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«Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos» de Frida Kahlo

Par Olivia Sébart : Master 2 Traduction littéraire et édition critique - Université Lumière Lyon 2
Publié par Elodie Pietriga le 28/04/2016
Después de casi tres años de vivir en el suelo norteamericano por el trabajo de Diego Rivera, que tenía muchas solicitudes de murales allá, su esposa, Frida Kahlo no se ha integrado y se aburre en el país del tío Sam. Les reprocha a los gringos su afán por el dinero y su mentalidad capitalista. Y más que nada, extraña su México natal. Empieza pues a pintar una serie de cuadros que reflejan esos sentimientos. Entre esos se destacan en particular Mi vestido cuelga allí y Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos, el primero evidenciando la añoranza de México y el segundo siendo más bien una crítica del vecino del norte.

La obra

Después de casi tres años de vivir en el suelo norteamericano por el trabajo de Diego Rivera, que tenía muchas solicitudes de murales allá, su esposa, Frida Kahlo no se ha integrado y se aburre en el país del tío Sam. Les reprocha a los gringos su afán por el dinero y su mentalidad capitalista. Y más que nada, extraña su México natal. Empieza pues a pintar una serie de cuadros que reflejan esos sentimientos. Entre esos se destacan en particular Mi vestido cuelga allí y Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos, el primero evidenciando la añoranza de México y el segundo siendo más bien una crítica del vecino del norte.

Lo primero que surge al mirar el Autorretrato en la frontera es su dualidad. Efectivamente, se divide en dos partes: la izquierda representa México y la derecha Estados Unidos. Frida se encuentra en un pedestal, entre los dos lados, simbolizando la frontera entre los dos países. Sobre el pedestal, se puede leer: « Carmen Rivera pinta su retrato el año de 1932 » (durante su estancia en Estados Unidos, Frida se hizo llamar por su nombre de bautizo, Carmen,  por rechazo a la consonancia alemana de su nombre). Se pintó con un delicado vestido rosa y guantes blancos, muy alejados a su característica ropa tehuana tradicional, aparentemente asimilada a la moda estadounidense.

El lado izquierdo ilustra, pues, las raíces queridas de la artista, con los tonos cafés predominantes, remitiendo a la tierra y a la naturaleza, el suelo está decorado de plantas y flores, cuyas raíces se pueden observar abajo del cuadro. En esta parte del retrato el clima aparece árido, oponiéndose a la realidad climática que Frida experimenta en Detroit, desde donde pinta aquel lienzo. El mundo prehispánico, presente allí por el templo precolombino, la estatua de barro y las representaciones del sol y de la luna, demuestra la riqueza cultural de aquel país. Asimismo es interesante recordar que en la cosmovisión prehispánica el sol y la luna representan la dualidad misma (según la leyenda de Teotihuacán eran dos deidades en competición para iluminar la Tierra, tras la victoria del sol, la luna tuvo que resignarse a apagarse y salir sólo de noche). Aquí, el rayo ilustra la relación de dualidad entre los dos elementos, remitiendo a la del cuadro general, entre México y Estados Unidos.

A la tierra se opone el acero del lado estadounidense dominado por tonos fríos de grises y azules. Las empresas y el mundo industrial remplazan la riqueza histórica, y el humo de las chimeneas forma la bandera de Estados Unidos como símbolo de orgullo nacional. El único vínculo de esa parte con la otra es un cable que conecta un generador eléctrico a una raíz de México, de dónde saca su poder. Se puede considerar este último detalle como una crítica a Estados Unidos por querer apropiarse los recursos naturales de su vecino.

Frida Kahlo pinta, pues, el México que extraña -con su idiosincrasia, la importancia del ciclo de la vida y su historia- oponiéndolo al país en el cual se encuentra y con el cual no parece tener vínculo sentimental. Para que no queden dudas, sostiene en su mano la bandera de México. Nos enfrentamos a una dualidad total: naturaleza/industria, historia/tecnología calor/frialdad, etc., y el personaje atrapado entre esos dos mundos distintos, queriendo alejarse de uno para regresar al otro. Entonces, llama la atención la inmovilidad de Frida, representada como una estatua. Podemos imaginar que esta postura representa la incapacidad emocional en la que se encuentra la artista: sin poder hacer ni un paso adelante ni atrás.

Bibliografía

HERRERA Hayden, Frida: Una biografía de Frida Kahlo, Editorial Diana, México, 1984.

Iconografía

KAHLO Frida, Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos, 1932, óleo sobre metal, 12,5 x 13,75 cm, Colección Sra. y Sr. Manuel Reyero

 

Pour citer cette ressource :

Olivia Sébart, "«Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos» de Frida Kahlo", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), avril 2016. Consulté le 18/11/2019. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/arts/arts-visuels/les-classiques-de-la-peinture-hispanique/autorretrato-en-la-frontera-entre-mexico-y-estados-unidos-frida-kahlo