.  En una de sus materias, Usina de historias, se propone a los alumnos consignas para la producción espontánea de relatos orales.  Porque la oralidad apela a la memoria, y es allí donde yacen muchas veces los gérmenes de las narraciones que deseamos crear y transmitir a otros.

Se aprende también en este curso a ser narrador de cuento, a jugar con la sugerencia, lo ambiguo y hacer del relato algo abierto, para que el receptor pueda apropiarse de la historia. ¿Cuáles son los principios básicos necesarios para transmitir un texto, sin molestar el receptor en su comprensión, pero valorizando la obra?

Decía Carmen Martín Gaite, la narradora española “Voy a contar esto como me gustaría que me lo contaran a mí.  Me lo voy a contar para mí, pero sin atropello, como si no lo supiera. Porque creo que lo sé.  Pero mientras no me lo cuente en condiciones, no lo sé”.

La cita es un interesante punto de partida si queremos pensar en los relatos que construimos y en cómo los contamos. Invita a despertar el recuerdo de aquellas primeras historias que escuchamos y desde las que el mundo comenzaba a hablarnos. Y propone también recuperar la memoria ancestral del narrador que se recorta en un círculo junto al fuego porque tiene el don de captar la atención de los otros como ante la inminencia de una revelación.

¿Cómo cuenta el narrador?

En principio, lo hace ante otro, ante el auditorio, ante un público que es su “compañero” en el verdadero sentido de la palabra  -compañero, del latín tardío cumpanis, compartir el pan-.  La acción más significativa de su relato tiene lugar en la imaginación del espectador. 

Cuando una historia es bien contada, cada espectador crea una “película en su cabeza”, recurriendo a su propio imaginario, su emoción y su memoria.  Escucha el relato, construye el propio y lo ve pasar en su imaginación como si estuviera en el cine.

La acción que cuenta el narrador les sucede a los personajes del cuento pero el espectador experimenta: me pasa a mí, podría pasarme, es lo que me pasó y no comprendí.  El relato abre sendas de comprensión y de acción.  Sugiere  y significa un “es así”, y también un “se hace así”. 

Para que esto suceda, el narrador tiene que jugar con lo definido y con lo ambiguo, con la presencia y la ausencia.  Con la sugerencia más que con la ilustración.  Sugerir significa dar a entender, evocar de la forma más ligera posible.  La ilustración por el contrario, nos enseña algo con todos sus detalles. 

Puesto que el narrador no lo dice todo -con ninguno de los discursos que utiliza: el texto, el cuerpo, los objetos, la luz, la música- el público desea saber más, desea participar, hasta el punto de completar el vacío que deja el narrador. Y, a su vez,  el círculo se expande por cuanto el narrador percibe esa entrega confiada y mantiene su relato abierto, poroso, permeable a los estímulos que provienen de su auditorio. 

Es la razón por la que resulta imposible contar dos veces el mismo relato.

¿Cómo se hace la distinción entre un narrador novicio y un narrador iniciado?

El narrador novicio puede responder a una consigna de trabajo que tira del hilo de su memoria y narrar con gran eficacia, de manera espontánea, un relato significativo que él mismo creó convocado por el estímulo de la consigna.  Pero difícilmente pueda luego repetir esta experiencia si no se entrena y trabaja profundamente sobre sí mismo para lograr que su pensamiento, su emoción y su cuerpo estén en perfecta armonía. Para que el cuerpo pueda moverse expresivamente, la emoción y la precisión del pensamiento deben estar enlazadas.

La preparación y el entrenamiento, comienzan por los sentidos. Si el trabajo de aproximación a un cuento comienza por una idea, se corre el riesgo de destruir el cuento. Hay que acercarse desde el cuerpo y la emoción, mediante la exploración y el descubrimiento.

Stanislavsky sostenía que cuanto más aprendan los actores (narradores en este caso) a improvisar escenas que no vienen en el texto, más capaces serán de creer en la realidad humana de los personajes y sus acontecimientos. Ese juego de la improvisación es el que permite la apropiación del cuento literario por parte del narrador.

¿Piensa que el cuento popular tiene la misma importancia que la novela, por ejemplo, en la historia de la literatura?

Dice Jorge Luis Borges que “durante muchos siglos La Ilíada, La Odisea y La Biblia le han bastado a la humanidad. La gente las ha contado y las ha vuelto a contar una y otra vez; les ha puesto música, las ha pintado. Han sido contadas muchas veces, pero las historias perduran, sin límites. Podríamos pensar en alguien que, dentro de mil o diez mil años, una vez más volviera  a escribirlas… Bien, tenemos estas historias y tenemos el hecho de que los hombres no necesitan demasiadas historias. Imagino que Chaucer jamás pensó en inventar una historia. No pienso que la gente fuera menos inventiva en aquellos días que hoy. Pienso que se contentaba con las nuevas variaciones que se añadían al relato, las sutiles variaciones que se añadían al relato…”. La “importancia” o la “calidad” de un cuento no tienen que ver con que provenga del acervo popular o de formas letradas, cultivadas.

Siguiendo a Borges, los buenos cuentos (provengan de la oralidad o de la escritura) reúnen dos historias: la historia manifiesta, y otra más, que subyace, escondida. Tomemos por ejemplo La Odisea. Podemos leerla de dos maneras: como un relato sobre las maravillas y los peligros del mar (historia manifiesta), o como las vicisitudes del regreso de Ulises a su casa (historia subyacente).  Si tomamos La Odisea en este último sentido, entonces tenemos la idea del regreso, la idea de que vivimos en el destierro y nuestro verdadero hogar está en el pasado o en el cielo o en cualquier otra parte, que nunca estamos en casa.  La segunda historia, la escondida o subyacente, no se revela por lo que cuenta el narrador, sino por cómo cuenta el narrador ese cuento. 

¿Piensa que hay una gran diferencia entre las obras escritas y el espectáculo vivo? ¿Hace un vínculo entre los dos en sus talleres?

Se trata de expresiones totalmente diferentes. El texto escrito tiene como destinatario a un lector.  El lector puede releer una parte, abandonar el texto, volver a retomarlo. El texto narrado oralmente sucede en un “aquí y ahora” irrepetible. Si el narrador no es capaz de mantener su palabra viva durante el acto de la narración, habrá perdido a su espectador para siempre.

Para contar oralmente un texto que proviene de la literatura, es necesario realizar un trabajo de adaptación o trasposición, una suerte de traducción de un soporte (el texto) a otro (el cuerpo vivo de un narrador).

¿Cuál es la importancia del trabajo en grupo en el desarrollo de una clase? ¿Es importante para los alumnos poder escuchar las producciones de los otros?

Es esencial el trabajo en grupo. El alumno aprende tanto de su producción y de la devolución que el profesor le da, como de sus compañeros.  Decimos que el relato del otro es siempre el más importante, y esto entraña la paradoja de que cuando a uno le toca contar, su relato es el más importante para los demás.  El grupo es la primera cohorte de espectadores.  El juego grupal crea una red de confianza y respeto que favorece el aprendizaje.

¿Cuáles son las maneras de hacer salir la creatividad de la mente de cada uno?

El juego espontáneo.  Las técnicas de improvisación para narradores orales están basadas en la aceptación. En potenciar la propia creatividad permitiéndose jugar sin auto-censura.  Conectándose con el grupo y sumándose a la propuesta de los otros.  Transformando el error en oportunidad.

Casa de Letras es la primera escuela de creación literaria en Buenos Aires, ¿cómo fue acogida la escuela? ¿Con qué objetivo nació?

La enseñanza de la escritura literaria en la Argentina se ha desarrollado desde hace muchos años en los llamados talleres de autor.  Los participantes concurren al taller de un escritor que eligen y pueden permanecer uno, dos, más años con el mismo maestro.  Por otro lado, en la Universidad no existe la opción de formarse en escritura creativa.  Casa de Letras nace para ubicarse entre los talleres y la universidad, ofreciendo una formación organizada de manera metodológica, con materias cuyos objetivos y contenidos están interrelacionados entre sí, y donde la pluralidad de los docentes-escritores es reconocida como un valor.  Los estudiantes realizan su itinerario formativo guiados por nueve docentes-escritores diferentes, lo cual permite que accedan a diversas miradas sobre la literatura, con el objetivo de desarrollar una voz narrativa propia.

¿Qué importancia tiene el conocimiento de muchas obras literarias así como las técnicas narrativas en el oficio de escritor?

En Casa de Letras partimos del principio de que el talento no se puede transmitir.  Lo que nuestra escuela sí puede brindar a sus estudiantes es un corpus de herramientas y técnicas para abordar el oficio de la escritura.  Conjuntamente con la práctica sostenida de la escritura, consideramos de la misma jerarquía el desarrollo de una percepción lectora cada vez más fina.  No se trata de la lectura por placer, ni tampoco para realizar crítica literaria.  Se trata de “lectura para escritores”, entendiendo por tal a la lectura en la que se desentrañan los procedimientos literarios de los que se valen los diferentes escritores para provocar un efecto determinado.  “Los libros provienen de libros”, decía Virginia Woolf.  No es pensable desarrollar el oficio de la escritura sin un ejercicio constante de lectura.

Hay en su escuela una carrera especializada en literatura infantil y juvenil que se llama "Dijo Alicia...", ¿cree que esta literatura es menospreciada por la crítica, en general? ¿Hay códigos que conocer para poder escribir para un público de este estilo?

Sí, existe una suerte de consideración del género infantil y juvenil como un género “menor”.  Nuestro programa “Dijo Alicia…” responde a una búsqueda de lograr un mayor reconocimiento para el género.

Sin embargo la literatura para niños y jóvenes es pura literatura.  Entraña los mismos desafíos que la escritura para adultos.  Sin embargo, es necesario conocer a fondo unos códigos particulares del público al que está dirigida.

En su sitio web se puede consultar la gran oferta de cursos breves, disponibles todo en año y también como cursos de verano. Se aborda temas muy diversos como la "escritura experimental" o "el escritor como etnógrafo", ¿da una libertad total a los profesores que intervienen en su escuela?

Existen en Casa de Letras unos intereses en determinados temas más que en otros, si bien esto va variando permanentemente. Solemos decir que la escuela es una arcilla que está siendo moldeada todo el tiempo y no ha arribado, ni arribará a una forma definitiva.  La arcilla se moldea con las búsquedas propias de la dirección, pero también con las de los profesores y las de los alumnos.  Son ellos los que muchas veces guían la selección de los cursos hacia sus inquietudes.  Fuera de los lineamientos que reciben de la dirección, los profesores tienen amplia libertad para concebir sus programas.  Trabajamos siempre desde el consenso.

¿Cuál es la importancia de contar con profesores que también son escritores? ¿No podrían enseñar profesores "clásicos"?

Para nosotros es esencial que los profesores que guían a los alumnos lo hagan desde la mirada de quien produce literatura.  De quien ejerce el oficio de escritor.

Las miradas sobre la escritura podrían ser múltiples, la del teórico, el académico, el crítico literario.  Para Casa de Letras son aquellos que practican la escritura, aquellos que saben lo que significa la creación y a la vez el trabajo, la revisión, el celo y la dificultad de editar un libro, quienes mejor pueden acompañar a nuestros alumnos en su formación.

 

Pour citer cette ressource :

Caroline Bojarski, "Casa de letras", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), septembre 2013. Consulté le 23/09/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/langue/didactique/ecriture/casa-de-letras