Vous êtes ici : Accueil / Civilisation / Histoire espagnole / Les grandes figures / Juan Carlos de Borbón y su imagen pública - 1

Juan Carlos de Borbón y su imagen pública - 1

Par Bruno Rogero : Étudiant de Master 2 TLEC - Université Lyon 2
Publié par Christine Bini le 09/08/2013
Breve como 38 (¿o más?) años / Empiezan los problemas

 

bandeaujuancarlos500_1378624096485-jpg


 

Breve como 38 (¿o más?) años

El 22 de noviembre de 1975, a unas semanas de su 38 cumpleaños, Juan Carlos de Borbón y Borbón se convertía definitivamente en Rey de España. Decimos «definitivamente» porque lo era de manera interina, provisional, desde el 30 de octubre y ya lo había sido puntualmente del 20 de julio al 2 de septiembre del año anterior.

La baja por enfermedad de Franco había sido transitoria, pero la muerte es definitiva y estaba previsto, desde la ley de Sucesión de 1969, que Juan Carlos ocupara la jefatura de Estado cuando el Generalísimo no pudiera hacerlo, fuera por enfermedad (como en 1974) o fallecimiento (como a partir del 20-11-75). Se trataba del primer monarca que tenía España desde abril de 1931, cuando su abuelo Alfonso XIII abdicó tras conocerse los resultados de unas elecciones municipales en que las candidaturas republicanas sobrepasaron ampliamente los resultados de las monárquicas; entretanto, España había tenido 44 años, entre II república, guerra civil y dictadura franquista, para perder la costumbre monárquica y la presencia o ausencia de un nuevo rey no era un debate que se considerara especialmente relevante entre la oposición (clandestina), ni en las filas del régimen, ni mucho menos entre quienes aspiraban a devolver el régimen a la línea más falangista, más nacionalista y autárquica.

A mediados de 2013, podemos decir que el reinado de Juan Carlos I está resultando posiblemente el más estable desde su antepasado Philippe d'Anjou o Felipe V (que reinó desde 1700 o 1714, según en qué zona, hasta 1746), ¿cómo se convirtió lo impredecible en normal?

A finales de 1955, España entraba en la ONU y un Juan Carlos adolescente venía a España para comenzar su instrucción militar. Decimos «venía» puesto que el joven Borbón había nacido en Roma, donde su familia estaba exiliada aquel 1938 y donde seguiría hasta 1942, cuando se trasladarían a Suiza y después a Portugal; si bien el entonces príncipe ya había hecho parte de su escolaridad en España, esta vez parecía venir para quedarse y, al ser casi un adulto, su presencia sería más pública.

La España de mediados de la década de 1950 era la más estable en lo que se llevaba de siglo, dado que la economía española comenzaba a recuperarse de la guerra y las hambrunas posteriores, toda la comunidad internacional (a excepción de México y Yugoslavia) reconocía a la administración franquista y no al gobierno de la República en el exilio como representantes de los españoles y se estaba agotando la actividad guerrillera de los antifranquistas derrotados en 1939 y reforzados tras la liberación de Francia en 1944 (los últimos maquis serían apresados en 1965). El régimen, desde la guerra, había aglutinado a todos aquellos que temían o rechazaban los nacionalismos periféricos y la conflictividad de obreros y campesinos, es decir, a una compleja gama de republicanos de derechas (como los generales Queipo de Llano y Cabanellas), monárquicos liberales (como Eugenio Vegas Latapié, que sería preceptor de Juan Carlos), nostálgicos de la monarquía absoluta e integrista (Comunión Tradicionalista), fascistas monárquicos (como el Bloque Nacional de José Calvo Sotelo) y fascistas antimonárquicos (como FE-JONS, la Falange Española-Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista); el discurso político franquista, sin embargo, se simplificó enseguida: durante la propia guerra , FE-JONS y Comunión Tradicionalista fueron obligados a fusionarse en FET-JONS –que luego pasaría a denominarse Movimiento Nacional–, los demás partidos fueron disueltos o prohibidos y la Iglesia Católica bendijo la «cruzada» del bando franquista y se convirtió en la principal bandera del régimen, el llamado «nacional-catolicismo». Las Cortes franquistas habían declarado España una monarquía en 1947, pero Franco, que no tenía aún problemas de salud ni edad como para preocuparse a corto plazo por su sucesión (había nacido en 1892), no designó a nadie antes de aquel 1969; ni siquiera tenía motivos para temer ser derrocado: siendo poco conocido antes de la guerra, todos los que podían quitarle protagonismo murieron durante esta y todos los que intentaron contestar su liderazgo fueron apartados. En cuanto a sus relaciones con la realeza, Juan de Borbón, el segundo hijo de Alfonso XIII y padre de Juan Carlos I, había propuesto unirse al ejército de Franco, hasta en dos ocasiones, en 1936, pero el Generalísimo no le quiso y parece que la historia se repitió durante la dictadura. Juan, que llevaba años en conversaciones con la oposición antifranquista, rompió con esta, aceptó de hecho la dictadura y la Casa real y el régimen establecieron relaciones más cómodas.

Se especuló con la posibilidad de que Franco se inclinara, para el puesto de rey, por Alfonso de Borbón Dampierre, hijo del primogénito de Alfonso XIII –Jaime de Borbón, que había renunciado al trono por ser sordomudo y que luego quiso reclamarlo– porque tenía el apoyo de la facción falangista de la élite de Franco además de que, desde 1972, estaba casado con la nieta del propio Generalísimo; como se especuló, al contrario, con la posibilidad de que aceptara a Juan o de que esperara a que Alfonso de Borbón y Borbón (1941-1956), hermano pequeño de Juan Carlos, madurara, pero Juan de Borbón fue finalmente obviado y después, como es tradición, se propuso a su primogénito y este aceptó. Alfonso, de todos modos, había muerto trece años atrás en casa, de un disparo accidental de Juan Carlos con la pistola que le habían regalado, para desgracia de toda la familia.

Empiezan los problemas

 

El Príncipe empezó a ir a la universidad en 1960 y, en la España de aquella época, donde la monarquía, decíamos antes, no suscitaba grandes adhesiones ni rechazos, la universidad no era, probablemente, el mejor lugar donde podría estar Juan Carlos, ya que allí las pasiones eran algo mayores y, si a la oposición antifranquista –por lo general, más dada a atacar la monarquía que a defenderla– aún le costaba levantar la voz, los estudiantes falangistas y tradicionalistas sí solían atreverse y, como ya se ha dicho, tampoco eran muy amigos de la monarquía. El joven Borbón, en la universidad como en algunos pueblos que visitaría, tuvo que acostumbrarse a que algunos de sus compañeros de clase abandonaran el aula cuando él entraba o a recibir palabras, gestos y miradas de desprecio, así como algún que otro objeto arrojado, pero encontraría un primer aliado en quien, a lo largo de estas décadas, ha sido uno de los mayores adalides de la monarquía en España, si no el mayor: Luis María Ansón, entonces dirigente de las JUME (Juventudes Monárquicas Españolas) y que después dirigiría el diario ABC y, más tarde, fundaría uno propio, La razón.

Durante los siguientes años, la principal tarea de Juan Carlos de Borbón fue normalizar su presencia en España. Se reunió a menudo con Franco para discutir de la actualidad, contó con la protección de personas que jugarían papeles importantes en aquella época y más recientemente (general Alfonso Armada, Torcuato Fernández Miranda, general Sabino Fernández Campo), pero, más allá de aparecer en algunos actos públicos con Franco u otras figuras del régimen, nunca apoyó, ni mucho menos rechazó, ninguna medida política. La población, no obstante, pudo acostumbrarse no sólo a su presencia en actos públicos, también a sus apariciones en la crónica rosa a medida que se iban conociendo su boda con Sofía de Grecia (1962), los nacimientos de sus dos hijas Helena y Cristina (1963 y 1965, respectivamente) y, en fin, el nacimiento del futuro heredero al trono, Felipe (1968).

No es de extrañar, con estos antecedentes, que nadie supiera predecir si el reinado de este décimo Borbón duraría un año o cincuenta, ¿prefería Juan Carlos la continuidad con el Régimen o una apertura a un régimen liberal? ¿El mismo nivel de centralización, algo menor, un estado federal, incluso... ? ¿Estaba cultivando relaciones con personajes de todos los sectores del Régimen, o sólo de algunos? Y ¿de la oposición? Y ¿en relaciones internacionales, cómo y dónde se situaba, qué opinaba de la OTAN o de la Comunidad Económica Europea? Nada de esto sabía el español medio y poco, incluso, los miembros o dirigentes de los partidos y facciones que, en algunos casos, comenzaban a pensar en la época postfranquista como una realidad concreta que se avecinaba y a la que había que empezar a adaptarse.

Dada la tradición de poner sobrenombres a los reyes (Pedro «el cruel», Isabel «la católica», etc.) no faltaron, en la década de 1970, quienes, de modo burlón, se referían al hoy todavía monarca como «Juan Carlos el breve» contando con que la inestabilidad política podría con él y no al revés.

Lo que hoy día es un hecho consumado era entonces sólo una posibilidad entre muchas: la conflictividad obrera fue en aumento durante las décadas de 1960 y 1970, también lo hicieron las tensiones identitarias (especialmente en el País Vasco y Cataluña, pero no exclusivamente) y, de la mano de uno y otro fenómeno, a veces de ambos, también lo hicieron los ataques con artefactos incendiarios, explosivos o armas contra el régimen, en una dialéctica con los ataques de fuerzas policiales y parapoliciales (grupos irregulares, como los Guerrilleros de Cristo Rey, que atacaban a los que consideraban enemigos del Régimen) que costó decenas de vidas e hizo que los más pesimistas temieran una nueva guerra civil.

Para colmo, sectores de las Fuerzas Armadas, del propio aparato político franquista y de la policía, perdían la paciencia ante la posibilidad de que España se «disolviera» en varios estados y de que el castigo contra quienes atentaban contra ellos (principalmente, ETA y sus escisiones) no fuera más severo. Esta ira, que en principio estaba más centrada en los afines a ETA y en aquellos a los que se consideraba cercanos, se concretaba en los mencionados ataques parapoliciales a particulares, viviendas, librerías o imprentas, pero se convirtió en hostilidad a todo el que no ofreciera «mano dura» con la oposición tras el asesinato por ETA del presidente franquista del Gobierno, almirante Carrero Blanco (20 de diciembre de 1973) y los enfrentamientos de los dos siguientes años, que tuvieron su «respuesta» en ejecuciones (la de Salvador Puig Antich el 2-03-74 y las de tres miembros del FRAP y dos miembros de las dos ETAs el 27-09-75).

El proyecto de Juan Carlos, según se pudo ver después, no se basaba en más mano dura ni en una ruptura con el franquismo: buscaría a aquellos miembros de la élite franquista dispuestos a convertir el régimen español en uno liberal desde dentro y encontraría su principal aliado para ello en Adolfo Suárez. Esa especie de orientación centrista, como si buscaran el término medio aristotélico en todo momento, forjó la reputación de ambos durante todo el proceso llamado de Transición y, aunque la estrella política de Suárez empezara a agotarse en 1981 y lo hiciera de manera más ruidosa tras salir de la jefatura del gobierno, ha constituido probablemente la base de la tranquila carrera institucional de Juan Carlos de Borbón.

Después de un complot golpista abortado antes de concretarse («operación Galaxia», noviembre de 1978), otro más aparatoso ejecutado el 23-02-1981 (el «tejerazo» o «23-F») bajo la dirección de su antiguo mentor Armada y al menos otro, mucho más ambicioso, abortado en sus preparativos en octubre de 1982, la imagen del monarca se convirtió en un símbolo del nuevo régimen, el de la constitución de 1978, que él mismo había impulsado: mientras Juan Carlos estuviera al fondo, presidiendo actos protocolarios y ocupando con su familia las portadas de la prensa rosa, significaría que la vida política constitucional (parlamentaria, judicial, etc.) seguía su curso con normalidad.

 
Pour citer cette ressource :

Bruno Rogero, "Juan Carlos de Borbón y su imagen pública - 1", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), août 2013. Consulté le 25/04/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/civilisation/histoire-espagnole/les-grandes-figures/juan-carlos-de-borbon-y-su-imagen-publica-1