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Entrevista a Luis Sepúlveda

Par Fernanda Salomão Vilar : Lectrice - ENS de Lyon
Publié par cbini le 09/09/2012
Cette page présente une vidéo, ainsi que la transcription de l'entretien accordé par l'écrivain chilien Luis Sepúlveda lors des Assises Internationales du Roman de Lyon en 2012.

Por Fernanda Vilar

La entrevista video


Realizada durante los AIR (Assises Internationales du Roman), Lyon, juin 2012.

 

A pesar de la mala calidad de la grabación, hemos optado por difundirla, ya que nos pareció bastante interesante « ver » los gestos y « oír » las voces. Abajo, pueden leer la transcripción de la entrevista.

La entrevista - Transcripción

Usted ha viajado y conocido muchos pueblos y paisajes. De alguna manera creo que su primera novela, El viejo que leía novelas de amor, ha sido muy leída porque funciona como un mecanismo de evasión. Usted nos cuenta una historia de indios Shuar y de la Amazonia, un grupo y un sitio hasta hoy considerados míticos por mucha gente. ¿Cree que el éxito de la novela está en este exotismo?

Sepúlveda : No, de ninguna manera. Creo que el éxito de la novela se debe, uno: es una muy buena novela, lo digo típicamente como lector. Tardé mucho tiempo en escribirla y cuando terminé sabía que era una muy buena novela. Luego, esto de los lectores que solo van por el paisaje son los lectores muy minoritarios. Hay lectores inteligentes, realmente. Cinco por ciento de la humanidad que  lee son muy muy inteligentes porque tienen una gran curiosidad por leer.

En los sitios que están de alguna manera alejados de la globalización, como la Patagonia, que habéis visitado, o la Amazonia, donde Sepúlveda ha vivido, nos hacen pensar en la tradición. Asociamos estos sitios a algo mágico, donde todavía viven leyendas y se cuentan historias por la noche.  Mordzinski declaró que en estos lugares las relaciones humanas son muy ricas y que las historias se os pegaban a la piel. Me gustaría saber ¿cómo ha sido el contacto con estas poblaciones, qué tipo de historias son las que habéis escuchado? Y a Sepúlveda me gustaría preguntarle, ¿es posible hacer una asociación entre la tradición de la narrativa oral de los Shuar y  de los pueblos que ha visto en Patagonia?

Sepúlveda: Es difícil decidir por una historia en especial. Algo muy particular, había un leso común que toda la gente que encontrábamos en nuestros viajes nos hablaban de las cosas que estaban cambiando, que estaban ocurriendo, de la vida en la Patagonia. La historia más conmovedora en sí misma es el conjunto, porque es la gente, que tiene un amor por las cosas que hacen, un orgullo por llevar una vida dura, pero que siguen adelante. Yo no sé si podría elegir una historia.

¿En este libro me imagino que habéis seleccionado, o son todas las historias que contáis?

Mordinsky : Es un poco como preguntarle cuál es tu libro preferido. Es como la música, hay una hora para escuchar chacha y otra para escuchar Mozart. En este viaje escuchamos todas las músicas del mundo, pero todas esas músicas tienen a ver con los hombres y mujeres que viven en la Patagonia. Si yo tuviese que rescatar ahora que estoy reviviendo la felicidad que sentí cuando hice este viaje,  una historia es nuestra propia historia, de dos amigos que deciden partir con un billete de ida para escuchar e ir al encuentro de estas maravillosas gentes que habitan al sur del mundo. Luego la de un amigo que con tanta curiosidad me permite volver a mi propio país a conocer una región del mundo que yo no conocía, porque me fui muy joven de Argentina y no había tenido la oportunidad de conocer mi país.

 
¿A dónde fuiste a vivir?
Mordinsky : A París.
¿Vives en Francia?
Mordinsky : Sí, pertenezco a esta generación de jóvenes latinoamericanos que huyeron a las dictaduras latinoamericanas y también a esa república invisible que la formamos un poco los argentinos, los brasileños, muchos uruguayos,  y que siempre soñamos con vivir en París, de alguna manera estamos siguiendo lo que hizo Julio Cortázar, Allende, y muchos otros latinoamericanos que vinieron a vivir a París.
¿Y descubriste la fotografía en Paris?

Mordinsky : No, justamente, cuando era adolescente y también para escapar de esta dictadura había tres pasiones que luchaban en mi corazón. La fotografía, claro, pero sobretodo el cine y la literatura. Son todos los mecanismos que te permiten escapar la realidad, que era tan negra y tan oscura. Me pregunto hoy, 35 años después, si el tipo de fotografía que hago, que son sobre todo retratos de escritores, no son de alguna manera como una película o una cinta adonde el cine, la fotografía y la literatura convergen en una sola idea.

Sepúlveda : Es que es así. Yo siempre lo he visto así. Desde luego, siempre lo he visto. Daniel no lo va a decir nunca, pero él es el más prestigioso fotógrafo de escritores que existe en el mundo entre los fotógrafos contemporáneos. Ha fotografiado una cantidad enorme de escritores no solo latinoamericanos sino de todas las nacionalidades. Y cuando hablamos entre escritores sobre Daniel siempre coincidimos en algo. Primero es de los poquísimos fotógrafos con los cuales un escritor se siente cómodo porque hay en él una visión de la literatura y luego en general los fotógrafos, salvo algunos, saben que somos bastante reticentes a dejarnos fotografiar, y cuando Daniel nos fotografía, en cambio siempre descubrimos algo al ver las fotos y es que Daniel siempre nos devuelve algo que nosotros creíamos haber perdido y que está en nuestra expresión, en algún ademán, en algún gesto y esto está en su mirada de fotógrafo. Cuando alguien ve una serie de fotos de Daniel, como la ha hecho para mí, por ejemplo, estoy viendo una película en que hay un protagonista, que soy yo, y un director que está dirigiendo mis movimientos.


Mordinsky : Perdona, aceptas American Express por estas palabras?

Sepúlveda : Es que Daniel es muy generoso en enviar las fotografías. Ha hecho exposiciones en muchos lugares. Por ejemplo, estaba en Corea, fui a Seúl, esto de las cinco de la mañana, estaba esperando un traductor, él iba al hotel y yo por la calle veo y una foto mía y digo “No puede ser, ¿qué es eso? Una foto de Daniel y ¿no le pagaron los derechos, los coreanos? ” Y se repitió muchas veces, y les veía pasar, les veía pasar, e iba mirando aquellas fotos y me decía, mira, adónde te ha traído la literatura, conocer este país, que es Corea. Incluso en este viaje ocurrió algo muy bonito. Yo estaba en el hotel, a las siete de la mañana, recibo una llamada telefónica, y al otro lado alguien pregunta “¿Sepúlveda?” y yo pregunté “Sí. ¿Quien eres tú?”, me ha dicho alguna cosas, me dio unas claves para que yo le reconociera. Era Celso Amorin, ministro de Brasil en la época del presidente Lula, nos conocimos en Chile, éramos compañeros. Y me dice “El presidente Lula está indignado porque no hay una solo foto de él en las calles de Seúl y en cambio la del tal Sepúlveda está en todas las partes y el presidente Lula exige que vengas a desayunar con nosotros ahora mismo. Te mandamos un auto. Y ahí conocí a Lula y lo pasamos muy bien, gracias a las fotos de Daniel.


Y ¿él conocía algo de tu lucha política o de tu literatura?

¿Quién? ¿Lula? Sí, absolutamente. Hablamos de muchas cosas. Y Celso le contó que nos habíamos conocido en Chile en la época de la militancia.

Cuando sacas tus fotos, ¿las sacas en la casa de los escritores o cual es tu escenario? ¿Lees la obra y buscas un sitio adecuado, o el sitio no cuenta?

Mordinsky : No, el sitio cuenta mucho. Yo leo las obras para olvidarlas en los momentos en que estoy sacando mis fotos, sino sería un pleonasmo, un lugar común, un escritor con sus libros, en su biblioteca. Yo tengo una mirada muy juguetona, muy lúdica y tanto a Luis como a mí son los humores que nos ayudan mucho en la vida. Tenemos una militancia siempre con un humor respetuoso. Procuro sacar al escritor de la pose de escritor y el mecanismo es proponiendo una nueva pose. Yo creo que lo natural no existe y no puede existir cuando uno está detrás de una cámara, cuando una cámara tiene un objetivo de ocho centímetros, cuando es sobre todo un primer encuentro.

Sepúlveda : Mira, tu estuviste ayer la mayor parte del día con Javier Cercas, ¿no? Pues Daniel quiso fotografiar a Cercas y Javier era bastante reticente a dejarse fotografiar. Yo dije a Daniel, vamos yo te presento a Cercas, que es amigo mío. Fuimos a Gerona, cuando Javier vivía en Gerona y bueno y fui a presentarlos y luego se dio la buena química y la elección del lugar para la fotografía de Daniel fue su casa. Había una piscina y en esa piscina bueno, de plástico, así de alta, estaba llena de agua.


Mordinsky : Y yo pegunté: ¿sabes nadar? Y él me ha dicho, déjame que voy a poner mi traje de baño.

Sepúlveda : Y de allí sale una foto que ya es histórica de Javier Cercas metido en la piscina leyendo Hamlet.

Mordinsky : ¡Y vestido! Y luego hay una foto muy bonita que esa en general yo no la muestro, la dejo para enseñar a los amigos que se me quino que está Luis al borde de la piscina con una máscara de oxigeno de los que hacen  buceo.


Y ¿hay algún escritor que te gustaría haber fotografiado y que ya no estaba?

Mordinsky : Ah! Muchísimos. He llegado tarde a muchos lados y mi atlas de la literatura, como dicen ahora, que me parece algo terriblemente valioso, que antes solo hojeaba cuando escuchaba, y ahí está la trampa de la vanidad, pero yo mismo lo repito, pero mi atlas de la literatura está lleno de lagunas, evidentemente. Yo no busco retratarlos a todos, es como pretender, cuando escribes un libro, llegar a todos los lectores del mundo, no es una guía telefónica. Retratarlos a todos es no retratar a ninguno bien, no hay lucro, ni búsqueda. Los escritores, la vida me los va regalando y procuro hacerlo lo mejor posible.

Los personajes de su novela más conocida, El viejo que leía novelas de amor, reaparecen en la Lámpara de Aladino. ¿Es un homenaje al libro que le ha hecho mundialmente conocido o es porque sus personajes continúan viviendo en su imaginación?

Sepúlveda : Este personaje en especial, el viejo, continúa muy vivo en mi imaginación. Algunas veces me visita en los sueños. Porque está basada en un personaje real, yo estuve en la selva amazónica en la ocasión tal como lo cuento en La lámpara de Aladino. Salí a cazar con mi compadre quechua y había un viejo blanco que vivía solo en la selva, efectivamente era un viejo blanco que hablaba muy poco pero que era muy generoso y pasé una noche en su cabaña y tenía una cajita con novelas de amor. Y me asombró, me conmovió muchísimo. Y cuando decidí que mi personaje se iba basar  en esa persona fue… a ver como te explico… Yo estaba en el exilio pero no entendía muy bien el exilio. Sabía por qué estaba en exilio, pero no terminaba de entender cómo debía yo de reaccionar frente al exilio. Y el personaje de la novela es un exilado de dos mundos, del mundo de los blancos y del mundo de los indios, y lo único que le queda son sus novelas de amor. Y conmigo pasaba exactamente lo mismo: yo fui expulsado de mi país y también expulsado de un gran proyecto mundial de transformación del mundo y luego lo que me quedaba era mi literatura, mi lengua, las palabras. Había un paralelo entre los dos. Luego el personaje del viejo me ayudó a entender. Los escritores en realidad nunca escribimos de lo que sabemos, sino que vamos descubriendo las lagunas que tenemos en el proceso de la escritura. Y ese personaje se quedó muy claramente.  Recuerdo que, y hasta parece ficción, que cuando se firmó el contrato cinematográfico y el contrato de la venta derecho, me excité con mi agente y el productor que detenía los derechos para firmar el contrato, aquellas páginas que yo no iba a leer, solo a firmar después que los responsables leyesen, hablaban de cifras, de dinero… yo salí a fumar un cigarrillo y pronto ahí en Alemania estaba lloviendo y muy frugalmente me pareció que en una esquina estaba el viejo mirándome y diciéndome: ¡qué libro has hecho de mí, qué libro!

Mordinski : esta historia no la conocía. Seguro que estaba ahí diciéndote además: ¡no fumes mucho!

Usted ha escrito cuentos y novelas policíacas. A pesar de que este género tenga grandes nombres de referencia en la literatura mundial, está infravalorado por la crítica. Cuando usted optó por escribir en este género ¿pensó en la recepción de la crítica?

Sepúlveda : La crítica me importa un soberano carajo.  No la leo, la ignoro. Yo sé que la gente encasilla la literatura: esto es policíaca, esto es comedia… es muy cómodo.  Generalmente son muy malos lectores, y como no entienden lo que han leído,  la solución más fácil que tienen es encasillar. Yo he escrito algunas novelas de pretexto, una narración de corte policíaco, pero que hace más sentido en eso que se llama la novela negra latino americana, porque es una síntesis donde hay muchos géneros: novela histórica, la policíaca, la de aventura y también la de comunidad y que ha contribuido a ser LA memoria de América latina. En muchos aspectos la memoria de América latina, sobre todo en los países del cono sur, se ha mantenido porque los escritores tomábamos la misión de mantenerla viva en nuestros libros, en nuestra literatura. De lo que tenía que ser literatura popular nace ese género que se llama la literatura negra latinoamericana. Me gusta mucho la novela policíaca escrita a la manera televisional, pero incluso en el mundo, la novela ha evolucionado, cuando con el pretexto de contarnos una historia criminal nos cuenta el gran problema social del apartheid de Sud Africa, está escribiendo una enorme literatura. Cuando Anadule Allison sale con el pretexto de contarnos una historia policíaca, nos está contado una gran reflexión sobre el problema de la violencia contra las mujeres y hace una literatura enorme. No me fío y no sigo totalmente los géneros, porque son para violarlos y  para inventarlos.

En Nombre de torero podemos ver reflejados aspectos de las dictaduras ¿Existiría, en su opinión, un rasgo común en las dictaduras que han sufrido diversos países a lo largo del siglo?

Sepúlveda : El éxito. Todas fueran apoyadas e incentivadas y ordenadas por Estados Unidos de América, por el imperialismo. Vea el éxito que tienen. Y luego hay la enorme bestialidad, porque si pensamos que  la única integración efectiva que existió en América latina fue la brutalidad, la de la operación Condor, con argentinos, chilenos y uruguayos.


Fernanda : El rasgo del exilio…

Mordinski : Si la gente se fue… Y París es la ciudad adonde los latinoamericanos íbamos… yo no tenía un sentimiento de comunión hasta que llegué a Paris. Fue ahí que aprendí el sentimiento latinoamericano. Formar parte de esa enorme cofradía de pueblos.

En su libro La sombra de lo que fuimos la militancia se evoca a partir de los tres compañeros (Salinas, Garmenda, Arencibia). Exiliados, escondidos y torturados por la dictadura, no tienen la sensación de que, años después, esta juventud que representaban se reconozca debidamente y guardan un recuerdo amargo de esta época. A pesar de todo, es la esperanza la que predomina en el libro. ¿Cómo se explica?

Sepúlveda : Sí, se explica porque los personajes del libro pertenecen a mi generación. Una generación que dio todo y que perdió y que tiene muchas ausencias, pero sin embargo quería dar la dignidad de una derrota digna. Nos enfrentamos al peor de lo más peligroso de los enemigos, los Estados Unidos. Sufrimos una gran derrota, pero no fue una derrota definitiva. A nosotros nos quedó algo muy grande y muy fuerte, que es la agradable sensación de poder decir: hicimos lo justo en el momento justo.

Pour citer cette ressource :

Fernanda Salomão Vilar, "Entrevista a Luis Sepúlveda", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), septembre 2012. Consulté le 23/02/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/litterature/entretiens-et-textes-inedits/entretiens/entrevista-a-luis-sepulveda