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Martín Kohan o la desarticulación de las figuras míticas argentinas

Par Cécile Cifola Ramirez : Ancienne élève de l'ENS de Lyon - ENS de Lyon
Publié par Christine Bini le 26/03/2010
Che Guevara, Evita, Maradona, Carlos Gardel, San Martín, Borges : Argentina es sin duda uno de los primeros países productores de mitos en el mundo. La presencia iconográfica de esas figuras en las calles de Buenos Aires, la devoción y la pasión que nunca cesan de inspirar, el número incalculable de textos que las homenajean o se empeñan en cuestionarlas, pero también el poder de identificación que llevan en sí : tal amplitud es fascinante y genera muchas preguntas. ¿De qué necesidades, por ejemplo, nacen los mitos, qué papel desempeñan en la sociedad argentina, qué podrían revelar acerca de una identidad nacional ? ¿Por qué esa adoración que linda a veces con la patología ? Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), novelista y crítico argentino, autor de siete novelas, tres ensayos y dos libros de cuentos, se interesa mucho por estas cuestiones y trata de contestarlas tanto en sus ficciones como en sus ensayos y crónicas periodísticas.

Introducción. La omnipresencia del elemento mítico en la sociedad argentina

Che Guevara, Evita, Maradona, Carlos Gardel, San Martín, Borges : Argentina es sin duda uno de los primeros países productores de mitos en el mundo. La presencia iconográfica de esas figuras en las calles de Buenos Aires, la devoción y la pasión que nunca cesan de inspirar, el número incalculable de textos que las homenajean o se empeñan en cuestionarlas, pero también el poder de identificación que llevan en sí : tal amplitud es fascinante y genera muchas preguntas. ¿De qué necesidades, por ejemplo, nacen los mitos, qué papel desempeñan en la sociedad argentina, qué podrían revelar acerca de una identidad nacional ? ¿Por qué esa adoración que linda a veces con la patología ?  Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), novelista y crítico argentino, autor de siete novelas, tres ensayos y dos libros de cuentos, se interesa mucho por estas cuestiones y trata de contestarlas tanto en sus ficciones como en sus ensayos y crónicas periodísticas. En dos de sus ensayos pone al desnudo los procesos narrativos e inconográficos de construcción de esas dos figuras míticas que son el general San Martín [1] y Eva Perón [2]; en cuanto a sus ficciones, proponen con ironía a veces mordaz una desconstrucción y desmitificación (de San Martín, del poeta Esteban Echeverría, de otras eminencias de la historia argentina, y del discurso historiográfico glorificante en general). Antes de dedicarnos a observar los diferentes procesos narrativos utilizados por Kohan, es importante acercarnos teóricamente a la noción de mito, muy problemática, cambiante y más o menos abarcadora según los enfoques y los campos de estudios que la tratan.

Acercamiento teórico a la noción de mito, de ayer a hoy

La noción de mito es muy compleja y resulta difícil, casi imposible, darle una definición precisa. Sus implicaciones varían según el ángulo adoptado : el antropológico-etnográfico, el de las ciencias de las religiones, el de la psicología o el de la sociología. Sin embargo, ya podemos encontrarles a todos estos campos un punto en común : todos analizaron el mito con un solo gran objetivo, el de comprender mejor al hombre. José María Mardones, en su ensayo El retorno del mito. La racionalidad mito-simbólica, propone considerar primero la concepción popular de la noción. Consiste ésta en ver el mito como  una narración falsa o sin base ni fundamento [3], lo cual implica ubicarlo del lado de la explicación precientífica, ingenua, y asimilarlo al cuento y la leyenda. El segundo aspecto es "la exaltación a las alturas ideales" :  

Alguien llega a ser un  mito cuando por sus cualidades se eleva sobre los mortales y se le encarama como modelo de su profesión, deporte u oficio. Así, merced al juego de los mass-media actuales y de la publicidad, tenemos mitos más o menos coyunturales o persistentes del cine, el deporte y hasta la ciencia. (p. 39)

Este aspecto nos acerca a la antigua concepción del mito como la personificación de cualidades positivas tales como el coraje, la belleza, la sabiduría. Por lo tanto, nuestros mitos serían una "actualización ramplona del antiguo politeísmo".   Pero volvamos a la base de todo, para tratar de ser más precisos. El término viene de la palabra griega "mythos", que apunta a la" palabra" en movimiento comunicativo, es decir, al "discurso" y también a "relato" y "narración" . Puede ser definido en primera instancia, como lo desarrolla Mircea Eliade, como un relato de los orígenes : el mito cuenta cómo nacieron las civilizaciones. Está fuertemente ligado a lo sagrado, puesto que los hombres no pueden explicarse tal nacimiento sino como resultado de la actividad creadora de seres sobrenaturales. Las figuras heróicas que pueblan esas historias así como sus trayectorias individuales van a ser llamadas ellas mismas "mitos". "Para Jung y sus seguidores, el mito es un producto colectivo, de raíz inconsciente, surgido en el transcurso de la evolución humana y en el esfuerzo individual por llegar a sí mismo", explica a continuación Mardones. Para resumir, los mitos están recorridos por "arquetipos" o "imágenes primordiales", como los nombra Jung, que se forman en la memoria colectiva al transmitirse de generación en generación, y que hablan del psiquismo del hombre. En otros términos, son como la exteriorización o la conciencia colectiva de las frustraciones, los miedos, las esperanzas más profundas de los hombres. Esta caracterización del mito en su sentido tradicional se podría trasladar a la noción moderna de mito tal como lo describe la concepción popular : el personaje de Evita, por ejemplo, encarnó entre otras cosas la Esperanza, fue un receptáculo de ilusiones para un pueblo sumergido en la miseria, y que necesitaba soñar. También la mitificación tiene un objetivo político fuerte en este caso, como en otros (Maradona mitificado permitió contribuir a la idea de la gloria y la grandeza de Argentina). Esto nos lleva a otra característica fundamental del mito : sirve, según Cassirer, para promover un sentido de unidad y solidaridad entre los miembros de una sociedad, particularmente en tiempos de crisis. Es exactamente lo que pasa con la figura de San Martín, como lo veremos con los análisis de Martín Kohan. Para ser rigurosos y distinguir, por un lado la noción originaria, étnico-religiosa de mito, y por otro la noción a la que asociamos los personajes citados más arriba, nos referiremos a estos con la expresión figuras míticas. Las crónicas, entrevistas y artículos de Kohan nos pueden ayudar a formarnos una idea de su propia concepción de mito, y a la vez a enriquecer la definición del concepto :  

- ¿Por qué [...] eligió [el Colegio Nacional de Buenos Aires] y no otro ? - Porque hace parte de los mitos de la identidad nacional, y esos mitos son importantes porque movilizan voluntades. Además, la literatura me permite enfrentar mi completo escepticismo contra la tremenda eficacia de la mitología nacional. Y otro mito importante que tenemos los argentinos es creer que estamos destinados a la gloria, pero existe en contra nuestra una cierta conspiración internacional. Esa épica nacional del fracaso, tanto en lo político como en lo deportivo. El mejor ejemplo es Maradona [...] [4] Maradona en sí mismo puede no ser nada, pero tiene el poder de significarlo todo (o sea, es un mito). [...] Maradona que es, como nadie ignora, un dispositivo privilegiado de la máquina de la argentinidad, nos devuelve una vez más a nuestro destino de siempre: que no existen logros sin ruina, que los sueños nos nacen frustrados, que el conflicto es el motor de nuestra existencia, que el fracaso nos enamora. Maradona en el 78 (desafectado), Maradona en el 82 (expulsado), Maradona en el 90 (derrotado), Maradona en el 94 (suspendido) completan y complementan al Maradona victorioso de 1986. Maradona nos da sentido, por eso nos tiene hartos; porque el exceso de sentido se soporta menos que su ausencia o que su falta. [5] Podría pensar al Colegio [Nacional de Buenos Aires] como parte de una serie de mitos argentinos (un mito en sí mismo, pero también una usina de mitos) sobre los que giran muchas veces los libros que escribo. Yo no suscribo plenamente a esos mitos, pero tampoco podría decir que soy completamente ajeno a ellos. [6]

Para Kohan, según lo que podemos observar en estas reflexiones, la forma del mito no tiene mucha importancia (puede ser una institución, un concepto, una figura deportiva), pero sí la tiene su función, siempre la misma: ser un condensado de significados que tienden a ser aceptados colectivamente como ciertos. Al principio es una cosa o una persona delimitada, y, luego de una construcción -narrativa o iconográfica, racional y también irracional-, aparece como agrandada y demultiplicada, viene a simbolizar una cultura, una "identidad nacional". Las figuras míticas son la concreción en el plano de la realidad del imaginario de los argentinos, y también puntos de referencia que parecen ayudar a formular qué es la argentinidad. Es de notar cierta paradoja en la manera que tiene Kohan de hablar del mito: a la vez lo presenta como una construcción arbitraria que linda con la afabulación (emite sus dudas sobre la "épica del fracaso" como una especificidad propiamente argentina), y a la vez admite que al menos algunas figuras míticas como Maradona significan de la manera más auténtica el ser argentino. Puede ser que haya para él, simplificando un poco las cosas, dos clases de mitos : los que mienten porque pretenden simbolizar monolíticamente la grandeza argentina (el Colegio Nacional de Buenos Aires, glorioso, prestigioso, productor de próceres), y los que lo dicen todo, porque integran en sí la grandeza junto con el fracaso (Maradona).

Los ensayos : un análisis de los procesos de construcción de las figuras míticas

  La obra entera de Martín Kohan está marcada por una desconfianza hacia todo lo que está petrificado por el discurso, todo lo que es monolítico y glorificante : en un país como Argentina, después de años de dictadura sanguinaria, de crisis económicas y sociales, y en un presente de fuerte desilusión política, el estilo glorificante e hiperbólico que domina los manuales escolares suena desafinado. Las ficciones y los ensayos son en ese sentido complementarios : al desvelamiento de los procesos de mitificación (en los ensayos) corresponden procesos narrativos de desmitificación (en las ficciones).  

Evita

  El primer ensayo, escrito en colaboración con Paola Cortés Roca, se dedica al personaje de Evita, Eva Perón. El prólogo, al definir el campo de estudio, habla del personaje como objeto de una "mitología" : "nos proponemos [...] reconstruir la manera en que se inventa una mitología política" [7]. La proliferación de documentos sobre Evita, que abarcan todos los géneros imaginables (de la historiografía a la novela, del teatro a la ópera y el cine) hicieron de ella, mucho más que un personaje político, un "artefacto cultural". "Ver mediante qué forma los entramados de voces ficcionales y de aquellas otras que dicen no serlo escribieron la inmortalidad sobre el cuerpo de Evita", es el objetivo del análisis. Y más precisamente, observar la proliferación iconográfica y textual, que multiplica los sentidos y hace del personaje una mujer multifacética. El texto intercalado con las fotos comentadas muestra cómo se construyeron varios discursos, apoyándose éstos en imágenes de la infancia de Evita. Un ejemplo : contra la visión de la mujer advenediza y ambiciosa, ampliamente divulgada tanto cuando vivía como después de muerta, se alza el testimonio de la hermana de Eva, Erminda Duarte en Mi hermana Evita : "¡ Te sentías tan feliz sobre el escenario ! Tu sueño de ser artista, ya despuntado en tus primeros años de infancia, empezó así a ser real, a tornarse más fervosoro". Para confirmarlo, una foto de 1921, de circulación pública, de la pequeña Eva disfrazada con sus hermanos y con evidente pose de artista. Una foto que legitima su vocación y borra la idea de la "trepadora más o menos indecente". Muchísimas otras completan el retrato multifacético : es una estrella, es una niña frágil e inocente (sus primeros papeles en el cine juegan con ese aspecto), es mujer del pueblo, Primera Dama. Apasionada, luchadora, dulce y materna. Un segundo capítulo se enfoca en las fotografías y los discursos que, al describir a Evita durante la enfermedad y la muerte, resaltaron la batalla de una luchadora contra el cáncer, el martirio :  "[Eva] se enferma porque "da la vida por los otros". En este sentido, la enfermedad se recupera como otro de los aspectos que oponen su figura a la lógica burguesa y la entregan al pueblo". El tercer capítulo se dedica a la mitificación del personaje por la literatura, o más bien un principio de desmitificación, puesto que varios textos pueden ser vistos como "señalamiento distante de la veneración fetichista". Para citar sólo algunos ejemplos, Borges contradice la inmortalidad al escenificar el funeral de Eva como una farsa en el cuento "El simulacro" ; David Viñas también le quita toda solemnidad a la escena donde la gente hace la cola para acceder al cuerpo de la difunta en "La señora muerta" ; en cuanto a Rodolfo Walsh, elabora un relato policial, "Esa mujer", cuyo título ya dice mucho con lo despectivo de su pronombre demostrativo. Veremos luego cómo Kohan participa a su manera de esa tendencia desmitificadora con otras figuras históricas. Con este ensayo lo que hace es poner al descubierto todos los elementos que demuestran que el producto final Evita es una suma de estrategias de representación que tienen una finalidad política. Sin juicio de valor, incita a la distancia crítica a la hora de considerar a las grandes figuras de la historia argentina.  

San Martín

  San Martín es el máximo prócer de la historia argentina, portador supremo de los valores de la argentinidad. Kohan le dedicó su tesis de doctorado, y se publicó en el 2005 su ensayo Narrar a San Martín. El cuestionamiento es similar al que inspira la obra sobre Evita : de qué manera una figura mítica como la del Padre de la Patria (es de notar que Kohan emplea más este término junto con el de héroe, que el de mito, quizás para evitar una noción teñida para él de demasiado escepticismo) emergió de una suma de narraciones :  

Indagar en la heroicidad de un prócer -la heroicidad no es un dato real, es un acto de significación- supone [...] preguntarse por los modos narrativos en que se lo representó. [...] Sin disminuir ni relativizar su espesor de realidad, por lo tanto, ni mucho menos concebirlo lisa y llanamente como un personaje de ficción, se puede establecer en cualquier caso que la figura heroica de José de San Martín, su condición de Padre de la Patria, su jerarquía de prócer sin igual, resultan de la manera en la que fue representado y en la que fue contada su vida. (p. 39)

  Se trata aquí, como con la figura de Evita, de desarmar el producto "mito" para distinguir cada pieza que lo compone y poner de relieve el largo proceso previo, el complejo mecanismo. Cómo se hizo una figura tan indestructible. Tras una introducción alimentada de anécdotas que son pruebas muy tangibles de la veneración de la que es objeto San Martín, Kohan se enfoca entonces en cuatro textos fundamentales en la construcción de la figura mítica : cronológicamente, el de Juan María Gutiérrez,  Biografía del General San Martín ;  Domingo Faustino Sarmiento en artículos dispersos ; Bartolomé Mitre, Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana; y  Ricardo Rojas, El Santo de la espada. Al proponer biografías, los autores instalan al prócer en la historia, como héroe guerrero, santo y Padre de la Patria. Retomemos las características del mito que destacábamos al principio : "la exaltación a las alturas ideales", primero, es muy significativa en su caso (es un gran guerrero, es honesto y humanista, tiene un gran espíritu de sacrificio, es moralmente puro, etc.) ; como Padre de la Patria, su carácter fundacional lo acerca a la concepción originaria de "relato de los orígenes" ; la relación con lo sagrado también la tiene su figura santificada por Rojas (así como la de Eva Perón, llamada por algunos Santa Evita) ; la exteriorización o la conciencia colectiva de las frustraciones, los miedos, las esperanzas más profundas de los hombres también se le aplica en el sentido en que podría considerarse como la exteriorización de un fuerte deseo de grandeza del pueblo argentino -si seguimos a María Cristina Pons en su ensayo Delirios de grandeza. Los mitos argentinos : memoria, identidad, cultura [8]: sirve para promover un sentido de unidad y solidaridad entre los miembros de una sociedad, nada más cierto, según Kohan : "San Martín en Argentina es el afuera de la discusión, el afuera de todas las discusiones, es el espacio asegurado de reconciliación y suspensión de conflictos" (p. 47) ; y por último y sobre todo, es el símbolo supremo de la identidad nacional, es su fundador. Aparece José de San Martín, entonces, como la figura mítica por excelencia, una figura que no tendría el mismo estatuto sin esos textos fundadores. Porque "no hay épica en sentido estricto hasta tanto no haya relato épico" (p. 38). En otros términos:  

La historia no es una ficción, por supuesto, cualquiera sabe que no lo es, y cualquiera sabe que lo hechos reales existen objetivamente [...]. Pero es la narración la que imprime en ellos un sentido, ya sea por cómo los selecciona, con un determinado criterio de relevancia, o por cómo los conecta, por medio de una determinada lógica causal o temporal. (p. 39)

Las ficciones : desarticulación, desmitificación, ironización

El sargento Cabral

El protagonista del cuento "Muero contento" [9] es el sargento Cabral, figura mítica de la historia argentina : es el soldado que sacrificó su vida para salvar al general San Martín durante la batalla, mítica ella también, de San Lorenzo. La marcha militar que todos los Argentinos se saben de memoria le dedica su última estrofa, atribuyéndole gloria, heroísmo, sacrificio patriótico e inmortalidad [10]. Según el propio San Martín, las últimas palabras del joven habrían sido "¡Viva la Patria ! muero contento por haber batido a los enemigos" [11]. El título evidentemente irónico del cuento anuncia el tono : Cabral es un jovencito perdido entre el humo y el ruido de la batalla, completamente desorientado y desamparado, que no tiene ganas de morir, y que se encuentra salvándole la vida a su jefe por pura casualidad. Como muchos de los personajes de Kohan, se caracteriza por una fragilidad y una simplicidad conmovedoras. Desde la primera página, el lector entiende que el personaje podría dificilmente identificarse con un héroe que pretendría morir "contento" por la patria. La evolución narrativa imita el movimiento de una pérdida de identidad, una especie de despersonalización, movimiento exactamente inverso a lo que pasa con la mitificación (pudimos ver más arriba, con el caso de Evita y San Martín, cómo las figuras van ganando espesura mientras se van tramando los diversos hilos narrativos): en las primeras líneas el narrador omnisciente, que adopta una focalización interna, lo describe con adjetivos que aunque negativos sirven para definirlo específicamete a él : "mareado", "aturdido", "confundido". Luego la descripción se exterioriza y se nos hace presente sólo a través de adverbios como "atontadamente". Tercera etapa del movimiento del centro hacia lo exterior y la indeterminación, ya no quedan más que pronombres interrogativos que martillean su pensamiento, que se imponen a él : "dónde, dónde, dónde", "quién, quién". Tiene ganas de llorar. Lo llama una voz, la "del jefe", San Martín, quien para el lector, extremo distanciamiento de la "veneración fetichista" (ver más arriba) no será más que "el otro" hasta el final del cuento. Y que grita "¡la puta madre!"  atrapado debajo de su caballo, tal un hombre vulgar. El decorado ha perdido la luminosidad de las ilustraciones de batallas de los manuales de historia : puro humo, caos, "mucho ruido, mucho hum"o, "tanto alboroto", "griterío generalizado", "caos de caballos y de sables". Después de sacar al jefe de debajo del caballo, el joven soldado clavado por una bayoneta enemiga entiende rápidamente que se va a morir. Es de notar la condescendencia algo cariñosa del narrador omnisciente hacia el personaje, que es un poco simple ; su punto de vista contribuye a desolidarizar al lector de Cabral ("A Cabral le parece decisivo resolver esta cuestión, sólo sabe él por qué") lo cual impide por completo el tipo de identificación que se suele hacer con una figura de héroe. El final está marcado por la recurrencia del término "triste" y sus derivados "tristísimo", tristeza, marcando insistentemente la distancia entre el discurso fijado por la Historia, y lo que bien podría ser lo que pasó verdaderamente -sin olvidar que la verdad no es lo que le interesa a Kohan, siendo lo importante más el hecho de emitir una duda sobre lo demasiado fijado e indiscutible/indiscutido. El mito queda desintegrado :  

Cabral siente, ahí tirado, en medio del polvo, una enorme congoja, una terrible pena, una desdicha imposible de medir. Sabe que se va a morir. Y no es ningún tonto, de modo que está tristísimo. Alguien, quizás el jefe, se le acerca, se pone en cuclillas junto a él y le pregunta cómo se siente. Cabral alcanza a pensar, mientras se muere, que nunca jamás en la historia existió hombre que sintiera más tristeza que él en ese momento. Pero decirlo le da vergüenza. ¿Qué van a pensar de él ? (p. 19)

San Martín

Si el sargento Cabral aparece bajo una forma conmovedora, San Martín es literalmente ridiculizado en otro cuento, "El libertador" [12], pero sobre todo en la novela El informe. San Martín y el otro cruce de los Andes [13]. Al contrario de lo que deja creer el título -primera provocación-, San Martín es un personaje totalmente secundario que no aparece sino al final de la novela. Tiene la grandeza de los cuadros de marco dorado, la de las estatuas ecuestres de altura desmesurada, mas la ironía del tono hace trizas de la gloria y la dignidad del héroe, la que los discursos historiográficos y políticos impusieron a través de los años :  

Se puso de pie el Libertador, y respiró profundamente el saludable aire cuyano. Caminó un poco, verificando que sus botas brillaran al sol. A lo lejos, se divisaba la inmensa cordillera, esa inmensa cordillera que él, más grande aún, había vencido. La más alta cumbre, el vuelo de un cóndor, el mismo cielo, todo, comprendió Juan, emocionado, se empequeñecía en presencia de este magno titán. Pió un pajarillo. El Libertador tosió. (p. 234)

El quiasmo final que pone en un mismo plano a San Martín y al pajarito tira abajo toda la nobleza de los elementos a los que estaba asociado. Más que desarmar el artefacto mito, como lo hacía en los ensayos, Kohan aquí lo tuerce, casi podríamos decir que lo hace pedazos, lo desarticula. Ahora bien, es importante destacar que la posición del autor no es la de un destructor de mitos porque sí, y que esas elecciones narrativas no consisten en ataques gratuitos contra los héroes de la Nación. La dimensión lúdica de la escritura es aquí fundamental ; si juega a maltratar a los mitos y sobre todo a San Martín, es porque son indestructibles en sí. La irreverencia no podría debilitarlos, aunque sea porque, en la opinión de Kohan, la literatura no tiene peso suficiente en la sociedad como para pretender revelarle verdades o influenciar su opinión (no lo deplora, sólo lo observa). Se podría cuestionar un poco esta concepción : además de hacer reír al lector, ¿no lo estará  invitando también a adoptar una distancia crítica frente al discurso historiográfico, al menos ? Otro elemento importante, volviendo al Informe, para mostrar que la destrucción no es unívoca : si la gloria de San Martín está invertida, lo es sin embargo en boca de un narrador ridículo, grotesco, y que vuelve la lectura en algunos momentos divertidísima. Alfano, en efecto, está encargado de redactar un informe sobre la gesta sanmartiniana para un historiador que prepara un libro sobre la provincia de Mendoza. Éste le pide hechos, fechas y referencias precisas para su ensayo ; pero el informe de Alfano resulta ser un relato interminable y lleno de cursilerías sobre la travesía y estadía en Mendoza de un regimiento español que el Ejército Libertador hizo prisionero en la batalla de Maipú. Y en particular, se detiene sobre uno de sus soldados, Juan Ordóñez, que se enamora de una mendocina de buena familia. Provocaciones a la historia oficial : primero, tomamos el punto de vista del vencido, de un hombre cualquiera ; segundo, el protagonista esencial de ese momento de la historia, San Martín, aparece sólo brevemente al final del relato, e ironizado ; tercero, nos enteramos al final que la totalidad de lo que cuenta el narrador pasó en San Juan, no en Mendoza, infidelidad que él presenta como una pequeña "licencia poética"... Aunque sea dentro de un relato desacreditado por la actitud de su narrador, San Martín sale un tanto empequeñecido del asunto, y bastante desmitificado.  

Esteban Echeverría

La figura de Esteban Echeverría, mito literario argentino (si San Martín es el Padre de la Patria, él es considerado como el padre de la literatura nacional, ya que su obra fue canonizada como fundacional), aparece en una novela de Kohan que se publica en el 2000 : Los cautivos. El exilio de Echeverría [14]. La estrategia narrativa frente a la figura mítica es ahí muy diferente, mucho menos mordaz, como si el grado de ironía fuera proporcional a los excesos de idealización de los personajes o al nivel de unanimidad que suscitan. Y Echeverría es mucho más discreto que San Martín en el imaginario argentino. La novela cuenta el exilio del poeta a través de la historia de dos mujeres que lo amaron. Nunca aparece en la escena : se refugió en la casa de un amigo para escribir, a salvo de las persecuciones del régimen federal de Rosas. Alrededor de la mansión, los gauchos y peones de la estancia Los Talas viven su vida sin saber nunca que está ahí : él sólo recurre a la ayuda de Luciana Maure, una chica joven que guarda su secreto y le trae víveres mientras todo el mundo duerme. Él le enseña la lectura, la riqueza de la palabra y el amor. El poeta no está en ninguna parte : escapa permamentemente a la visión del lector, deliberadamente escondido dentro de la casa-refugio, con la excepción del momento en que el padre de la chica distingue a lo lejos su silueta (nada más) ; y en la segunda parte, su amante lo busca sin nunca encontrarlo. Sin embargo a la vez está en todas partes, y de dos maneras : primero, como objeto de deseo entre Luciana y Estela Bianco, prostituta de Colonia del Sacramento que estuvo con el poeta durante toda su estadía ahí, después de la de Los Talas y antes del exilio de Montevideo. Las mujeres se hablan y pronto se dan cuenta que son rivales, pero la tristeza común las acerca. El juego entre presencia y ausencia del poeta llega a su paroxismo en la escena sexual entre las dos mujeres, que al besarse buscan reencontrarse con el hombre amado. Segundo, en el juego de intertextualidad que Kohan establece durante todo el relato con la obra de Echeverría, más precisemente con sus dos obras mayores : La Cautiva, de la que hace eco el título mismo de la novela, y El Matadero. Ese diálogo se hace más manifiesto cuando el narrador de Los cautivos se dedica a describir la bestialidad de los gauchos :  

Echeverría se le escabulle [al lector], sinuoso, más que en el exilio, en el fondo de las palabras del narrador. Un narrador actual, que es y no es Echeverría, que retrata a los gauchos y a los personajes de la partida federal exacerbando el modo en el que Esteban Echeverría los había retratado en su propia obra. [...] Esos gauchos son retratados por un narrador actual que asimila, ironiza y parodia el sistema axiológico e ideológico desde el que mira el Echeverría de "La cautiva" y El matadero. [15]

Volvemos, otra vez, a una idea de ironía y de irreverencia : Kohan parodia la palabra de Echeverrería, su (anti)mito de escritor. Salvo que el juego intertextual en sí es una manera de reivindicar una paternidad, que no tiene nada que ver con la desarticulación de otras figuras míticas, como lo vimos más arriba. Echeverría no es el único con el que Kohan dialoga al crear hipertextos [16] : también lo hace con Borges, otro gran mito, Miguel Cané, Dino Buzzati, tema de estudio muy amplio que reservaremos para otro trabajo.  Podríamos concluir que el mito del Escritor para Kohan, que es un anti-mito, consiste en eso : un hombre que escribe lejos de la mirada de los otros, que cumple con una labor secreta y profunda, en toda discreción. De hecho, él mismo se define como un docente que escribe. Para completar el cuadro, una cita en un artículo de Perfil, revista de la que es columnista regular, en un homenaje al novelista Gabriel Báñez :  

Para mí un escritor de veras es el que entiende hasta qué punto la literatura se relaciona siempre con el fracaso y transcurre siempre en lo desapercibido, incluso, o sobre todo, cuando tiene éxito o cuando gana notoriedad. [17]

Conclusión

Contra la "veneración fetichista", entonces, Martín Kohan desarrolla dos procedimientos complementarios : uno que consiste en subrayar el carácter de producto narrado (textualmente o iconográficamente) que resulta ser cualquier figura mítica, y otro que ironiza, desmitifica, desarticula. Si hay mitos aceptables, hay que buscarlos del lado de la fisura, parece decirnos Kohan. Y a los que estén establecidos unánimemente como indestructibles, garantes de grandeza, portadores de valores exclusivamente positivos, no está mal tratarlos con un poco de irreverencia. Integrarlos y a la vez imponerse para con ellos una distancia crítica, como hace un hijo frente a sus padres para poder crecer.  

Notas

  1 - Martín KOHAN, Narrar a San Martín, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2005.  

2 - Martín KOHAN y Paola CORTÉS ROCA, Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón : cuerpo y política, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1998.  

3 - José María MARDONES, El retorno del mito. La racionalidad mito-simbólica, Madrid, Editorial Sintesis, 2000, p. 39.  

4 - BARROS ESCORCIA, Libardo, Cómo vivir no sabiendo cuando en verdad se sabe, Blog de Lauren Mendinueta, Inventario, 2 de abril de 2008. http://www.laurenmendinueta.com/entrevista-a-martin-kohan/  

5 - KOHAN, Martín, "El nuevo gran DT", Perfil, Buenos Aires, 15/11/2008.  

6 - SASTURAIN, Diego, Martín  Kohan : "Ganar un premio tiene una parte de orgullo, pero trato de sosegarla", Revista Ñ, Clarín, 24 de diciembre 2007.  

7 - Martín KOHAN y Paola CORTÉS ROCA, Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón : cuerpo y política, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1998  

8 - PONS, María Cristina, SORIA Claudia (comp.), Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 2005. En la mentalidad colectiva del país, la idea de esa misión [la de la liderar a América Latina] y de ese destino de grandeza es una posición que se mantiene muy presente. (p. 19)  

9 - KOHAN, Martín, Muero contento, Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1994  

10 - el sargento Cabral, a quien por ende le corresponderá la estrofa final de la Marcha de San Lorenzo de modo de establecer para él también las dotes del heroísmo (Cabral, soldado heróico), la gloria (cubriéndose de gloria), el sacrificio por la patria (cual precio a la victoria, su vida rinde) y la inmortalidad (haciéndose inmortal). Cabral es una de las primeras piezas del pedestal que habrá de sostener la gloria emblemática de José de San Martín, Narrar a San Martín, p. 17.

11 - Citado por Felipe PIGNA, Los mitos de la historia argentina, Buenos Aires, Booket, 2009, tomo 2, p. 26  

12 - Martín KOHAN, Una pena extraordinaria, Buenos Aires, Ediciones Simurg, 1998, p. 97-121. Tres confesiones, tres narradoras de tres generaciones distintas : la joven esposa de San Martín, su hija, su nieta. El lector se entera en el primer relato que Merceditas probablemente no es la hija biológica del Libertador.  

13 - Martín KOHAN, El informe. San Martín y el otro cruce de los Andes, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997  

14 - Martín KOHAN, Los cautivos. El exilio de Echeverría, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000  

15 - Elena VINELLI, "Los cautivos como reescritura, reversión y parodia de la palabra ilustre de Echeverría", Hologramática literaria, N° 1, Universidad del Salvador, 2005.  

16 - Gérard GENETTE, Palimpsestes, Paris, Seuil, 1982. J'entends par là toute relation unissant un texte B (que j'appellerai hypertexte) à un texte antérieur A (que j'appellerai, bien sûr, hypotexte) sur lequel il se greffe d'une manière qui n'est pas celle du commentaire. (p. 11-12)  

17 -"La muerte de un escritor" , Perfil, Buenos Aires, 17/07/2009  

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Pour citer cette ressource :

Cécile Cifola Ramirez, "Martín Kohan o la desarticulación de las figuras míticas argentinas", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), mars 2010. Consulté le 14/12/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/ojal/clavel/martin-kohan-o-la-desarticulacion-de-las-figuras-miticas-argentinas