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Españoles de Argelia y pieds-noirs de Alicante: una travesía de ida y vuelta

Par Mariana Domínguez Villaverde
Publié par Elodie Pietriga le 26/01/2021
Este artículo trata sobre un viaje de ida y vuelta: el de los europeos, en gran parte españoles, que se instalaron en Argelia a lo largo de los siglos XIX y XX y que debieron exiliarse en España en 1962, tras la independencia de Argelia. A lo largo de ese extenso viaje de doble sentido entre diferentes orillas del mediterráneo se han producido mestizajes, transferencias y circulaciones. Los europeos de Argelia son, desde 1962, los “pieds-noirs”, franceses del Norte de África, de origen mediterráneo, que buscan su identidad tras el doloroso éxodo, así como una nueva tierra donde implantarse. En Alicante no sólo encontraron un territorio favorable a la instalación, sino que pudieron volver a conectar con sus raíces.

 

Vista de Argel desde el balcón de St. Raphaël
Foto de Yelles Manil, Licence Creative Commons
Fuente: Wikipedia
Vista de Alicante desde el mirador de Santa Bárbara
Foto de Dilema, Licence Creative Commons
Fuente: Wikimedia
                            Se dio cuenta de que la vuelta era más la ida, en más de un sentido.
Julio Cortázar. Rayuela.

Introducción

La guerra y la independencia de Argelia provocaron un éxodo masivo entre 1954 y 1962 que afectó a más de un millón de personas nacidas o residentes en los tres departamentos franceses del Norte de África. El movimiento de población de europeos y de musulmanes, prosiguió en los años siguientes. La mayoría de los europeos, a quienes se empieza a llamar “pieds-noirs” en esta época, se instalaron en Francia. Otros, eligieron instalarse en países como Canadá, Israel o Argentina. La colonia más importante fuera de Francia se implantó en España, y particularmente en la provincia de Alicante.

El exilio de los europeos de Argelia se inscribió en una serie de procesos políticos y movilidades que habían tradicionalmente unido el Norte de África, España y Francia. En efecto, el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX habían estado marcados por las migraciones económicas y políticas del Levante español hacia la Argelia francesa. Éstas habían sido precedidas por una presencia más antigua de españoles en Orán y por los conflictos “fronterizos” entre las dos orillas del mediterráneo que se habían intensificado tras la Reconquista católica de la Península Ibérica. Dichas movilidades, que se caracterizaron por numerosas idas y vueltas y por la superposición de ciclos migratorios, se clausuraron en 1962 con la descolonización de la Argelia francesa y con un nuevo éxodo. De ese proceso resultaron diversos imaginarios y construcciones identitarias. Los pieds-noirs, repatriados en Francia, reconstruyeron y difundieron a partir de los años sesenta, y particularmente de los años setenta, una identidad y una memoria comunes. Estas se arraigaron, en sus grandes líneas, en una visión mediterránea, profundamente ligada al entorno geográfico y en un patriotismo francés exacerbado.

Poner la lupa sobre los pieds-noirs de Alicante nos permite observar este fenómeno de reconstrucción identitaria en toda su complejidad. Por un lado, porque la historia de las movilidades entre España, Argelia y Francia puso en juego múltiples identidades, historias, sentires. Por otro, porque esta perspectiva nos invita a alejarnos de un enfoque nacionalista y a cuestionar las nociones de migración, exilio, repatriación y retorno en relación con las movilidades pieds-noirs. ¿Exiliarse a Alicante supuso para los descendientes de españoles en Argelia un regreso a casa? ¿Cómo reconstruirse entre migración y retorno, exilio tras exilio, y en la España franquista? Propondremos aquí una serie de pistas de reflexión para abordar estas interrogaciones.

I- Imaginarios y representaciones entre Alicante y el Norte de África

1- Entre relato, mito e historia

Alicante y Argelia fueron tradicionalmente percibidas como tierras hermanas, a partir de una visión especular que va más allá de la experiencia pied-noir. La comparación de ambas tierras ya estaba presente en las crónicas escritas por los viajeros extranjeros que habían visitado el levante español en el siglo XIX. Alicante aparecía, así como una zona de frontera y de paso que era, a su vez, fuente de cosmopolitismo y de tradición. Esta región situada en los confines de Europa, unida histórica y geográficamente con el Norte de África era vista como una continuidad de éste, por sus paisajes y hombres semejantes a los ojos de los visitantes foráneos. La ciudad de Elche era descrita por Richard Ford como una “ciudad de palmeras, en la que lo único que falta son los beduinos”(Soler Pascual, 2005, 27).Se resaltaban, en general, las características geográficas y del paisaje que asemejaban Alicante y África: la belleza de los paisajes y de la luz, las casas blancas y los colores vivos, las palmeras; asociadas al carácter de sus hombres: trabajadores y simples, toscos pero dignos, abiertos y tolerantes. Alicante aparecía de ese modo como una especie de tierra prometida cuyo entorno físico tenía una relación estrecha con la forma de ser de sus gentes. Esta asociación entre el carácter y naturaleza aparece también en las obras del escritor alicantino Azorín, que presenta al alicantino como un ser liberal y de una ligereza que se explicaba por el entorno que lo rodeaba, por el clima y por su alimentación frugal (Ramos, 1972, 16). En Libro de Levante, el escritor describe la región a partir de una serie de caracteres muy mediterráneos: tierra de luz, de colores, de apertura y convivencia. Una propuesta similar emana de los trabajos de otros autores locales como Gabriel Miró y Figueras Pacheco ((En cuanto a Gabriel Miró, podemos destacar su obra Años y Leguas (1928). Figueras Pacheco, por su parte, fue cronista de la ciudad de Alicante y se refiere a la geografía, las costumbres y la cultura de la provincia en obras como Alicante y su folclore (1955).)) que definen Alicante como un lugar donde reina el sol, el mar, el cielo azul y la alegría; tópicos que desde los años cincuenta y hasta hoy se impondrán en los eslóganes turísticos de la Costa Blanca.

Los europeos de Argelia, en parte originarios de España y descendientes de españoles, pero también de diversas regiones francesas, de Italia, Malta y otros países mediterráneos, se impregnaron de esta tradición que acercaba su tierra de nacimiento o de adopción a Alicante. En efecto, este pueblo se describía y se describe a sí mismo como abierto y alegre, características en parte atribuidas a la fuerte influencia del elemento español, y particularmente levantino, en la sociedad europea de Argelia. En los testimonios orales ((Para nuestra tesis de doctorado hemos recogido más de cincuenta testimonios de pieds-noirs de Alicante y Francia o de perfiles relacionados.)), el arraigo a la tierra y la presencia del mar y del sol, aparecen como elementos centrales de identidad, estrechamente relacionados con una forma de vivir y de ser determinadas. Al evocar toda una memoria sensorial de Argelia, se repiten los mismos aromas, colores, texturas: los naranjos, la vid, las palmeras, las tonalidades de la tierra, encarnan una continuidad entre Alicante y Argelia que difumina la porosa frontera trazada por el mar. Los sabores de la mesa participan asimismo de esta prolongación, ya que la cocina del Levante español tuvo un lugar central en la cultura de los europeos de Argelia, tanto por las formas de cocción, como por los productos utilizados: el pescado, las verduras, el arroz, la oliva. Se constituyó de este modo una tradición culinaria mestiza, con fuerte influencia de las cocina francesa, árabe y judía, así como de los aportes de los diferentes pueblos mediterráneos presentes en Argelia. De esta construcción cultural basada en una experiencia sensorial participa también lo auditivo: las canciones españolas o valencianas, las nanas entonadas por las abuelas, los gritos de los vendedores ambulantes venidos desde España refuerzan los lazos entre ambos lados del mediterráneo. Esta cultura española levantina se había transformado, particularmente en Orán donde ya había dejado sus huellas en el siglo XVI ((La corona Hispánica ocupa Mers-el-Kebir y Orán desde 1505 hasta 1791, cuando se abandona el presidio.)), en un sustrato cultural común a todos los europeos de Argelia independientemente de sus orígenes.

A partir de los años cuarenta del siglo XX se desarrolló en Argelia la corriente literaria algerianista. Dentro de este movimiento que buscaba definir una cultura e identidad propias a los europeos de Argelia, se inscribió una corriente mediterránea representada por autores como Albert Camus o Emmanuel Roblès. Camus describió un ambiente y una psicología típicamente mediterráneas que fundían Oriente y Occidente y rompían con la idea del mar como frontera. (Mannoni, 1993)

Por otro lado, en el ámbito de la historia, progresaron una serie de enfoques que se inscribieron en el movimiento iniciado por Elisée Reclus en el siglo XIX. Ambas dinámicas, contribuyeron a reforzar la idea de que el mediterráneo unía más de lo que separaba el Norte de África y el sudeste español. Ambos espacios constituían un mundo único y compartían una historia común, marcada por los movimientos de poblaciones que habían sido constantes desde la Antigüedad. (Ruel, 1991) Esta percepción identitaria mediterránea se nutría de una visión poética y nostálgica, arraigada en el mito y la literatura, y de la memoria de dos exilios traumáticos que tuvieron como marco las dos orillas del mediterráneo: la expulsión de los judíos de la península ibérica en 1492 y la expulsión de los moriscos en 1609.

No podemos olvidar que la presencia árabe en la Península Ibérica entre 711 y 1494, así como la presencia hispánica en Orán, habían dejado huellas en la agricultura, la lengua, la toponimia. Las relaciones entre ambos territorios habían estado marcadas, por lo tanto, por numerosos conflictos, pero también por el intercambio cultural. En la península se habían creado una serie de imaginarios hostiles sobre los moros y sobre los piratas berberiscos que se encuentran presentes en los relatos colectivos y en la literatura. La transmisión de estos imaginarios se hace visible a través de la celebración de las fiestas de Moros y Cristianos y en las obras de Miguel de Cervantes.

2- Transitar entre dos tierras

Las movilidades contemporáneas entre ambos espacios reforzaron la percepción del mediterráneo ibérico y norteafricano como un continuum. A partir del siglo XIX, la identidad de los europeos de Argelia se fue componiendo a partir del mestizaje y de la fusión entre ambos espacios. Las representaciones pieds-noirs transformaron Alicante en un doble de Orán, e incluso de Argel. Un artículo del periódico Sud Ouest dedicado en los años sesenta a los pieds-noirs de Alicante, constituye un ejemplo de la persistencia de esas representaciones al describir la tierra ocre y pedregosa alicantina con sus casas blancas, sus eucaliptos y olivos, y señalar su parecido con Argelia. Alicante aparece ya desde los años cincuenta como un paraíso al que se vuelve. Antes de 1962, se vuelve temporalmente, para pasar las vacaciones, para visitar a la familia, para conectar con la cultura. Desde 1962, Alicante se transforma en lugar de exilio y de retorno, de desarraigo y trasplantación.

En su libro publicado en 2007, Colette Sánchez cuenta la historia de su abuela Francisca, que había abandonado España en 1913 para instalarse en Argel. La historia, que comienza con un exilio y termina con otro, describe los sentimientos de Francisca al ver alejarse su tierra desde el barco y perfilarse su futuro hogar. Numerosos son los relatos que evocan la partida de los exiliados republicanos en el Stanbrook en 1939, cuya salida se produjo de forma extremadamente trágica desde el puerto de Alicante y cuya llegada a Argelia no tuvo nada de bienvenida ni de esperanza. (Martínez Leal, 2005) Cuando los pieds-noirs abandonan Argelia casi 25 años después, los relatos son atravesados por imágenes similares. Sin embargo, frente al desarraigo de ver alejarse su tierra natal y frente a un desembarco en Marsella visto como catastrófico por los europeos que se dirigieron a Francia, los pieds-noirs desembarcados en España conservan otra memoria.

Siglos de imaginarios habían hecho mella y Alicante se presentó como una tierra de acogida amable y familiar, cuyo parecido con Argelia ofreció un amarre. La anécdota siguiente lo ilustra:

A l’aube du 30 juin 1962 une colline surmontée d’un château fort apparut à quelques milles devant le petit bateau à moteur qui avait quitté Oran la veille à la tombée de la nuit. […] L’un d’eux s’écria : "Nous sommes devant Alicante ! Je reconnais le rocher et le fort de Santa Bárbara”. […] Non, ce n’est pas Alicante ! […] Nous sommes revenus devant Mers-el-Kebyr”. (Palacio, 1968, 41)

Esta asociación entre el Monte Benacantil donde se sitúa el Castillo de Santa Bárbara y el Pic d’Aidour oranés, desde el que se erige el Fort de Santa Cruz fue habitual pero no anodina. Frente a la pérdida de la Argelia natal, y el rechazo sentido por muchos pieds-noirs en la Francia metropolitana, Alicante fue representada a menudo como una especie de prolongación de Argelia y como un paraíso recuperado.

II- Los españoles en Argelia

1- De la preservación cultural a la integración

Más allá de los imaginarios, la historia de la presencia española en Argelia es, principalmente, una historia de migraciones. Cabe recordar que el fenómeno migratorio revistió una importancia particular en la España contemporánea, y la emigración se dirigió principalmente a América y al Norte de África.

La tradicional presencia española en el Oranesado se volvió éxodo migratorio a partir de 1830 cuando Argelia se transformó en colonia francesa. El territorio necesitaba mano de obra y los españoles, así como los italianos o malteses, acudieron espontáneamente. A estas migraciones económicas hay que añadir los flujos motivados por cuestiones políticas: liberales, carlistas y partidarios de la primera república se dirigieron muchas veces hacia el Norte de África, destacando el exilio de unos 12.000 republicanos tras el fin de la Guerra Civil. (Vilar, 2008) La tendencia migratoria hacia Argelia se invirtió desde principios del siglo XX, empezando a haber más retornos que salidas, sobre todo en el periodo de entreguerras, y con la excepción del exilio republicano de 1939. (Vilar, 1989)

A pesar de la Ley de naturalización automática de 1889, que tenía como objetivo reducir el predominio de la presencia extranjera sobre la francesa en las colonias y que consistía en otorgar la nacionalidad francesa por nacimiento, la colectividad española siguió siendo la más numerosa en todos los periodos y una gran parte de los nacidos en Argelia era de origen español, sobre todo de Baleares, Almería, Murcia y Alicante. La presencia de estos migrantes y de sus descendientes fue particularmente importante en la región de Orán y en algunos barrios de Argel, como Bab el Oued, donde superaban a los franceses. En 1881, de los 181.000 extranjeros que residían en Argelia, 114.320 eran españoles, y en 1931, entre los europeos, había 137.759 españoles, 133.128 franceses, 53.608 italianos y 14.393 malteses. (Vilar, 1996)

Los primeros migrantes habían sido principalmente braceros y obreros agrícolas. Tras el tiempo de los primeros aventureros y colonos, las instalaciones definitivas y familiares fueron reemplazando progresivamente a las migraciones temporales. Por lo tanto, la comunidad española de Argelia se fue volviendo más compleja y atravesó una ascensión social, especialmente en el caso de los Néos, como se llamó a aquellos que obtuvieron la nacionalidad francesa. Con el paso del tiempo, los españoles y los Néos empezaron a trabajar en las obras públicas, en la industria y el comercio y, más tarde, se dedicaron a profesiones liberales y ocuparon cargos en la función pública. (Jordi, 1996)

Los residentes en Argelia nacidos en España, así como los republicanos llegados en 1939, mantuvieron a menudo lazos estrechos con su país de origen, ya sea de tipo familiar como económico y cultural. Los contactos entre los españoles de Orán y Alicante se intensificaron en torno a intercambios musicales y festivos, como la participación de una delegación oranesa a las Hogueras de San Juan; y desembocaron en el hermanamiento de ambas ciudades en 1952. Otro tipo de contactos se dieron a nivel personal (visitas a la familia, vacaciones en Alicante, compra de apartamentos) y se acrecentaron gracias a la existencia de la línea aérea Alicante-Orán o de los trayectos Marítimos ofrecidos por la Compagnie Générale de Transport Maritime. Los contactos económicos también fueron intensos, caracterizados por la circulación de empresas, productos, trabajadores, vendedores ambulantes y por una importante transferencia de tradiciones y técnicas de producción. Desde Alicante emigraron alpargateros, tabaqueros, heladeros y turroneros, ceramistas y vendedores de productos típicos que llevaron a Argelia nuevas costumbres. Paulatinamente, se fueron estructurando empresas similares a las que existían en España, como las de esparto, de tabaco o de bebidas de anís, de las que vieron la luz numerosas marcas como Galiana, Gras o Cristal. (Jordi, 1966; Menages, 2007)

Aunque estos intercambios fueron acompañados por la acción de organismos como las Cámaras de comercio y los consulados españoles en Argelia, se reforzaron gracias a las redes personales y profesionales que se constituyeron como resultado de las migraciones y los desplazamientos entre las dos orillas.

Paralelamente, las primeras generaciones de españoles en Argelia, así como las personas de más reciente instalación, mantuvieron en el territorio relaciones comunitarias que dieron lugar a la reconstrucción de una pequeña España en Argelia. Estos lazos se desarrollaban básicamente en los bares, cafés y clubes de fútbol, así como a través de las peregrinaciones y fiestas religiosas. Se crearon asociaciones filantrópicas y culturales, como el Centro español, la Sociedad española de Beneficencia y el Ateneo español en Orán, o Beneficencia española, Cercle Cervantes o El Orpheon en Argel. También se editó una prensa en español o en valenciano donde se exponían temas argelinos y españoles, como El Patuet, El mosquito o El dimoni Coixo. (Jordi, 1996; Vilar, 1989)

En las generaciones siguientes, ya en su mayoría nacionalizadas, se produjo un cambio. España solía ser para ellos un lugar desconocido, sobre todo si las familias habían perdido el contacto, o un simple destino de vacaciones. Eso no impidió, sin embargo, que la tierra de los ancestros siguiera muy presente en la cultura europea de Argelia y que se viviera de diversas maneras en el día a día. La lengua, la gastronomía, las tradiciones y muchos valores familiares siguieron estando vigentes, especialmente en Orán.  El “ser español” en Argelia fue el resultado de la fusión de elementos culturales andaluces, valencianos, mahoneses y, a la vez, se fundió con las otras culturas presentes en Argelia, dando lugar a un mestizaje cultural, francés y mediterráneo, considerado como original. En efecto, fiestas y tradiciones alsacianas convivían con celebraciones valencianas, la gastronomía parisina, lionesa o provenzal se fusionó con la cocina italiana, judía, árabe o andaluza, y las referencias musicales, cinematográficas y teatrales fueron asimismo múltiples. La literatura que se llamó algerianiste quiso definir esta identidad singular resultante del mestizaje a través de la exploración del argot propio, el pataouète, como hizo Auguste Robinet (Musette) a través de su personaje Cagayous; o de un carácter mediterráneo, como fue el caso de Camus, Audisio o Roblès, y de las revistas Rivages, Fontaine o La Forge. (Bacri, 1983; Hureau, 1987)

El arraigo a lo español se produjo por lo tanto a nivel de las tradiciones familiares o de la cultura plural, pero no implicaba un deseo de regreso a España, con la excepción de los migrantes de más reciente instalación y de los exiliados republicanos. La mayoría de los descendientes de españoles de segunda y tercera generación ya estaban hacia los años cincuenta del siglo XX profundamente enraizados en Argelia.

En efecto, a la representación bucólica e idealizada del Levante español, se oponía una conciencia del retraso y de la pobreza y una memoria de la expulsión de los ancestros, así como un distanciamiento cultural a favor de un afrancesamiento como signo de ascensión social. La nostalgia de la patria quedó entonces reservada a los más ancianos que, en algunos casos, tendrían que volver a atravesar un exilio.

2- Rupturas ideológicas y evolución generacional

Debemos añadir al análisis precedente, la dimensión política e ideológica de la construcción cultural e identitaria de la sociedad europea de Argelia a partir del sustrato español. En efecto, la Guerra Civil y el exilio de republicanos a Argelia produjo una transposición del conflicto en tierra francesa. Esto generó nuevas necesidades de adaptación y de reestructuración social, así como fricciones con las autoridades francesas y entre los nuevos llegados y los Néos o europeos de larga instalación. (Dulphy, 2015). Los exiliados crearon sus propias asociaciones y publicaciones, con un carácter político más marcado, y reforzaron las antiguas dinámicas comunitarias dando lugar a un nuevo “peligro español” que preocupó a las autoridades francesas, mientras que las autoridades españolas aprovecharon para retomar los lazos con sus ciudadanos en el extranjero y reavivar su identificación con la patria de origen.

En el caso de los exiliados españoles, el mito del retorno fue muy fuerte y postergó la integración de muchos de aquellos que se instalaron en Argelia definitivamente. Sin embargo, la persistencia del régimen franquista en España impidió ese retorno que, en muchos casos, se resolvió en 1962 con un exilio a Francia, siendo pocos los republicanos que decidieron regresar a España mientras durase la dictadura. Sin embargo, los descendientes de estos republicanos participaron a menudo también del proceso de asimilación y de afrancesamiento en el que la escuela desempeñó un papel fundamental. Muchos permanecieron fieles a los ideales de sus padres, pero se integraron en una nueva sociedad y cultura.

Hemos dicho que la historia de la presencia española en Argelia es una historia de migraciones. Podemos decir también que la historia de la sociedad europea de Argelia es una historia de asimilación. Hemos hablado de la presencia de imaginarios y representaciones diversos en relación con España y Argelia. También hemos señalado la importancia del mestizaje cultural. Sin embargo, no debemos olvidar que los europeos de Argelia permanecieron, antes y después del éxodo de 1962, muy apegados a la nacionalidad y a la cultura francesas. Cuando éstos tuvieron que abandonar Argelia, se inició una nueva etapa de reconstrucción identitaria en la que la manera de “ser francés” se redefinió y la tierra de los ancestros cobró un nuevo valor.

III- Los pieds-noirs en Alicante: reconstruirse y dejar huellas tras el exilio

1- Llegar a Alicante

Desde finales de los años cincuenta y durante la primera mitad de los años sesenta, pero particularmente durante el verano de 1962, más de un millón de europeos abandonaron Argelia, de los cuales varias decenas de miles transitaron por España. En efecto, por razones de proximidad o de disponibilidad de los transportes marítimos y aéreos, muchas familias que huían de la violencia de manera caótica se dirigieron a Francia tras haber desembarcado en territorio español o haciendo escala en varios de sus puertos. Entre esas personas en tránsito, muchas se implantaron en España y particularmente en la provincia de Alicante, donde se estableció una colonia muy numerosa. Esta comunidad se estimó en 30.000 efectivos (Seva Llinares, 1969) y aunque los trabajos sobre las fuentes estadísticas no lograron confirmar esas cifras (Sempere,1998) la documentación diplomática nos permite pensar que una cantidad cercana a las 30.000 personas podría en efecto haberse instalado en Alicante si tenemos en cuenta varios elementos. Primero, debemos considerar esta colonia pied-noir de Alicante como un grupo heterogéneo formado por franceses y españoles de Argelia, así como por algunas familias provenientes del Marruecos francés. En segundo lugar, debemos tener en cuenta una zona más amplia que iría desde Murcia hasta los límites con Valencia, integrada en 1962 a la circunscripción consular de Valencia y, desde 1967 a la de Alicante. Por último, debemos considerar la instalación de los pieds-noirs en Alicante como el resultado de una superposición de flujos de ida y vuelta entre Argelia, España y Francia que tuvieron lugar desde finales de los años cincuenta y hasta los años setenta principalmente. En efecto, muchas de las familias que se instalaron en Alicante en torno a 1962 terminaron abandonando el país durante la primera mitad de la década, mientras que muchos de aquellos que se habían instalado en Francia, decidieron finalmente mudarse a España.

Varios motivos explican estas tendencias. En el primer caso, España no ofreció a los padres y madres de familia la posibilidad de encontrar empleo en su dominio profesional, o la integración resultó difícil por razones lingüísticas o por la ausencia de redes familiares y de amistad. Por el contrario, otras familias disponían de contactos en España que facilitaron su instalación y pudieron, particularmente en el caso de los comerciantes y pequeños empresarios, invertir en el país y comprar una vivienda por precios muy inferiores a los practicados en la metrópoli. Por lo tanto, autónomos y comerciantes, ayudados por préstamos y facilidades locales, tuvieron más oportunidades en Alicante, que funcionarios o profesionales que prefirieron instalarse en Francia. Asimismo, a muchos de aquellos que ya disponían de apartamentos de vacaciones en la costa alicantina desde finales de los años cincuenta, les resultó más simple instalarse en España. La cuestión lingüística y cultural, así como el clima y el paisaje tuvieron también un peso en la decisión de los exiliados. Muchos pieds-noirs experimentaron cierto rechazo social en Francia y se sintieron culturalmente alejados del metropolitano. Otros no soportaron el clima hostil de ciertas regiones. En ambos casos, fueron numerosos los que se instalaron en la provincia de Alicante en cuanto pudieron, teniendo que esperar muchas veces hasta la jubilación. Por otro lado, ciertos pieds-noirs más aferrados a la cultura francesa y que no hablaban español ni valenciano, tuvieron mayores dificultades para adaptarse en Alicante y se fueron a Francia algún tiempo después. Las trayectorias fueron por lo tanto diversas y dieron lugar a una movilidad constante entre ambos lados de los Pirineos que se extiende hasta la actualidad ((La cuestión de las circulaciones pieds-noirs ha sido tratada en una investigación conjunta con Juan David Sempere, que dará lugar a un artículo.)). Debemos añadir a esos perfiles, el de aquellos que no pudieron elegir su destino en 1962. En muchos casos, las dificultades financieras y la necesidad de ser acogidos por familiares y amigos no dejaron otra opción. Asimismo, una gran parte de los activistas de la Organisation de l’Armée Secrète (OAS) ((Organización política y militar formada por europeos de Argelia y que luchó contra la independencia a partir de 1961.)) que tenían el acceso prohibido a Francia, se instalaron en diferentes zonas de España y particularmente en Alicante, dando a esta región la reputación de refugio OAS.

La buena acogida recibida por los pieds-noirs en Alicante en 1962, las posibilidades de invertir y la reactivación de los imaginarios anteriores a la Independencia de Argelia, permitieron consolidar el mito de Alicante como paraíso pied-noir y perpetuar el efecto de atracción que sigue ejerciendo esta provincia sobre los pieds-noirs instalados en Francia y que fue extensible a los jubilados franceses.

2- De la acogida al éxito de la integración económica

El mito de Alicante se vio reforzado desde los años sesenta gracias al éxito relativo de la integración económica de los pieds-noirs en la región. Además de contribuir al despegue de la región, particularmente en el sector terciario y en los dominios de la restauración, el ocio y el turismo,  a través de la apertura de miles de comercios y pequeñas empresas, introdujeron en la región nuevos savoir-faire, actividades novedosas y modas. En efecto, tanto a nivel del entretenimiento, como de la decoración, la gastronomía, la moda y la belleza, los pieds-noirs impulsaron la entrada de una nueva modernidad y de la sociedad de consumo en la región. Podemos señalar la llegada a Alicante de la pastelería francesa, de las peluquerías unisex, de los pressings, de los apartamentos turísticos “nuevo grito”, de las boîtes y whiskies,  de platos como el couscous, etc.  La presencia de los pieds-noirs tuvo asimismo un fuerte impacto sobre los usos y costumbres y las modas locales, particularmente entre la nueva juventud yeyé.  Esa irrupción fue a menudo calificada de “invasión” porque trajo consigo una transformación del espacio de la ciudad y de la región, que se halló inundada de letreros en francés, de terrazas con sus toldos burdeos y de costumbres venidas desde el extranjero.

Aunque la mayoría de los exiliados se encontraban desde 1962 en una situación muy difícil y que muchas de estas situaciones de extrema dificultad se extendieron en el tiempo, a medio plazo, la integración económica de los pieds-noirs fue globalmente exitosa. Esto se debió a su espíritu emprendedor, que puede explicarse en parte por la experiencia migratoria acumulada a lo largo del tiempo, pero también por las ayudas ofrecidas localmente y el apoyo de la metrópoli. En el primer caso, fueron sobre todo razones políticas las que motivaron una acogida oficial positiva. El franquismo recibió a los exiliados casi sin restricciones e incluso envió en junio de 1962, dos barcos para repatriar a los españoles de Argelia, como maniobra política para conseguir la adhesión de estos migrantes y potenciales dinamizadores de la economía y para hacer una demostración de fuerza frente a potencias como Francia. Los pieds-noirs de Alicante, a los que se les atribuyó un comportamiento político conservador, fueron asociados rápidamente a la causa franquista que los llamó a manifestarse en su favor en varias ocasiones. La presencia de numerosos miembros de la OAS en España y el fantasma de la organización se utilizó también como forma de presión hacia el país galo, sobre todo en el marco de la presencia de exiliados españoles en Francia. Por otra parte, las representaciones difundidas por el régimen contribuyeron a reforzar una idea que ya estaba muy presente en los imaginarios de la sociedad local: la del retorno. En efecto, los alicantinos no habían olvidado la partida hacia Argelia de parientes cercanos o lejanos. Muchos de estos, ahora “franceses” los visitaban a menudo aportando, como hacían los Indianos ((Emigrantes españoles que regresaban ricos de América y cuya figura se transformó en tópico.)), todo tipo de obsequios y de modernidades. La desbandada de los europeos de Argelia en 1962, pudiendo ser sentida como una especie de fracaso colectivo, no pudo más que despertar la compasión de la sociedad local, que, a pesar de los desacuerdos políticos que hayan podido existir, ofreció una acogida calurosa a los exiliados. Esta forma de concebir la llegada de los pieds-noirs como un retorno se inscribió perfectamente en la propaganda del Régimen y particularmente en la celebración de los XXV años de Paz. Por un lado, se presentaba la España franquista como un lugar de acogida, de prosperidad y orden. Por otro, se daba por hecha una supuesta reconciliación nacional que borraba la memoria de la guerra y del exilio republicano.

Tras haber evocado las razones políticas de la acogida favorable a los pieds-noirs, debemos señalar que el marco institucional francés de la provincia de Alicante favoreció desde mediados de los años sesenta, la implantación de los pieds-noirs. En el momento de su llegada a Alicante, existía un consulado francés en Valencia. Tanto el consulado como la Société de Bienfaisance se vieron rápidamente desbordados por el desembarco masivo. La ayuda mutua y el apoyo a las personas necesitadas debieron proporcionarse con los pocos medios disponibles y gracias a colaboraciones informales, contando con la acción de la comunidad misma. Al mismo tiempo, los pieds-noirs se mantuvieron alejados durante los primeros años de la administración francesa, ya sea porque guardaban cierto rencor hacia Francia como por razones prácticas. Sin embargo, la presencia de esta importante comunidad permitió un desarrollo institucional francés que condujo progresivamente a un mejor encuadramiento de la colonia. En 1967 se creó la antena consular de Alicante que se transformaría en Consulado, y la sede alicantina de la Société de Bienfaisance. Poco a poco se pondrían en marcha nuevas asociaciones de franceses en el extranjero, agrupaciones culturales y clubs específicamente pieds-noirs. En 1965 vería la luz el primer periódico extranjero de Alicante, Le Courrier du Soleil, redactado por un grupo de “argelinos”.

La importante presencia numérica de la colonia, además del entramado institucional francés, contribuyó ampliamente al éxito de su implantación. Se crearon redes de autoayuda y de contactos que facilitaron la inversión económica y que fueron impulsadas por los líderes de la colonia. Éstos fueron personalidades con peso político o económico que entablaron relaciones de provecho con las élites locales y con Francia y favorecieron, de ese modo, la revolución económica pied-noir, que tomó la forma de empresariado étnico, pero que anticipó también el nuevo modelo económico que se implantaría en la Costa Blanca.

3- Una comunidad heterogénea

Este éxodo masivo se caracterizó, sin embargo, por su heterogeneidad, tanto desde el punto de vista de los orígenes y de los perfiles cultural y socioeconómico de sus protagonistas, como desde el punto de vista ideológico. Se trataba en general de familias de clase media y humildes, cuya situación financiera se había degradado como consecuencia del exilio y del abandono de sus bienes en Argelia. Si bien hubo un grupo de empresarios de la restauración y el ocio que llegaron con pequeñas fortunas y fueron particularmente visibles en el espacio urbano, estos fueron una minoría. Muchos de ellos, habían logrado salvar sus ahorros desde finales de los años cincuenta, desplazándolos e invirtiéndolos en España, donde habían adquirido un valor netamente superior.

Dentro del grupo de los exiliados de Argelia, podemos distinguir a aquellos que conservaban la nacionalidad española o que habían permanecido mucho más arraigados a la cultura y la lengua española. Estos regresaron muchas veces a sus ciudades y pueblos de origen, como Polop, Callosa de Ensarriá o La Nucia, y se fundieron más fácilmente en la sociedad, a pesar de conservar particularidades lingüísticas y culturales de su vida en Argelia. (Menages, 2007).

El colectivo que se concentró en ciudades como Alicante, en barrios costeros y céntricos en particular, o como Benidorm, siendo el más visible, fue el de los pieds-noirs de nacionalidad francesa o más afrancesados culturalmente. Menos afines a la cultura de la tierra de acogida, contribuyeron a la creación de una comunidad cerrada sobre sí misma. El mantenimiento a lo largo de las décadas de una vida comunitaria se reforzó gracias a la creación en 1962, por un grupo de pieds-noirs, de la Nouvelle École Française d’Alicante (NEF). Este establecimiento escolar, que despegó gracias a los medios y esfuerzos de la colectividad,  se desarrolló en los años siguientes con el apoyo institucional francés y terminó transformándose en el Liceo francés de Alicante. La existencia de esta escuela fue uno de los elementos clave que motivó la permanencia y la instalación de muchas familias en Alicante. La puesta en marcha de la NEF refleja la centralidad que tuvo el uso de la lengua para esta comunidad como fuente de diferenciación con la sociedad local y como base de su identidad en Alicante.

Finalmente, entre los exiliados de 1962, encontramos algunos pocos descendientes de republicanos que decidieron, a pesar de la persistencia del franquismo, instalarse en Alicante, motivados por razones familiares o financieras. La situación de estas familias fue más difícil y les costó más, por razones ideológicas, sentirse identificados con el grupo de pieds-noirs de Alicante.

Sin embargo, todos esos perfiles que hemos esbozado comparten una historia de exilio y migración, la identificación con una serie de elementos culturales que consideran propios, forjados como resultado de una vida en común en Argelia, y cierta idealización de la tierra natal, su “paraíso perdido”. Asimismo, una buena parte de los exiliados de Argelia participaron en un proyecto de integración económica que incluyó a otros grupos de repatriados del Norte de África o de antiguos imperios coloniales. La creación de redes y la puesta en marcha de una forma de economía que se podría calificar como étnica o comunitaria (Portes, 1985), permitió de ese modo el acercamiento y el intercambio entre grupos diversos.

IV- Miradas desde la otra orilla: 

Ya al punto busca y ve el hueco de su propia casa bajo los escombros un hombre. 
Friederich Holderin. El Archipiélago.

1- Reinventarse tras un exilio

La heterogeneidad dentro de la comunidad pied-noir es el reflejo de la heterogeneidad que caracterizaba la sociedad europea de Argelia, construida sobre la base de poblaciones y flujos migratorios diversos, cohesionados en torno a lo “francés”. Sin embargo, el patriotismo característico de los europeos de Argelia se vio afectado en 1962 al confrontarse con la realidad de una metrópoli antaño idealizada y con el rechazo de una parte de la población. Definidos como “repatriados” los pieds-noirs no sintieron sin embargo que regresaban a su patria, y empezaron a cuestionar su forma de ser franceses. El éxodo y el abandono de la tierra natal los empujó a hurgar en su propia identidad y a reconstruirse como pueblo exiliado. Ésta reconstrucción se fundó en gran parte en los imaginarios mediterráneos y se apoyó en la idea de mestizaje.

Sin embargo, en el caso alicantino, el contexto político y cultural empujó a los pieds-noirs a definirse de otro modo.

En primer lugar, debemos señalar que la comunidad alicantina, numéricamente muy importante, muy visible en el territorio y relativamente cohesionada en un espacio limitado, fue objeto de una apropiación política tanto por el franquismo como por las autoridades diplomáticas francesas. El Régimen quiso explotar su imagen de retornados y la prensa del Movimiento insistió en su carácter de españoles. Por otro lado, los cónsules franceses en Alicante quisieron consolidar esta comunidad como colonia francesa, poniéndola al servicio de la expansión económica y cultural de la nación gala. En ambos casos, los pieds-noirs se mantuvieron en un “entredós”. Franceses, sí, pero no como los otros, desarrollaron en paralelo a las iniciativas consulares sus propios proyectos propiamente pieds-noirs. Pocos fueron asimismo los que se consideraron españoles, a pesar de sus orígenes y de su reconocimiento hacia España.

Los pieds-noirs de Alicante se forjaron así nuevas identidades en la identificación con el español, con el fin de distanciarse del francés metropolitano, pero también en la diferencia. Fue en esta diferencia que fundaron su pertenencia a una comunidad, tanto desde el punto de vista de las particularidades culturales desarrolladas en Argelia a partir de una base múltiple, como desde el punto de vista de una nueva recreación puesta en marcha a partir de 1962. En efecto, una vez instalados en Alicante, los pieds-noirs crearon su pequeño universo propio, sus clubs de petanca y asociaciones, su escuela, sus comercios y empresas, sus nuevas tradiciones y puntos de encuentro. Todo eso les permitió mantener su lengua y sus tradiciones y establecer nuevos lazos y dinámicas sociales que tuvieron como escenario el territorio alicantino. Se trató, por lo tanto, de una comunidad que no se forjó únicamente en torno a la nostalgia y a la memoria de Argelia, sino a partir de la creación de nuevas sociabilidades. En ese sentido, debemos añadir que la cohesión de la comunidad y también su identidad, se reforzaron en torno a la capacidad de agency del grupo, es decir, su capacidad de actuar, de asumir un rol ac. La integración económica exitosa, su dinamismo y visibilidad fueron el orgullo de los pieds-noirs de Alicante y les permitieron presentarse una vez más como pioneros y, sobre todo, como actores de su propia vida.

La instalación de los pieds-noirs en Alicante ha dejado huellas en la memoria local y ha permitido a los protagonistas del exilio y a sus descendientes inscribirse en un nuevo territorio y en una nueva historia después de 1962. 

2- ¿Retornados, repatriados, exiliados, migrantes?

Franceses, norteafricanos y también españoles… Pero ¿Cómo perciben los pieds-noirs de Alicante su éxodo? Es importante señalar que el calificativo de repatriados que recibieron los pieds-noirs en Francia, determinado por razones jurídicas, no tuvo una gran aceptación entre la población concernida. Desde 1961, los exiliados de Argelia reconocieron esta denominación que les otorgaba un estatus y el acceso a una serie de dispositivos de acogida y ayuda ((En particular, gracias a la Loi n° 61-1439 du 26 décembre 1961 relative à l'accueil et à la réinstallation des Français d'outre-mer.)). Sin embargo, se trata de una designación efímera, ligada a una circunstancia, y carente de contenido cultural u identitario, más allá del acto del exilio. Por otro lado, los pieds-noirs no fueron considerados en Francia como exiliados, ni como migrantes, ya que se trataba en su mayoría de franceses. No obstante, una gran parte de los pieds-noirs vivieron su instalación en Francia como un exilio. En primer lugar, porque, a pesar de la idealización de la madre patria, la mayor parte de ellos no habían puesto jamás los pies en la metrópoli antes de 1962. Por el contrario, muchos conocían España, país que habían visitado. Luego, porque muchos pieds-noirs señalan haber experimentado una sensación de rechazo y haber sido recibidos como franceses “de segunda”. En cualquier caso, el sentimiento de exilio fue fuerte y contribuyó a forjar la identidad del grupo.

En Alicante, si los españoles de Argelia pudieron ser considerados como repatriados, los franceses fueron recibidos como migrantes, pero, sobre todo, como refugiados, según los términos utilizados por la prensa franquista, o como exiliados. Ninguno de estos términos revestía un verdadero valor legal, sino que tenían un carácter subjetivo y también instrumental. La prensa y la sociedad española los denominó también argelinos, término que ellos no adoptaron, por confundirlos con los pueblos autóctonos de Argelia, pero que usado en la prensa española poseía una carga simbólica fuerte, ya que evocaba claramente aquellos españoles que, en su día, se habían ido al Norte de África y que ahora regresaban, lo que Valero Escandell llamó “los hijos de la emigración”(1992).

El apelativo pieds-noirs proviene de una mirada despectiva, que se extendió desde los años cincuenta en Francia, pero que el grupo terminó por apropiarse. Esta denominación contribuyó a señalar su singularidad y la existencia de una identidad y una cultura propias que se sostenían sobre tres pilares: los orígenes mestizos, la vida en Argelia y el exilio de 1962. La puesta en valor de esos tres elementos permitió a los pieds-noirs inscribirse en una historia más antigua (lo que permitía esquivar las críticas a la colonización que tenían lugar en Francia), la de las migraciones en el mediterráneo, y encontrar así una filiación en diversas historias nacionales, lo que reforzaba la idea de pertenencia a un pueblo singular y el distanciamiento con la metrópoli. Su historia dolorosa de exilio, también central en su construcción identitaria, les permitía de ese modo, plantear su recorrido vital como un desarraigo que se enmarcaba en una sucesión de migraciones y exilios y que se cerraba (contrariamente al “fracaso” de una instalación en Francia) con un retorno, para algunos, o una trasplantación en una nueva tierra de adopción: Alicante. Esta tierra de acogida era familiar y extranjera, pero fue, de manera general, valorada positivamente por los pieds-noirs. El arraigo se hizo efectivo a través de la puesta en funcionamiento de esos imaginarios, pero también de forma efectiva, a través de la territorialización que hemos señalado precedentemente, y del nacimiento de los descendientes. En resumidas cuentas, la identificación con los ancestros y la integración de los hijos y nietos en Alicante permitió a los pieds-noirs de la región encontrar sus raíces e inscribirse en una historia más complaciente. Por lo tanto, a pesar de haber permanecido eminentemente franceses, los pieds-noirs de Alicante encontraron en los imaginarios de retorno un sentido a su trayectoria de vida y un fundamento para su búsqueda identitaria. Por el contrario, los descendientes de republicanos, doblemente exiliados, fueron privados de su verdadero “regreso”.

La integración de los descendientes de pieds-noirs en Alicante fue, en efecto, exitosa. Sin embargo, estos nuevos alicantinos heredaron un bagaje cultural complejo que los llevará a conservar, a lo largo de las generaciones, tanto los contactos con Francia, donde una parte de la familia había podido instalarse, como muchos elementos culturales. Las movilidades entre Alicante y Francia, motivadas por la presencia de la comunidad pied-noir, se intensificaron desde 1962 y fueron muy variadas. Éstas siguen siendo muy intensas en la actualidad. 

Conclusión

Este recorrido que hemos propuesto por la historia de los pieds-noirs de Alicante pone de relieve un fenómeno complejo de migraciones y mestizaje cultural que se inscribe en una temporalidad larga y que implica una superposición de flujos y de pueblos. La percepción de los pieds-noirs de Alicante como herederos de esta historia participa de una serie de representaciones e imaginarios tradicionalmente presentes en el mediterráneo, pero es también el resultado de construcciones políticas y sociales. Tanto las autoridades diplomáticas francesas como las autoridades españolas pretendieron apropiarse del colectivo y añadieron un estrato a la reelaboración identitaria que tuvo lugar desde los años sesenta como resultado del exilio. La figura idealizada de Alicante también desempeñó un papel central, al transformarse en un nuevo paraíso pied-noir. La acogida recibida y la apropiación del espacio de la provincia que llevó a cabo la comunidad pied-noir permitió construir una historia de éxito, que contrarrestó el fracaso del exilio (y el fracaso de la crítica social y política a la colonización) y ofreció a este colectivo una visión de sí mismo más valorizadora. La integración social y económica del grupo fue la base de su reconstrucción social y de una autodefinición positiva, como pioneros, que permitió vencer la nostalgia inherente al exiliado y particularmente al pied-noir.

La integración en Alicante pasó sin embargo también por una construcción identitaria que puso el acento sobre la singularidad cultural y que se sustentó en la recreación de la vida “la-bàs”. Se produjo igualmente una reapropiación de la cultura española que permitió subrayar el carácter auténtico de la cultura pied-noir.

El arraigo a la patria redescubierta de los ancestros, que se convertiría rápidamente en tierra natal de los descendientes, estuvo y sigue estando sin embargo atravesado por relaciones complejas con Francia y con Argelia, que subrayan la dificultad del retorno, el desafío de “no ser de aquí ni de allá, pero de aquí y de allá”. (Missaoui, 2003)  

Notas

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Pour citer cette ressource :

Mariana Domínguez Villaverde, "Españoles de Argelia y pieds-noirs de Alicante: una travesía de ida y vuelta", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), janvier 2021. Consulté le 04/03/2021. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/civilisation/histoire-espagnole/societe-contemporaine/espanoles-de-argelia-y-pieds-noirs-de-alicante-una-travesia-de-ida-y-vuelta