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Gabriel García Márquez - De viaje por los países socialistas: 90 días en la cortina de hierro

Par Edna Córdoba : Étudiante de Master TLEC - Université Lumière Lyon 2
Publié par Christine Bini le 29/05/2014
Présentation d'un recueil de nouvelles de García Márquez. À travers ces nouvelles, il décrit les pays de l'Est qu'il a découvert en 1957. Malgré sa foi dans le socialisme, il ne peut que constater le manque de développement de tous ces pays.

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Esta serie de once crónicas fueron publicadas la revista bogotana Cromos en 1957, luego fueron recopiladas en una edición pirata que se vendió como pan caliente en Colombia y que luego García Márquez terminó por legalizar en 1978.

Acompañado de una diagramadora francesa, Jacqueline, y un periodista italiano, Franco, el escritor colombiano emprende un viaje por la cortina de hierro en el verano de 1957. El viaje empieza en Alemania oriental, continúa en Checoslovaquia y Polonia para terminar en la Unión Soviética a la que entra a través de Ucrania. Su última crónica constituye una visita a Hungría en 1959, país donde un año antes había ocurrido un levantamiento general reprimido violentamente con la ayuda del ejército ruso. Las impresiones del escritor son a veces contradictorias, sin por esto dejar de ser rigurosas y objetivas. Estas contradicciones son apenas naturales pues él mismo se debatía entre su creencia en el socialismo y su constatación de que el desarrollo capitalista era más eficaz en aquella época.  Es así como Gabriel García se enfrenta a la paradoja entre el rechazo rotundo de la represión y la simpatía por ciertos líderes de las democracias populares. Sin embargo el viaje le confirma que el desarrollo capitalista aunque más acelerado es también más desigual, pues no todos los países capitalistas tienen un nivel más alto que las democracias populares.

Berlín

Gabriel García escribió dos crónicas sobre Berlín “Berlín es un disparate” y “Los expropiados se reúnen para contarse sus penas”. El Berlín dividido es una vitrina de propaganda de los dos sistemas. Del lado capitalista hay un apetito comercial que parece trasplantado desde Nueva York y que no corresponde con la realidad económica del país, pues Berlín Occidental no tiene relaciones comerciales con los países vecinos; es un islote en medio del comunismo. La parte oriental, por el contrario, está mal reconstruida; allí la amargura y la falta de entusiasmo que dejaron la pérdida de la guerra y la imposición de un sistema ajeno están latentes, pero todo parece corresponder a la realidad económica, a excepción de la avenida Stalin: la vitrina del comunismo. Hay cines, teatros, restaurantes al alcance de todos; es el lugar donde viven los obreros que mejor comen en el mundo. Berlín es la muestra de la voracidad de los dos sistemas, allí nada es transparente: la gente vive en un lado y trabaja en el otro, todos aprovechan lo que pueden de los dos sistemas y no creen en ninguno. Se trata de un pueblo triste y subyugado. Rodeado de soldados también tristes porque como son extranjeros que vienen a imponer la autoridad no son bienvenidos.

Checoslovaquia y Polonia

El escritor colombiano dedicó dos crónicas a Checoslovaquia y una sola para Polonia. García Márquez nota que la voracidad vista en Berlín se atenúa y que en cada país el comunismo se vive de forma diferente. En Polonia y Checoslovaquia los trámites son más simples que en Alemania Oriental. En las dos crónicas sobre Checoslovaquia “Para una Checa las medias de Nylon son una joya” y “La gente reacciona en Praga como en cualquier país capitalista” el autor atestigua que en Checoslovaquia todos parecen estar más o menos contentos con su suerte, viven bien, comen bien y ganan bien.  Como a las marionetas, las más famosas del mundo, al sistema checoslovaco no se le ven las cuerdas: no hay policías armados, la gente no está al borde de una tensión nerviosa como en Alemania Oriental y la política no es una obsesión, de modo que la gente puede entregarse a sus pequeños problemas banales, lo que no pasa en ningún otro de los países socialistas. La única diferencia evidente con el sistema capitalista es que el nylon es muy caro y que las mujeres deben extremar los cuidados de sus medias.

En “Con los ojos abiertos sobre Polonia en ebullición”, el escritor constata que si Polonia es aún más pobre que Alemania Oriental y los polacos persiguen los pasaportes extranjeros para fugarse del país, en cambio se habla libremente contra el gobierno y contra los rusos, lo que no se ve en ninguna otra de las democracias populares. Los polacos son a la vez antisoviéticos y antiestadounidenses, católicos, nacionalistas y apoyan a su líder Gomulka.  A diferencia de Alemania Oriental, en estos dos países el periodista conoce muchas más personas del común que le contarán sus experiencias personales respecto al sistema. Encuentra estudiantes extranjeros comunistas cuyo único reparo contra el régimen es el de la censura literaria, que consideran una medida innecesaria. Conoce también a antiguos burgueses que votan a favor del régimen por miedo a ser arrestados y que se avergüenzan de portar ropa barata. Según las palabras del escritor, el común denominador en estos países es una aristocracia expropiada e inconforme y un proletariado con complejo de inferioridad.

La unión soviética

García Márquez escribe tres crónicas dedicadas a la Unión Soviética, cuyos títulos son: “URSS, 22.000 metros cuadrados sin un solo aviso de Coca Cola”, “Moscú, la aldea más grande del mundo”, “En el mausoleo de la Plaza roja Stalin duerme sin remordimientos” y “El hombre soviético comienza a cansarse de los contrastes”. Al entrar a la Unión Soviética el en ese entonces periodista colombiano descubre que el país es una aldea gigante: le asombran sus dimensiones extravagantes, casas enormes, campos enormes, monumentos gigantescos. Los pobladores se le parecen a la multitud bobalicona, buenota y saludable que se puede encontrar en los pueblos de Colombia, con el agravante de que, aunque son ateos, tienen una moral tan estricta como la de los católicos más devotos. En su opinión el carácter de estos pobladores de la unión soviética no se debe a la supresión de clases, sino a la intrusión de Stalin en todas las esferas de la vida pública y privada, y al complejo de inferioridad que tienen los soviéticos frente a los estadounidenses. El autor constata un fuerte desarrollo de la industria pesada y aeroespacial en detrimento del desarrollo de los artículos de consumo.

Hungría

La última crónica corresponde a otro periodo. En agosto de 1959, García Márquez se atreve a entrar en Hungría. Después de los acontecimientos de represión violenta del año 1958, el pueblo de Hungría era el más amargado y sin perspectivas de toda la cortina de hierro. El hombre en el poder, Janos Kadar, un hombre salido del proletariado,  llamó al ejército soviético para reprimir el levantamiento del pueblo, que se levantaba siguiendo una consciencia política que el mismo sistema les había inculcado. El motivo del levantamiento fue la escasez de artículos básicos para el consumo. Después de asistir al discurso de Kadar, el periodista colombiano se convence de que éste habría sido un buen gobernante en otras circunstancias y piensa que si llamó a los soviéticos fue para evitar que el régimen cayera en manos de la reacción que estaba tomando el control de los levantamientos. El apetito de sangre de gente que sale a las calles a fusilar y un pueblo que no está contra el socialismo sino contra el régimen de opresión es lo más impacta que Gabriel García vio en su recorrido por los países socialistas.

 

Pour citer cette ressource :

Edna Córdoba, "Gabriel García Márquez - De viaje por los países socialistas: 90 días en la cortina de hierro", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), mai 2014. Consulté le 19/09/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/litterature-latino-americaine/hommage-a-gabriel-garcia-marquez/gabriel-garcia-marquez-de-viaje-por-los-paises-socialistas-90-dias-en-la-cortina-de-hierro