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Entrevista a Mariana Enríquez

Par Laura Baldacchino : Étudiante de Master 2 - ENS de Lyon , Mariana Enríquez
Publié par Elodie Pietriga le 10/03/2017
Interview de l'écrivaine argentine Mariana Enríquez dans le cadre des Assises Internationales du Roman organisées par la Villa Gillet à Lyon en 2017.
MARIANA ENRÍQUEZ

EN LYON
 

 

En el marco del festival de las Assises Internationales du Roman, organizado por la Villa Gillet, Mariana Enríquez estuvo en Lyon el 30 de mayo de 2017. Fue aprovechada esta ocasión por Laura Baldacchino, alumna de Máster de Estudios hispánicos de la ENS de Lyon, para pedirle una entrevista a la talentosa y misteriosa escritora argentina acerca de su última colección de cuentos, Las cosas que perdimos en el fuego. Muy amablemente accedió esta y ambas se vieron en una pequeña sala del hotel en el que se hospedaba.
 

 

 

Algunos datos para empezar

Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) es una periodista y escritora argentina que, mediante su pluma tan singular, nos trastorna y nos sumerge en las profundidades de un universo misterioso, inquietante y peligroso que, por lo tanto, nos fascina… Su talento por la escritura se expresa en diferentes géneros, pues es autora de novelas como Bajar es lo peor (1994), Cómo desaparecer por completo (2004), Chicos que vuelven (2011) y Este es el mar (2017), de cuentos como Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016), de un ensayo que se titula Mitología celta (2007), de una crónica, Alguien camina sobre tu tumba: Mis viajes a cementerios (2013) y de un perfil, La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo (2014).

 

«Siempre quise escribir terror pero nunca sabía
cómo escribir un terror que fuese argentino»

 

La entrevista

Antes que nada, ¿cómo nació esta colección de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego?

Los cuentos los he escrito durante mucho tiempo, no especialmente para el libro, durante varios años, dos o tres años. Escribí otros muchos más, pero me empecé a dar cuenta de que había una serie de cuentos que terminaron siendo esto, que tienen temas parecidos, que los personajes principales son mujeres, que hay cosas que se comunican entre los cuentos. Entonces, después decidí que eran un libro todos juntos, pero fue durante un tiempo largo.
 

« I’m in my own mind, I’m locked in the wrong house », ¿qué significa para usted?

La elegí porque me parecía que muchas de las protagonistas del libro están muy encerradas en sí mismas, están demasiado obsesionadas e incluso consigo mismas. Están en su cabeza, que es un lugar muy inhóspito. No están bien, encerradas ahí. Los cuentos son bastante góticos pero no góticos como el gótico antiguo. Algunas están encerradas en casas, como la del primer libro, pero otras no, pero todas están encerradas mentalmente en un lugar del que tendrían que salir, que es muy inhóspito para ellas.
 

La tonalidad sombría se refleja en temas como el de la muerte, de la locura o del terror y parece ser el eslabón de los cuentos. Entonces, ¿por qué se siente atraída por este tipo de escritura inquietante? ¿Qué reflejan estos temas?

A mí me pasan dos cosas. Por un lado, me gusta mucho y siempre me gustó  el terror como género para leerlo. Todo: desde lo más popular, desde Stephen King hasta el más literario, Henry James o lo que sea, pero siempre lo leí mucho. Me gustaba mezclarlo sobre todo con política y con cuestiones sociales, específicamente de Buenos Aires y de Argentina. Me parecía que hay una relación ahí posible para no contar como problemas sociales sino solamente como un cuento realista que no tuviera nada en especial. Entonces le agregué el horror, lo sobrenatural. Yo tengo la sensación, a veces, de que cuando un cuento es muy realista sobre une cuestión social y política, parece algo periodístico, algo que uno está muy acostumbrado a leer, que ya no te impacta, ya no te importa, son horrores cotidianos que uno no convive. Pero cuando pones género, a mí me pasa y espero que al lector también le pase, se impresiona más. Entonces llama más la atención hacia eso. Siempre quise escribir terror pero nunca sabía cómo escribir un terror que fuese argentino, latinoamericano, que tuviera que ver con mi historia y con las historias que a mí me interesaban. Entonces esa mezcla salió muy natural, en realidad no fue tan pensada. Cuando empecé a escribir terror, los cuentos eran así.
 

Acaba de mencionar la política y otro tema al que se alude en estos cuentos es el de la dictadura argentina. ¿Acaso todavía es un tema de actualidad y por qué ha decidido abarcarlo de tal manera?

Por un lado, es un tema importante en mi vida personal porque yo nací durante la dictadura, un poco antes pero tenía dos años cuando empezó. Mis primeros recuerdos como estos recuerdos de cuando uno es un niño, que son muy raros, muy vagos, tienen que ver con la dictadura y con el miedo de la dictadura que era muy especial. La dictadura argentina fue muy violenta pero también muy secreta. No ibas a encontrar muertos en la calle, no. A la gente la secuestraban y, después, el cuerpo desparecía, no lo veías más. Era muy raro lo que ocurría, era una noche, en una casa, había un ruido terrible, se llevaban a alguien y no lo veías nunca más. Era muy fantasmal lo que pasaba, muy ovni. Hoy mismo, todavía es un tema muy debatido por dos cuestiones, básicamente. La primera es que muchísimos de los dictadores, de los torturadores, de los represores, están en juicio. Los juicios son públicos, uno puede ir a verlos y mientras ocurran estos juicios, que están en las noticias, aparecen nuevos testigos, nuevas historias, como que sigue ocurriendo, siguen apareciendo cosas. Fue tan secreto que, en estos juicios, la gente declara y siguen apareciendo acusaciones nuevas y todos son horrores terribles. Después, lo que ocurrió aquí también tiene que ver conmigo. Hay muchos chicos de mi edad que fueron secuestrados y se los dieron a otra familia. Por ejemplo, suponte que a mí me secuestraba la dictadura y yo estaba embarazada. Ese bebé no es que naciese y lo daban a mi familia, se lo daban a familias de militares, por ejemplo. Todos estos chicos tienen mi edad, más o menos. Yo nací en el 73, esos son chicos del 76, más o menos, y pueden ser más grandes también porque a veces secuestraban a una mamá con un bebé de dos años que no se acordaba de nada y también se lo daban a otra familia. Entonces, estos chicos están desaparecidos porque están viviendo con otras familias y si los buscas ya aparecieron más de cien. Es muy actual por eso, porque gente de mi edad, más o menos, que no saben quiénes son de verdad, que tienen un nombre falso, que tienen una vida que no es la vida que hubiesen tenido con su familia y aparecen una vez por año, dos veces por año, tres, cuatro, a veces diez, van apareciendo chicos, ya no son chicos sino hombres y mujeres pero fueron apareciendo en los últimos 40 años. Es como un tema que nunca termina de cerrarse además de la discusión sobre qué pasó de verdad en esos años, que no es un tema que a mí me interese tanto como los efectos.

En uno de sus cuentos, habla de «efecto realista». Cuando uno lee estos cuentos, lo que resulta incómodo, atrayente pero también necesario, porque la ficción no es solo contar cosas sobre nuestra propia realidad sino trastornarnos, es que parece que se anulan las jerarquías entre, por un lado, la realidad concreta y, por otro, todo lo que toca a lo onírico, el delirio y lo fantasmal. Así ¿cuál es la finalidad y el objetivo de la obra? ¿Por qué haber escrito estos cuentos?

«A mí me interesa explorar eso:
lo que uno no entiende» 
           A mí me gusta personalmente leer cosas que me resulten perturbadoras, que no me resultan amigables, gentiles. A veces sí, pero la literatura que me emociona, que me moviliza es la que me ofrece posibilidades de pensar algo diferente. Cada escritor tiene sus limitaciones y lo que puede hacer. A mí me parece que la literatura y escribir ayudan a pensar al que escribe y al que lee. Mi manera de pensar en otros mundos o en las fronteras entre la realidad y la ficción es de esta manera, haciendo cuentos que dejan al lector inquieto. A mí no, a mí me divierte escribirlos pero, cuando los pensaba, sí son cosas que me inquietan (cuando llego a escribirlos no, me la paso bien) sobre todo porque, además, me parecen más realistas porque me parece que, en general, en la vida, las cosas son más perturbadoras que tranquilas. Es muy difícil que uno entienda todo lo que pasa, que una situación se solucione perfectamente y todo el mundo termine feliz. Siempre hay cosas que uno no entiende, entonces a mí me interesa explorar eso: lo que uno no entiende. Por eso, a veces no hay explicaciones de las cosas porque a mí no me parece que sean finales abiertos sino más bien una descripción más cercana a la realidad. En la realidad, la mitad de las cosas que pasan no entiendo por qué pasan y me gustó explorar esto: la incertidumbre de todos los días.
 

¿Cómo percibió esta obra la sociedad argentina?

Bien. Creo que la sociedad argentina está preparada a estas alturas para leer en este caso cuentos que tengan que ver con su realidad y que no sean complacientes, que se permitan una crítica que no es tomada como algo que los ofenda o que los moleste sino como cosas para poder pensar. Creo que a estas alturas ya hay como cierta madurez ciudadana sobre todo por el tema de la dictadura, que es un tema todavía muy problemático de hablar pero al libro le fue bien y no pasó mucho, no hubo mucho escándalo.
 

«La mitad de las cosas que pasan no entiendo por qué pasan y me gustó explorar esto: la incertidumbre de todos los días»
 

¿Considera que hay uno de los cuentos que le ha gustado más o que corresponde mejor con la finalidad de la obra que ha evocado anteriormente?

A mí me gusta el primero, El chico sucio, porque me parece que tiene cosas de las que quería hablar: la ciudad, por un lado, la desigualdad social –el chico representa un poco eso porque además la protagonista, aunque quiere ayudarlo, no puede, no sabe cómo y no tiene las herramientas–, tiene el elemento de violencia, de horror, que también me interesaba contar, y eso vagamente gótico –la mujer sola, la mujer en su casa, la mujer encerrada–. Y a lo mejor el del título también pero es muy diferente, para mí es un cuento de ciencia ficción, es una cosa mucho más loca, pero yo también tengo una parte más loca. Hay como una serie de cuentos donde hay mujeres que se agreden, que se lastiman. Hay como dos líneas: el de las mujeres encerradas –la Telaraña que es la chica que tiene problemas con el marido– ese tipo es El chico sucio, suponte. Después hay uno de adolescentes que llegan a los años intoxicados, que se drogan y otra chica que se arranca las uñas y la chica sin brazo, esos son más de la línea del título. Entonces a lo mejor el primero y el último abren y cierran porque representan un poco las dos líneas de cuentos que hay.

¿A la inversa, acaso hay un cuento que le haya costado escribir más que otros?

A lo mejor un poco el del Petiso rejudo porque el Petiso rejudo existe. Es un asesino verdadero y es muy verosímil lo que pasó, o sea lo que hizo. Es un loco total y, entonces, tenía que encontrar una manera de contar todo lo que hizo y que no fuese demasiado extraño como ¿qué es esto?, como que tuviera algún sentido. Por eso lo mezclé con algo muy común –el guía de turismo con el bebé y la mujer– algo muy reconocible en el día a día porque tenía ganas de hablar del asesino ese que tenía que ver con el tono de los cuentos. Es el único asesino serial argentino famoso, no hay muchos más, y quería que estuviera el Petiso. En la traducción, por ejemplo, ni discutí pero fue el único cuento que con los traductores y las traductoras tuve charlas porque hay momentos, sobre todo el interrogatorio policial, me decían esto es demasiado, no puede ser verdad y yo les decía pero el problema es que eso no lo inventé, eso no es mi imaginación, eso es lo que dicen los policías de la época. Fue raro por eso, porque el único que está basado totalmente en la realidad era el más difícil de creer para la gente. Costó armarlo para que no resaltara demasiado como una cosa muy loca.
 

«El único cuento que está basado totalmente en la realidad
era el más difícil de creer para la gente»

 

¿Nos podría revelar las fuentes de inspiración que han permitido la existencia de tales cuentos?

Hay muchos que se inspiran en casos reales, en noticias. Hay uno que se llama Bajo el agua negra en el que hay unos policías que hacen nadar a los chicos en el río, eso ocurrió de verdad en Buenos Aires hace unos diez años más o menos. El asesinato del chico del Chico sucio es idéntico a un asesinato de un niño, real, solo que no pasó ahí, pasó en el norte de Argentina, yo trasladé pero el caso es idéntico (los detalles del crimen, todo es idéntico). Hay varios así. Entonces, por un lado son cuestiones de la realidad y, por el otro lado, son influencias literarias. Shirley Jackson me gusta mucho. Neil Gaiman me gusta mucho, no aparece mucho pero, para mí, está todo el tiempo. Hay otro inglés que se llama Ballard que me gusta mucho. Hay escritores argentinos: Cortázar, Silvina Ocampo, Borges no, porque es muy perfecto y no maneja la realidad tanto, pero Cortázar sí. En algunas cosas, Manuel Puig, que es un escritor argentino que, a primera vista, no tiene nada que ver con lo que yo hago pero a él sí le preocupaba cómo hablaba la gente común que miraba por televisión, cosas más relacionadas con el cotidiano, y eso también está un poco.
 

Y en cuanto a la cuestión del género, el recurso a diferentes tipos de géneros parece ser significativo en toda su obra. Contamos con colecciones de cuentos, novelas, novelas cortas, relatos de viaje y un perfil. ¿Qué permite más el género del cuento en comparación con otros géneros?

Para mí, el cuento, como es muy breve, lo puedo escribir en poco tiempo, cosa que, para mí, es muy beneficioso porque trabajo y a veces no me queda tiempo. Entonces puede ser algo que escribo en un día o en dos días –después lo corrijo mucho tiempo a lo mejor– pero lo escribo relativamente rápido. Después, una novela o un perfil, que es una investigación periodística, o un relato de viaje, son cosas muy largas que llevan años. Una novela, para mí, es mucho tiempo, un perfil es mucha investigación, un relato de viaje exige viajar mucho para tener todas las historias. En cambio, un cuento es algo mucho más rápido y, en cuanto a la cuestión técnica, como son cuentos de género, al ser cortos y breves, creo que el impacto es mayor, o sea se terminó y queda abierto como algo perturbador corto y que no se deriva, que está encerrado en sí mismo, que empieza y termina. Una novela no permite tanta tensión. Yo no puedo mantener la tensión que tiene un cuento de estas características en algo tan largo. Puedo escribir novelas de otro tipo pero la tensión tiene que ser algo muy bueno en el género sobre todo porque yo quería escribir género de terror. Algún día quizá lo haga, pero género de terror en una novela requiere un tipo de técnica que es muy compleja. Sostener la tensión, el miedo, la perturbación tanto tiempo es agotador para el lector; tienes que saber entretenerlo, poner otro tipo de cosas, yo tengo que estudiar un poco más. En cambio, el terror en general, casi siempre, es mejor en cuento o en novela corta por eso mismo, porque tiene que mantener cierto suspense, cierta tensión y un tipo de emoción en el lector, de nervios mientras que en una novela, que puedes leerla en semanas, es más difícil. Mi intención era que tuviese ese impacto que, para mí, al género le va mejor en cuento por la brevedad.
 

¿Qué sintió cuando acabó el libro?

No sé… Nada… No nada malo sino una especie de alivio. Siempre cuando termino el libro es como «ya está, se acabó» y puedo pasar a otra cosa que me interese. Además confío bastante en mis editores. Los cuentos, por ejemplo, yo no los tenía en este orden, para mí es igual, son estos y mis editores son los que dicen pongamos primero este. Es una parte que me divierte –armar el libro–, ya no estoy preocupada de lo que se trata sino que viene la parte divertida. Además no me preocupan tampoco mucho las críticas… Por supuesto a todo el mundo le gusta que lo lean y que a la gente le guste pero si no pasa, qué sé yo… Mi primer libro lo publiqué cuando tenía 20 años, ya es una cosa un poco superada. Algunos a la gente le gustan mucho y otros a la gente no le gustan nada. Prefiero arriesgar y hacer lo que me gusta en el momento y si a alguien no le gusta pues no le gusta. Entonces, fue alivio y después la diversión de elegir la tapa, el orden de los cuentos, ver si se podía traducir, todo lo que es la parte linda.

¿Para acabar esta entrevista, tiene proyectos en curso o futuros?

Sí, acabo de terminar una novela corta que se publicó en español y que se llama Este es el mar, en la editorial Random. En otra editorial sobre todo porque es otra cosa. Mientras escribí estos cuentos que son tan oscuros, tan anclados en la realidad, yo no soy solamente eso ni como escritora ni como persona entonces me empezaba a aburrir, la verdad. En mis ratos libres escribí una historia que es casi una fábula que tiene rock, que tiene fans, que es fantástica pero totalmente fantástica, ni siquiera transcurre en este mundo, más o menos. Lo acabo de terminar y se acaba de publicar. También estoy acabando una novela de terror justamente, intentando pensar cómo armarlo de manera tal que el lector esté leyendo algo tranquilo, más o menos normal y que suba hacia el miedo y vuelva a bajar y cómo dosificarlo, es muy complejo, estoy tardando bastante. Y siempre escribo cuentos de este estilo, que lo voy dejando y, eventualmente, terminan en algo pero no lo sé.
 

«La literatura y escribir ayudan a pensar al que escribe y al que lee»

 


Voir aussi le texte inédit Terror de Mariana Enríquez

 

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Pour citer cette ressource :

Laura Baldacchino, Mariana Enríquez, "Entrevista a Mariana Enríquez", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), mars 2017. Consulté le 22/06/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/entretiens-et-textes-inedits/entretiens/entrevista-a-mariana-enriquez