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El arte de representar la guerra (Javier Cercas)

Par Javier Cercas
Publié par Christine Bini le 18/06/2012
Cette page présente un texte inédit (en version originale) de l'écrivain et traducteur espagnol Javier Cercas.

Ce texte a été écrit pour les Assises Internationales du Roman 2012 - Lyon - et sera publié en traduction par les éditions Bourgois dans Le Lexique nomade 2012

¿Cómo representar la guerra? No lo sé. No he vivido una guerra; ni siquiera estoy muy seguro de que algunos de mis libros, que parecen hablar de la guerra, hablen en realidad de la guerra, aunque a su modo intenten inscribirse en el viejo y desprestigiado género de la épica, que es por excelencia el género de la guerra. De lo que sí estoy seguro, en cambio, es de que siempre me sentí fascinado por ella. Claro que en esto no soy muy original. A los hombres siempre nos ha fascinado la guerra, quizá porque, como dice Claude Simon, la guerra es “el único sitio donde se pueden ver bien ciertas cosas”. ¿Qué cosas? Probablemente, nuestras verdades más profundas; quiero decir que, al someter a los hombres a la máxima tensión y obligarlos a enfrentar cara a cara su destino mortal, la guerra pone una lente de aumento sobre la vida, mostrándonos la naturaleza humana en toda su complejidad, revelando a los hombres como seres capaces de lo peor pero también de lo mejor, de abyección pero también de heroísmo. De ahí que apenas haya una obra literaria grande de verdad, desde el principio de la literatura hasta hoy, desde La Ilíada y la Biblia hasta Faulkner o Borges, que de uno u otro modo no trate de la guerra.

¿Cómo representar la guerra? La hayamos vivido o no, de la guerra sabemos una cosa: que es el caos absoluto; resulta tentador pensar, por tanto, que este caos sólo puede representarse mediante el caos. Es lo que parece deducirse del célebre episodio de La Chartreuse de Parme en el que Fabrizio del Dongo, ferviente admirador de Napoleón, combate en Waterloo sin entender nada o entendiendo sólo que la guerra es una confusión y un desorden absolutos, y no “aquel noble y común arrebato de almas generosas que él se había imaginado por las proclamas de Napoleón”. Es lo que parece deducirse, también, de ciertos episodios similares ideados por grandes seguidores de Stendhal: por Tolstoi, por ejemplo, que en la undécima parte de Guerra y paz cuenta cómo Pierre Bezujov participa en la batalla de Borodino sin entender absolutamente nada, o por Vargas Llosa, que al final de La guerra del fin del mundo cuenta la última batalla de Canudos a través de los ojos de un periodista miope y con las gafas rotas, que entiende tan poco de lo que ocurre a su alrededor como entendieron sus precursores en Waterloo y Borodino. El propio Claude Simon es, al menos desde este punto de vista, un heredero de Stendhal, no en vano presenta la guerra, digamos en Les Georgiques, como un lugar ininteligible y azaroso, gobernado por las fuerzas del instinto y la sinrazón; y no en vano critica en ese libro a un personaje llamado O. –evidente trasunto ficticio del George Orwell de Hommage to Catalonia, su gran reportaje sobre la guerra civil española- por falsificar la realidad en el acto de contarla al dar forma a lo informe, al convertir en coherente la incoherencia total y volver inteligible el disparate de la guerra.

La crítica de Simon a Orwell va en realidad más allá: Simon llega a afirmar que la ficción puede ser más fiel a la verdad de la guerra que el periodismo; el asunto es interesante, pero no  hay tiempo de abordarlo aquí (sólo diré que, si se refiere a la verdad histórica, que es una verdad concreta, precisa, factual, a mi juicio Simon se equivoca, pero quizá acierta si se refiere a la verdad literaria, que es una verdad moral, abstracta, universal, una verdad que no atañe a los hechos sino a la experiencia de los hechos). Sea como sea, la pregunta persiste: ¿cómo representar la guerra?; aunque ahora se nos ha convertido en otra: ¿sólo se puede representar el caos mediante el caos? La respuesta me parece evidente: no. Ni La Chartreuse de Parme, ni Guerra y paz, ni La guerra del fin del mundo, ni Les Georgiques son obras caóticas; todo lo contrario: son perfectos mecanismos sometidos a un orden secreto pero riguroso, complejísimas arquitecturas verbales que, como todas las grandes novelas, obran el prodigio de crear una realidad ficticia tan compleja y persuasiva como la realidad real. Esa realidad ficticia puede fingir el caos absoluto de la guerra, aunque sólo a través del orden absoluto de las palabras: un orden que es en apariencia un desorden, pero no en la realidad, porque el desorden real no significa nada, y la literatura es precisamente lo que significa, es decir, lo que da forma a lo informe, convierte en coherente la incoherencia y vuelve inteligible el disparate, incluido el disparate total de la guerra. ¿Sólo se puede representar el caos mediante el caos? No: sólo se puede representar el caos mediante el orden. El caos de la guerra y -dado  que la guerra pone una lente de aumento sobre la realidad, pero no la modifica- también el caos de la vida. Preguntarse cómo representar la guerra equivale a preguntarse cómo representar la vida.

 

Pour citer cette ressource :

Javier Cercas, "El arte de representar la guerra (Javier Cercas)", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), juin 2012. Consulté le 13/11/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/entretiens-et-textes-inedits/textes-inedits/el-arte-de-representar-la-guerra-javier-cercas-

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