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Julio Ramón Ribeyro y la narrativa urbana en el Perú

Par Izia Douix : Master 2 Traduction littéraire et édition critique - Université Lumière Lyon 2
Publié par Elodie Pietriga le 21/07/2016
Julio Ramón Ribeyro (1929, Lima – 1994, Lima) no tiene el reconocimiento que se merece. En efecto, es una de las cabezas del cuento hispánico moderno al mismo nivel que Borges o Cortázar. Su obra cuentista – que no fue su única producción literaria – debe ser leída por su innovación literaria, su palabra tan aguda y su temática universal.
Una presentación del mayor cuentista peruano 
 

Julio Ramón Ribeyro (1929, Lima – 1994, Lima) no tiene el reconocimiento que se merece. En efecto, es una de las cabezas del cuento hispánico moderno al mismo nivel que Borges o Cortázar. Su obra cuentista – que no fue su única producción literaria – debe ser leída por su innovación literaria, su palabra tan aguda y su temática universal.

Por lo tanto, pretendemos con el presente artículo ubicar a Julio Ramón Ribeyro dentro de su época literaria nacional e internacional presentando unas de las características principales de sus cuentos.

Julio Ramón Ribeyro nació en Lima en 1929 en una familia de clase media alta. Desarrolló un gusto por la literatura desde muy joven. Después de sus estudios de Letras y Derecho, obtuvo una beca y estudió Periodismo en Madrid a partir del año 1952. Empezó entonces a escribir. Después de terminar sus cursos, Ribeyro se quedó a vivir en Europa por más de 40 años, alternando entre estadías en París – principalmente – y otras ciudades del Viejo Continente, y estadías en Perú. Fue, por ejemplo, profesor y director de extensión cultural en la Universidad de Huamanga en Ayacucho, pero luego Embajador del Perú ante la UNESCO en París entre 1986 y 1990.
En los últimos años de su vida, ganó dos premios literarios importantes: el Premio Nacional de Literatura y Cultura en Perú (1993) y el Premio Juan Rulfo (1994).
Se ha publicado la totalidad de sus cuentos y relatos breves en dos ediciones importantes:
- Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1994 (las citas de cuentos están extraídas de esta edición)
- La palabra del mudo, Milla Batres Editores, Lima, en cuatro volúmenes publicados entre 1973 y 1992

Contexto literario del Perú

La innovación del cuentista peruano no es experimental en la forma, sus cuentos son más bien de un realismo bastante tradicional, lo que lo aleja de los demás autores del boom hispanoamericano. Sin embargo, renueva la literatura desde la perspectiva temática ya que es uno de los primeros autores en centrar la mayoría de sus textos en la ciudad, en particular en Lima, para denunciar los efectos de la modernización.

Este movimiento se inscribe en un movimiento generalizado en Hispanoamérica que algunos críticos trataron de explicar según varios factores: el desarrollo importante de las ciudades y los cambios socioeconómicos que viven todos los países del continente, la ambigua relación que tienen esos países con las guerras mundiales, la influencia del existencialismo de Sartre y Camus, el desarrollo de la literatura de protesta encabezada por Roberto Arlt y con César Vallejo como mayor representante peruano, la influencia del surrealismo, y muchos más factores. En conclusión, la crisis es mundial y los autores hispanoamericanos reciben una fuerte influencia europea.
Julio Ramón Ribeyro se inscribe en la llamada “Generación del 50” en Perú. Después del golpe de Estado del general Odría en 1950, el Perú sufre un cambio socioeconómico fuerte que se hace de manera rápida y desorganizada. Se abre el mercado y se incrementan las inversiones privadas e internacionales. El país, que era mayormente rural con el 75% de su población en el campo, sufre su mayor éxodo rural hacia Lima. Así la ciudad crece de forma espectacular, desarrollándose en los cerros que la bordean, donde se crean los suburbios más pobres en los arenales. Salazar Bondy la describe entonces como “Lima la horrible”. Y la Generación del 50 se crea como el primer grupo que pretende fijar literariamente el espacio de la Lima moderna en la literatura nacional. Los principales representantes de este movimiento literario son Enrique Congrains, Oswaldo Reynoso, Eleodoro Vargas Vicuña, Sebastián Salazar Bondy, Carlos Eduardo Zavaleta y Julio Ramón Ribeyro. Además de ofrecer una visión nueva de la temática literaria describiendo las consecuencias del modernismo como el éxodo rural y el desarrollo de la clase media – parte de la población que recién se convierte en protagonista literaria – esta generación pretende también profesionalizar la actividad literaria y renovar la expresión literaria. No son innovadores internacionales – por lo cual no son tan conocidos como otros autores del boom – pero crean una tradición narrativa en Perú abandonando la perspectiva nacionalista y ruralista anterior.

En efecto, la tradición literaria peruana anterior era muy diferente. Se trataba de una literatura indigenista con José María Arguedas y Ciro Alegría como mayores representantes. La narrativa indigenista comenzó en los años 1930, su meta era nacionalizar e universalizar la identidad indígena, dar a conocer a este pueblo que recién se integra a la sociedad peruana. Es una literatura entre dos mundos, característica de la situación de los indígenas en Perú que viven entre la cultura criolla hablando español y la cultura inca hablando quechua. Por lo tanto, los textos de José María Arguedas y Ciro Alegría mezclan las dos lenguas, aunque estén escritos en español, se encuentran palabras quechuas en los discursos. Además, se incorporan los mitos y tradiciones de este pueblo. El ámbito principal es, evidentemente, la sierra, donde vive este pueblo.

Julio Ramón Ribeyro, junto con otros autores de la Generación del 50, representa así la transición de una narrativa indígena a una narrativa urbana. Cabe precisar que no todos los autores de esta generación siguieron este cambio, sino que este movimiento literario se separa en dos grupos: los autores del realismo urbano – a los cuales pertenece Julio Ramón Ribeyro – y los autores del neoindigenismo que es un movimiento que sigue las huellas de José María Arguedas y Ciro Alegría – con autores como Manuel Scorza –. Ambos presentan una realidad nacional y es interesante leerlo todo porque estas realidades son muy distintas pero conviven en el mismo país.
En este trabajo nos centramos únicamente en el realismo urbano que es el que desarrolló el cuentista, Julio Ramón Ribeyro, en un clima de escepticismo, fatalismo y pesimismo que desarrollaremos a continuación. Es interesante precisar que una de las razones por la cual Ribeyro fue poco conocido también es porque su obra de mayor importancia son los cuentos y que se le dio al inicio poca importancia a este género literario dentro del boom. Pero luego, felizmente, críticos como Julio Ortega resaltaron el trabajo de los cuentistas demostrando que ellos también escribían una literatura que presentaba la evolución de la sociedad. El cuento en Perú es un género importante, que tiene una larga tradición con las famosas Tradiciones del autor Ricardo Palma que son relatos cortos que presentan el folclore de los pueblos peruanos. Julio Ramón Ribeyro usa este género literario porque dice que la tarea de escribir una novela lo agobia y lo llena de frustración – logra sin embargo escribir tres de ellas – mientras que el relato corto lo fascina desde niño y llega a escribir un decálogo personal del género a la manera de Poe y Quiroga – que se encuentra en el prólogo del tomo 1 de La palabra del mudo - del cual solo citaremos un punto para describir su estilo:

El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.

La modernización

Como ya lo evocamos, el tema principal de la obra de Ribeyro es la modernización que se presenta en la ciudad. A través de sus cuentos busca dar a conocer las consecuencias de tal proceso, consecuencias mayormente negativas según él.

Así, propone una exploración de la realidad que transcribe en una literatura de realismo crítico con fuertes influencias de autores como Maupassant, Stendhal y Chejov. Ese realismo se encuentra desprovisto de sentimentalidad aunque los hechos sean inhumanos y los actores puedan ser niños inocentes. Tal es el caso con el cuento más famoso de Ribeyro: “Los gallinazos sin plumas” que relata la historia de Efraín y Enrique, dos niños que viven con su abuelo, anciano cruel que los explota mandándoles buscar basura para dar de comer a su cerdo. La visión de la ciudad de Lima es terrible, se presenta como un espacio inhospitalario, gris, caótico y deshumanizado que parece tener una influencia directa en sus habitantes pues ellos se vuelven crueles, hasta el más inocente de todos – el niño – que termina actuando con crueldad también. En este cuento se relatan hechos muy inhumanos de la forma más directa y sencilla posible, sin sentimentalidad como lo precisamos primero.

A veces, Ribeyro hace uso también de la ironía para resaltar lo tan poco heroico que son los actos que describe. Esta ironía le permite también proponer una crítica social y política de la sociedad peruana, por ejemplo en el cuento “El banquete”. Este cuento corto denuncia, a fuerza de ironía, el dinero que se gasta en las fiestas de la clase alta que reúne la gente del poder (“ministros, parlamentarios, diplomáticos, hombres de negocio, hombres inteligentes” como lo describe en el cuento, e incluso el Presidente), como lo pueden apreciar en la siguiente cita :

Como dentro del programa estaba previsto un concierto en el jardín, fue necesario construir un jardín (p.87)
La situación es absurda. Por otro lado, en este cuento se hace una sátira política-militar presentando la ridícula inestabilidad política del país que de un día a otro puede sufrir un cambio brutal de gobierno.

Nos parece interesante revelar que Julio Ramón Ribeyro escribió la mayoría de sus cuentos sobre Lima desde Europa ya que, como ya lo mencionamos en introducción, él vivió varios años haciendo el vaivén entre Francia y Perú. Por lo tanto, sus descripciones de la capital peruana y de su sociedad están de acuerdo con las imágenes que le quedaron en memoria al momento de volver a su tierra natal. Se trata entonces de una literatura del recuerdo, por lo cual, la realidad presentada no es siempre exacta y suele ser a veces nostálgica de la antigua Lima, la que él conoció mejor. Ribeyro denuncia la modernización en el sentido, también, de ser una destrucción de lo existente y del patrimonio del país – así como la destrucción de edificios antiguos –. Por otra parte, como él vive en Europa, escribe también acerca de las ciudades europeas, principalmente de París, donde pasa más tiempo, y su visión de la capital francesa es, también, ambigua: pues, en algunos cuentos describe la belleza de la ciudad, enumerando las calles – como en “Papeles pintados”, tenemos la impresión de estar dando un recorrido por la ciudad a través de su escritura -; mientras que en otros, denuncia una vez más los efectos de la modernización como en “La estación del diablo amarillo” donde relata la experiencia de los jóvenes artistas que van a París pensando realizar sus sueños y terminan matándose con trabajos físicos para ganarse la vida.

En fin, lo que podemos resaltar de todos sus cuentos como conclusión de su reflexión sobre la modernización es que todos esos cambios socio-económicos llevan a la mayoría de la gente a sufrir una crisis de identidad. En efecto, ya no se reconocen en la sociedad y no encuentran su lugar. Además, la gente se ve botada de lo que consideraba su lugar porque no está de acuerdo con las leyes de la modernización, como en el cuento “Al pie del alcantilado” donde el personaje principal y narrador construye su casa y alcanza cierto nivel de vida que le permite estar tranquilo hasta que llega una persona que representa el gobierno ordenándole que se vaya porque esta tierra no es su propiedad, y llegan las máquinas a destruir la casa de sus vecinos y luego la suya. Este cuento muestra cómo la población no se reconoce con los avances modernos, con la idea de propiedad que no va con su cultura, con la idea de sociedad de la cual ellos se ven excluidos.

Los personajes marginalizados

Así, la mayoría de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro están protagonizados por las personas al margen de la sociedad, los olvidados de la sociedad, olvidados de la literatura también, las personas expulsadas del festín de la vida. La vida moderna que pretende llevar a tener una vida mejor, con ocios y gozo, no es para todos, algunos sufren para obtener el mínimo de los recursos vitales.

La meta de la Generación del 50 es, justamente, dar la palabra a los personajes que no se suelen ver en la literatura: se conocieron muchos relatos acerca de la burguesía y de la clase alta, luego se escribió acerca de la clase baja de la parte pobre del país – con la literatura indigenista – pero los autores del realismo urbano quieren presentar a la clase media, que no tiene nada extraordinario y también a los marginalizados. Son los nuevos protagonistas literarios, los que no tienen nada que decir, los antihéroes.

En los cuentos de Ribeyro, estos personajes pueden ser idiotas, locos, niños, moribundos, frustrados, antiguos aristócratas que llegaron a la ruina; los que sufren vejez, deterioros, frustraciones, perecimiento. Y se cuentan experiencias subjetivas negativas, como gran consecuencia de la modernización de la sociedad, personajes con o sin esperanza pero cuya vida es un fracaso.

Uno de los cuentos más representativos de los marginales es “Silvio en el rosedal” en el cual Silvio, el personaje principal, es un exiliado física y existencialmente: después de la muerte de su padre, se ve obligado a mudarse al campo a cuidar la finca que su genitor acababa de comprar, está aislado de todos, no tiene profesión y su único don es la música pero no tiene la ambición para llevar este proyecto a cabo. Así se queda solo en su finca, y de estar solo se vuelve medio loco, a punto de creer que alguien dejó un mensaje escondido en su rosedal, ve las letras R, E, y S dibujadas con las rosas. Dedica entonces sus días a descubrir el significado de esas letras, tarea que resulta inútil. El cuentista lleva la locura tan lejos que crea escenas inverosímiles que desorientan al lector con humor: Silvio pasa días enteros creando palabras con las letras, inventando expresiones sin sentido. Lo que lleva a marginalizarlo aún más. Vuelve a la cordura cuando llega su sobrina, de la cual se enamora y por quien regresa a la realidad, tratándola como una princesa, hasta que se dé cuenta de que la joven se irá un día con un galán y que él se quedará solo con su prima tiránica. Es un cuento del fracaso de una vida entera, la presentación de una vida vacía, que se aleja del nihilismo y del pesimismo gracias a la ironía que permite salir del fatalismo.

La locura no es la única forma de marginalización, Ribeyro nos presenta otras como la pobreza, la juventud, la vejez – en “Los gallinazos sin plumas”, se presentan esos tres criterios ya que son dos niños y un anciano que viven en la pobreza extrema – pero el punto común entre todos esos personajes es que no tienen otra voz para hablar de ellos que la de Julio Ramón Ribeyro. Es por esta razón que el conjunto de sus cuentos se titula La palabra del mudo: porque da voz a los mudos del mundo moderno. El autor peruano se pone en el mismo nivel que sus personajes, se considera él también como marginalizado, por lo cual varios de sus cuentos son autobiográficos como “Sólo para fumadores”. Por esta razón, el narrador es muy importante en los cuentos ribeyrianos porque este narrador también es un fracasado. Usa mucho el narrador en primera persona y ese narrador no llega a darnos las claves de la historia de los personajes. Nos propone una visión personal, subjetiva y no una visión de conjunto. Y esto se debe a que Ribeyro es también un existencialista que cuestiona la vida sin tener la respuesta.

Julio Ramón Ribeyro, el mayor cuentista peruano, no es un fatalista como se ha dicho. Si bien es cierto que sus personajes se encuentran en escenas de fracaso y que sus escenarios son muy grises e inhóspitos, él suele tratar el tema con ironía; con situaciones mayormente absurdas. Por esta razón, sus cuentos son entretenidos y precisos: relatan una realidad de la forma más justa posible, pero denuncian los males de la sociedad moderna de forma irónica. Lo que es seguro es que el lector está impactado con cada texto que lee – por más corto que sea – porque Julio Ramón Ribeyro domina el género del cuento a la perfección.
 

Bibliografía/Sitiografía


Julio RAMÓN RIBEYRO, Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1994
- La palabra del mudo, Milla Batres Editor, Lima, Tomos I a IV, 1972-1993
- Cuentos (Antología), Espasa, Madrid, 1998
Javier de NAVASCUÉS, Los refugios de la memoria (Un estudio espacial sobre Julio Ramón Ribeyro, Iberoamericana, Madrid, 2004
Peter ELMORE, El perfil de la palabra (La obra de Julio Ramón Ribeyro), Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2002
Antonio CORNEJO POLAR, Historia de la literatura del Perú republicano, Lluvia editores, Lima, 1981
Biografía de Julio Ramón Ribeyro
Artículo homenaje a Julio Ramón Ribeyro en El País

 
Pour citer cette ressource :

Izia Douix, "Julio Ramón Ribeyro y la narrativa urbana en el Perú", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), juillet 2016. Consulté le 23/02/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/litterature-latino-americaine/les-classiques-de-la-litterature-latino-americaine/julio-ramon-ribeyro-y-la-narrativa-urbana-en-el-peru