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“En quête du père” de Karla Suárez

Par Karla Suárez
Publié par Elodie Pietriga le 18/01/2019
Texte inédit écrit dans le cadre des Assises Internationales du Roman organisées en 2018 par La Villa Gillet à Lyon.

En el Canto Primero de la Odisea, Homero relata cómo la diosa Atenea, que ha tomado la figura del Rey de los Tafios, llega a Ítaca para hablar con Telémaco. Allí, lo incita: “prepara la mejor nave que halles, con veinte remeros, y ve a preguntar por tu padre, cuya ausencia se hace ya tan larga”. Telémaco sigue el consejo porque necesita conocer el destino de su padre. Al inicio de Pedro Páramo, Juan Preciado, personaje de la novela de Juan Rulfo, anuncia: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.” A punto de fallecer la madre ha incitado a Juan para que parta y la novela gira alrededor de la búsqueda de este padre que, a pesar de estar ausente, aun ejerce poder sobre los otros.

La búsqueda del padre es un tema recurrente en literatura. En parte inspirada por estos dos libros que amo, también yo exploro el tema en El hijo del héroe. Ernesto, mi protagonista, pasa la vida tras el rastro de su padre que murió en la guerra, cuando él aún era niño.

Pero empecemos desde el comienzo. Cuando yo tenía cinco años Angola obtuvo su independencia de Portugal. En Angola había tres grupos independentistas que luchaban entre ellos y contra los portugueses. Luego de la Independencia, comenzó otra guerra en la que varios países, entre ellos Cuba, intervinieron para apoyar a los diferentes grupos nacionales. Eran tiempos de Guerra Fría. Desde 1975, y durante quince años, miles de cubanos, hombres y mujeres, civiles y militares, reservistas y soldados del Servicio Militar participaron en la guerra de Angola. Yo crecí escuchando los ecos del conflicto que nos llegaban a través de la televisión o de las historias que contaban los que, como mi padre, estuvieron allí.

Más de veinte años después de que los cubanos se retiraran del conflicto, me vino una frase a la cabeza: “a mi padre lo mataron una tarde que hacía mucho sol”. Enseguida supe que se trataba del inicio de una novela, que el protagonista sería un hombre de mi edad cuyo padre, a diferencia del mío, había muerto en la guerra. Y que él estaría viajando a Angola, por primera vez, porque necesitaba hacer real el sitio donde desapareció su padre para poder, al fin, cerrar el ciclo de su historia. La novela no es el viaje a Angola sino un viaje de búsqueda en la memoria.

A sus doce años, Ernesto, mi protagonista, está jugando con sus amigos, apenas ha empezado a sentir atracción por una muchacha, es un día cualquiera. De vuelta a casa, recibe la noticia y su infancia termina abruptamente. Lo sucedido es más grande de lo que su mente puede comprender. Vive con su hermana menor, su madre y su abuela, quien lo nombra “el hombre de la casa” y, de paso, le recuerda esa frase tan usada y destructiva: “los hombres no lloran”. Ernesto empieza entonces a construir su coraza y a transformarse.

Su madre ve en él un reflejo del esposo, un sostén, el hijo grande que va a ayudarla con la hermana pequeña. La niña puede llorar y tener malos resultados en la escuela, pero Ernesto no se permite esto que considera debilidades. Él asume el papel que le han impuesto, es el jefe de familia y será tan fuerte como su padre. En su afán de imitarlo hasta deja a un lado sus propios sueños y se hace ingeniero como era aquél.

Por otra parte, ante la sociedad, Ernesto se ha convertido en “el hijo del héroe”. En Cuba, los héroes tienen un peso enorme. Él ya no es visto como un muchacho cualquiera, sobre su espalda recae la responsabilidad de ser hijo de alguien que murió en una guerra en nombre de la Revolución. Y se ve casi obligado a representar ese papel, a comportarse según los otros esperan: si los hombres no lloran, los hijos de los héroes mucho menos. Pero, en el fondo y aunque no lo confiese, más allá del discurso heroico o varonil, él se siente, simplemente, un huérfano.

Como sucede con frecuencia, sin la referencia del padre en su crecimiento, Ernesto desarrolla una cierta frialdad afectiva que luego daña sus relaciones amorosas. Hay inseguridad en él, desconfianza en entregarse, un temor a dejar expuestos sus sentimientos y una tendencia a idealizar e intentar reproducir el matrimonio de sus padres, porque él no mira al futuro, mira hacia el pasado, a lo que fue y perdió.

Y es que el único modo que tiene de traer de vuelta a ese padre muerto es a través de la memoria. Por ello, ya de adulto, Ernesto comienza a interesarse en la guerra de Angola. Quiere saber qué pasó cuando era un niño, necesita entender para darle un sentido a la desaparición del padre. Así la guerra se va volviendo su obsesión. De otra parte, lo único que tiene son recuerdos de los pocos años que compartió con el padre y a ellos se aferra. Aunque la mitad de los recuerdos no sean tales, sino el cuento que le hicieron sus familiares. Nuestra memoria está hecha, en parte, de la ficción de los otros. Y, aunque Ernesto lo sabe, necesita contar la historia de su padre, para que éste no desaparezca definitivamente.

La obsesión de un hijo por buscar a su padre ausente suele tener que ver con la necesidad de encontrar el origen, nuestra identidad, esa “tierra firme” que nos estructura y nos permite seguir adelante. En su búsqueda, Ernesto va a descubrir que no siempre la versión narrada de los hechos se corresponde con la realidad. Y que tanto la historia personal como la Historia con mayúscula, la de un país marcado durante más de medio siglo por un liderazgo patriarcal, dependen de quienes nos la cuenten. 

Pour citer cette ressource :

Karla Suárez, "“En quête du père” de Karla Suárez", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), janvier 2019. Consulté le 26/08/2019. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/entretiens-et-textes-inedits/textes-inedits/en-quete-du-pere-le-fils-du-heros

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