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Narcocultura : una identidad desde mediados del siglo XIX

Un modo de vida

  La narcocultura también tiene su estilo de vida, entre lujo y derroche. Hay que presumir y ostentar, mediante la ropa, los coches, las joyas. Los narcos se visten con botas texanas de piel, pantalones y sombreros vaqueros, cinto con hebilla vistosa, camisa estampada con imágenes de vírgenes y joyas ostentosas como cadenas, crucifijios de oro o medallas con el perfil de una hoja de marihuana. Podemos comparar esta forma de ostentación con el de los cantores de hip-hop americanos. Los capos son personas que manejan muchísimo dinero y que evolucionan en un mundo en que todo se compra. Muchos son dueños de casinos. Joaquín, « El Chapo Guzmán », capo del cártel de Sinaloa, fue clasificado en el puesto 937 de la lista de billonarios de Forbes con una fortuna de mil millones de dólares y entre las cien personas más influyentes del mundo en una lista dada en el Time. Se estimaba la fortuna de Amado Carrilo Fuentes, del cártel de Juárez (muerto en 1997) a 25 mil milliones de dólares. Los capos gozan de una potencia a la vez económica y social que impresiona a la gente joven, dándole ganas de formar parte de los cárteles. Los narcos viven como los ricos empresariales en barrios lujosos y usan carros blindados. Muchísimos viven en el municipio más próspero de México : San Pedro Garza García. Suelen tener casas majestuosas. Se nota una verdadera arquitectura de la delincuencia, un típico exceso mafioso que se repercute en todas las cosas de lo cotidiano. ¡En el cementerio Jardines Humaya, situado en Culiacán, se encuentran tumbas en forma de iglesia cuya altura alcanza los cuatro metros! Asimismo, se cuenta en Culiacán un vehículo por 4,5 habitantes, ¡mientras que el promedio nacional es de uno por 15! La narcocultura es tan presente que en la ciudad americana de El Paso se encuentran incluso anuncios para la feria de armas en que se dice que ahí se puede adquirir la misma ametralladora que el Chapo Gúzman. El narco lo ha penetrado todo : las escuelas, las universidades, el campo, la industria, la policía e incluso el ejército. Hasta se está haciendo un « Narcotour » organizado para los turistas en el Estado de Sinaloa. El recorrido se hace en Culiacán y pasa por Tierra Blanca, Las Quintas, Chapultepec y la capilla del bandido « generoso » Jesús Malverde. Los guías enseñan a los curiosos las fachadas majestuosas de las casas de los capos. La gran paradoja entre el modo de vida lujoso de los narcotraficantes y la cercanía de la muerte que les rodea se puede explicar tomando en cuenta que, como muchísimos mueren muy joven, tienen la necesidad de vivir cada día como si fuera el último. La narcocultura se apoya en la analfabetización y el hecho de que la gente quiera conseguir dinero rápidamente. Pero lo sorprendente es que, aunque sea un submundo siniestro, esta atracción por la mala vida siempre ha existido y atrae tanto a los ricos como a los pobres, incluso a la gente que no tiene nada que ver con el tráfico de droga. Da pavor ver cómo parte de la población respalda el narcotráfico, como se puede constatar en el sitio internet www.mundonarco.com en que se exponen fotos de ejecuciones por parte de los narcotraficantes y palabras de aliento de valerosos anónimos (abstenerse almas sensibles).  

Una música

  Gran parte de la narcocultura se vincula por la música, por medio de un tipo de canción llamado « narcocorrido ». Este género norteño muy popular se oye y se canta en bares, cantinas, taxis. Suele hacer la apología del narcomundo, dando detalles de la realidad. Los temas que abordan son la realidad de la violencia, el drama del tráfico de drogas así como historias de amor. Pero también suelen exaltar la vida de los capos y su valentía. Este género vende muchísimos discos y atrae a muchísima gente a los conciertos. Aunque sea vetado por la radio, se escucha en el Norte de México donde se encuentra la mayoría de los narcotraficantes, en el Sur de Estados Unidos donde viven muchos inmigrantes mexicanos y pues en todo México como típico folclor mexicano. Los que tocan los narcocorridos son grupos llamados bandas, norteños y mariachis, entre las cuales podemos destacar a los Tigres del Norte, Los Alegres de Terán y Los Tucanes de Tijuana. La guitarra y el acordeón son los principales instrumentos. Los cantantes que componen el grupo suelen llevar sombreros de vaquero, trajes con flecos, cinturones con grandes hebillas, botas de cuero y muchas veces, bigote. O sea que tienen un modo de vestir similar al de los narcotraficantes. Las fotos que hicieron los Tucanes del Norte con rifles de asalto para promocionar su disco es prueba de ese vínculo. Pero acercarse a un asunto tan peligroso como el narcotráfico pone a los mariachis en situaciones difíciles. La censura les prohibe cantar ciertas cosas pero a menudo, son los propios capos los que encomendan las canciones. Les pagan muy caro, dependiendo de la fama del capo y de su riqueza. A menudo, los narcos hacen chantaje y amenazan de muerte, secuestro o tortura a los grupos si no cumplen. Se encuentran entre la espada y la pared. El 6 de diciembre de 2007, se encontró el cadáver del cantante José Luis Aquino Lavariega, con pies y manos atados y una bolsa de nailon en la cabeza. Tenía 33 años. Era el tercer asesinato en poco tiempo. En junio de 2007, cuatro miembros del grupo Los Padrinos fueron asesinados. Entre 2006 y 2007, se contaron al menos 7 asesinatos de cantores de ese tipo de música. Esos crímenes nunca se aclaran. Dos muertes llamaron particularmente la atención de la gente : primero la ejecución de Zayda Peña, una mujer de 28 años, en un hospital donde se le curaban heridas debidas a balas y luego, una semana más tarde, el estrangulamiento de Sergio Gómez, vocalista y líder del grupo Kpaz de la Sierra. Había sido torturado. Zayda Peña cantaba más canciones románticas que canciones de droga. La mataron en la sala de recuperación de dos tiros en la cara. Según Samuel González, quien fue jefe de la unidad de delincuencia organizada de la fiscalía, esos cantores son instrumentados por grupos mafiosos y se convierten en el blanco de los conflictos que oponen las diversas bandas. Sin embargo, los mariachis rehusan el hecho de tener cualquier vínculo con los narcotraficantes. Según ellos, sólo cantan historias reales. De cualquier modo, aunque ya quisieran dejarlo, no sabrían qué hacer. Unos cancelan conciertos, otros dejan de salir a la calle. Todos se sienten involucrados. El narcocorrido no deja de ser un género muy popular del que los mexicanos son muy orgullosos. Todos se saben la letra de esas canciones que hablan principalmente de droga, como la titulada El Ojo de Agua, cantada por El As de la Sierra, y que dice así : « tengo plantíos a la vista/ pa' despistar al gobierno/ cada vez que los queman/ los vuelvo a plantar de nuevo. / Ellos piensan que me arruinan/ no saben que hay cerros llenos ». O esta otra titulada La mesa servida, en que Los Tucanes de Tijuana cantan : « Para cuando llego al baile,/ ya está mi mesa servida:/ cervez, vino y mujeres/ y un papelito en la esquina » (un papelito que claro, contiene droga) y luego « Todos levantan la copa/ hay que brindar por la vida/ y si alguien siente sueño/ por favor que me lo diga./ En un suspiro lo arreglo/aquí traigo de la fina ». Otras canciones tratan de la criminalidad, como La camioneta de los Tigres del Norte : « Voy viendo que alguien nos sigue/ ya sabes qué hacer/ saca pues tu metralleta/ y hazlos desaparecer ». Las cosas no pueden ser más claras.  

Una religión

  México es un país muy impregnado por la religión católica. Como la muerte les rodea, los narcos suelen ser aun más religiosos. En el cártel de La Familia, todos los miembros son adoctrinados religiosamente. Se les ofrece una Biblia y se les enseña los valores fundamentales que giran entorno a la fraternidad y la superación personal. Son muy contradictorios ya que el matar a gente no les impide tener fe en Dios y rezar por la paz en la tierra. El patrón al que adoran es San Jesús Malverde y lo hacen en margen de la Iglesia ya que ésta no reconoce sus milagros, incluso condena su culto. Este santo se celebra en tres lugares del mundo : en Cali (Colombia), en Culiacán y en Los Ángeles, o sea tres lugares de la ruta de la cocaina. Ahora su culto está llegando al DF. Nadie sabe si realmente existió, pero según la leyenda, Jesús Malverde fue un delincuente que nació a finales del siglo XIX, que vivía en la sierra de Sinaloa y que robaba a los ricos para dar a los pobres. Era una especie de « bandido generoso » como Robin Hood. Se le conoce también como « el ángel de los pobres » o « el narcosantón ». Así suena un corrido de los Cadetes de Linares dedicado al santo : « Voy a cantar un corrido de una historia verdadera,/ de un bandido generoso que robaba dondequiera./ Jesús Malverde era un hombre que a los pobres ayudaba,/ Por eso lo defendían cuando la ley lo buscaba. » En 1909, fue capturado por un gobernador y colgado de un mezquite. Un mulero encontró su esqueleto y lo enterró al mismo tiempo que se lamentaba en la perdida de sus mulas. Poco después, aparecieron las mulas. Desde aquel entonces, se multiplicaron los milagros. La gente construyó una capilla en Culiacán para celebrarlo. No era ningún drogaticto ni hacía tráfico. Al principio, era más bien el patrón de los pobres y de los desesperados pero a partir de los 60 empezó a ser conocido como el santo de los narcotraficantes. Antes, los capos colombianos se encomendaban al Divino Niño Jesús y los mexicanos a la Virgen de Guadalupe. Ahora todos se encomendan a Jesús Malverde para que sus negocios salgan bien y para ser protegidos. Muchas veces se ven coches lujosos en frente de la capilla. Le encienden veladoras, le ponen billetes en los bolsillos para que multipliquen o depositan botellitas con cereales para que prosperen. ¡Un escultor de Mazatlán representó a Malverde parecido a Pedro Infante, el ídolo de las canciones rancheras ! En muchos narcocorridos se le agradece por haber dado algún servicio o se cuenta su historia. En la propia capilla se venden gran variedad de objetos : imágenes, velas, discos o playeras. Unos vienen dedicados a la virgen de Guadalupe o a San Judas Tadeo que suelen acompañar a Jesús Malverde. Este último santo es otro al que se encomendan los narcotraficante. Resulta de una derivación de San Judas, el traidor del Cristo, lo que le otorga en la cultura norteña a la vez la santidad y la criminalidad. Dos oraciones sacadas del manual espiritual de la Familia y puestas de relieve por Ricardo Ravelo en Maldita Herencia prueban esta paradoja entre fé religiosa y vida tremenda. La primera tiene que ver con la necesidad de superarse en cualquier situación : « Vive la vida sin miedo, enfrenta todos los obstáculos y demuestra que puedes superarlos./ Y no veas los obstáculos como problemas, al contrario, acéptalos y descubre en ellos la opotunidad de superarte y enfrentarlos con valentía./ Trata de ser el que nunca se da por vencido, el que siempre da un paso adelante./ El loco » La segunda alude a la fraternidad que une esa gente : « Si algún día sientes ganas, muchas ganas de llorar, háblame./ No prometo hacerte reír, pero puedo llorar contigo./ Si algún día (te) sientes triste, búscame,/ no prometo alegrarte el día, mas puedo estar contigo./ Si algún día quieres contar con alguien, ven corriendo a mí/ que tal vez yo te pueda escuchar amigo./ El más loco ». Fijándose nada más en estas oraciones, creeríamos que son ángeles. En realidad, los narcos sacan valores de la religíon para adaptarlas a su vida diaria. Aquella fé religiosa forma parte de los códigos y de las reglas que rigen la organización de las bandas.  

Una literatura

  Otro ámbito en que la narcocultura está cobrando terreno es la literatura y eso sobre todo desde diciembre de 2008. Una vez más, este tipo de literatura se concentra en el norte de México. Los críticos literarios reconocen un nuevo boom : el de la novela « negra » que cuenta historias de capos, de tráfico de droga con extrema violencia y lenguaje muy vulgar. Se podría decir que la narcoliteratura sigue tres vías. La primera concierne las obras de investigación que tienden a explorar, entender y explicar el fenómeno del narcotráfico. Se puede citar al respecto al investigador Luis Astorga que estudia el tema con mucho empeño pero sin vocación literaria. O a Jorge Fernández Menéndez quien escribe una columna diaria en el periódico Excelsior. Hay que precisar que en México, los periodistas investiguen a lo mejor más que los policías ¡y que uno tiene más chance de encontrar el desenlace de un asunto en un artículo o en una novela que en un tribunal! Estos reporteros corren mucho peligro: muy a menudo, son blancos de asaltos o de asesinatos. Luego se encuentran obras que se sitúan en la frontera entre el periodismo y la narrativa. Un ejemplo sería Con la muerte en el bolsillo de María Hidalia Gómez y Darío Fritz en que se desarrollan seis casos auténticos de narcotráfico, referidos como si fueran cuentos. La última vía la componen las obras de ficción que, aunque se inspiren de la realidad, no tratan de historias que ocurrieron en la vida real. La primera clase de libro tiende a informar el lector mientras que la segunda tiene el fin de divertirlo. La narcoliteratura se da entonces bajo formas muy variadas, como la crónica, el reportaje, los testimonios, los cuentos, y claro, la novela negra. Estamos asistiendo a una explosión de escritores norteños que ubican sus historias en los lugares estratégicos del narcotráfico. Uno de los autores más destacados es Luis Humberto Crosthwaite que fue recompensado por un premio de testimonio y otro de cuento, lo que prueba el fuerte vínculo entre ficción y realidad cuando se trata de narcoliteratura. Élmer Mendoza, establecido en Culiacán, es otro de estos representantes de la narcoliteratura y se destaca como un gran conocedor del ámbito del narcotráfico. El tráfico de droga y el crimen organizado forma parte de su cotidiano. Para él, escribir es una manera de acercarse a este submundo sin correr peligro. Saca su inspiración de la propia realidad, escuchando lo que se cuenta en las cantinas, los bares o la calle. En Miss Narco, belleza, poder y violencia, el periodista Javier Valdez Cárdenas describe, entre reportaje y ficción, la vida real de numerosas mujeres involucradas en el tráfico de droga. Otro escritor preponderante y sin duda el más productivo es el periodista Ricardo Ravelo. Varios de sus libros se convirtieron en best-sellers como Herencia maldita. El reto de Calderón y el nuevo mapa del narcotráfico o Osiel. Vida y tragedia de un capo. El género atrae a cada vez más autores, tanto anónimos como ya famosos, a semejanza del propio Carlos Fuentes que se acercó al género en La voluntad y la fortuna (Alfagura, 2008). Auténtico fenómeno social, basta con ver las novedades en las librerías Gandhi o en las tiendas de los aeropuertos para darse cuenta del impacto y de la amplitud de la narcocultura. Este tipo de literatura está constituyendo ahora el 40% de las ventas de libros en México. Inspirada en una plaga nacional, la narcoliteratura no deja de interesar a una población que no suele leer, atraída por una curiosidad morbosa. También llama la atención de las editoriales por razones económicas y constatamos que las principales ya se interesaron por el fenómeno, como Tusquets, Alfaguara, Planeta o Grijalbo (grupo Mondadori). La narcoliteratura se vende bien e incluso se exporta al extranjero. Muchísimos libros ya tienen traducción al inglés, lo que se explica en parte por la cercanía geográfica de esa literatura con los Estados Unidos, y el hecho de que el fenómeno tiene un impacto directo en este país. En Francia también estos últimos años se dieron a conocer varios autores como Sergio González Rodríguez (L'homme sans tête, Des os dans le déserts, Passage du Nord-Ouest), Gabriel Trujillo Muños (Mexicalli city blues, Tijuana city blues, Mezquite Road, Les Allusifs) o Eduardo Antonio Parra (Les limites de la nuit, Zulma) para no citar más. Para ilustrar nuestro tema, se puede consultar aquí una ficha de lectura de la novela A huevo padrino del autor mexicano Mario González Suárez.

 

Pour citer ces ressources :

Sylvia Perrin. 03/2011. "Narcocultura : una identidad desde mediados del siglo XIX".
La Clé des Langues (Lyon: ENS LYON/DGESCO). ISSN 2107-7029. Mis à jour le 11 avril 2011.
Consulté le 22 juin 2017.
Url : http://cle.ens-lyon.fr/passe-et-present-+-/narcocultura-una-identidad-desde-mediados-del-siglo-xix-118235.kjsp

Sommaire du dossier
  Situación del narcotráfico (principio de 2011)  
  • Topografía y organización del narcotráfico : cárteles y estados
  • La política de Felipe Calderón Hinojosa (PAN)
  Narcocultura : una identidad desde mediados del siglo XIX  
  • Un modo de vida
  • Una música
  • Una religión
  • Una literatura
  Ficha de lectura : A huevo padrino, de Mario González Suárez   Bibliografía
 
 
Mise à jour le 11 avril 2011
Créé le 30 mars 2011
ISSN 2107-7029
DGESCO Clé des Langues