Insistimos en la presencia bastante limitada y discreta de lo sobrenatural en
La vida imposible. Lo que practica E. Berti no es el fantástico clásico o gótico, en relación emocional con el acontecimiento, sino algo que se inscribe en el fantástico contemporáneo, cotidiano según los términos que se quieran emplear, ese fantástico que trabaja en un terreno más intelectual, especulativo y lúdico. Lo fantástico en la colección tampoco nace de una ambientación muy trabajada alrededor de un espacio propicio para su irrupción, como ocurre en el fantástico decimonónico. E. Berti esconde su fantástico en otro sitio. Sus textos dialogan con lo fantástico borgesiano : más allá de una simplicidad aparente, encontraremos las huellas del maestro.
Varios temas y motivos permiten colocar el libro de E. Berti en el terreno de la literatura fantástica. Empezamos con uno de los motivos tradicionales del género : el doble. Recordemos que Freud lo define como uno de los siete motivos siniestros que contribuyen al nacimiento de lo
Unheimliche, esa inquietante extrañeza muy cercana al efecto fantástico (Jean FABRE,
Le Miroir de sorcière, p. 217). Muchas miniaturas de
La vida imposible juegan con este motivo renovado por J. L. Borges en "El otro" (
El libro de arena) o en "Borges y yo" (
El hacedor). Basta fijarse en los títulos de las miniaturas de E. Berti : el doble aparece desde "Doble vida", el texto de apertura, y sigue manifestándose en "La repetición", "Alguien igual", "El hombre igual", "Amantes idénticas", "Dos reinas". En "Eduardo Berti", "Demasiado temprano", "El hijo", el doble es el personaje que lleva el mismo nombre que otro. Dobles son también todas esas cosas -cuadros, libros, películas- que se copian, como en "Dos películas", "El traductor apresurado", "Un artista y su falsario", donde el motivo se declina en la figura de la inversión. Al respecto, cabe notar la presencia puntual del espejo, carrefour de miracles, según Jean Fabre (
Le Miroir de sorcière, p. 217), elemento clave de la literatura fantástica, porque la doblez del objeto recuerda lo
Unheimliche freudiano. Aparece de manera fugitiva en "El bis", "Recuerdos espejados", y "Porque sí". En cuanto al motivo de la inversión, es recurrente en la colección. Pensamos en el texto que da su título al conjunto, "La vida imposible", y también en "La edad de oro", "Desde atrás", "El museo de los marcos"... entre otros.
Dejamos estos dobles e inversiones para evocar el tratamiento que reserva E. Berti a lo que se considera una categoría de lo real, una noción fija y bien establecida : el tiempo. En
La vida imposible, como ocurre en muchas obras que se inscriben en el fantástico del siglo XX -y XXI-, el tiempo y su curso padecen trastornos, alteraciones múltiples. El tiempo ya no es lineal sino reversible ("Pendiente del correo", "Mariposa humana"), se repite ("La repetición", "Déjà vu"), sufre vaivenes ("Recuerdos espejados") y anticipaciones ("Noticias antes de tiempo", "Una novela premonitoria", "Las palabras por venir", "Los libros por venir", "Autocrítica"), se inmoviliza ("Una escuela perpetua"), se cuestiona ("Mise en abîme"), y hasta carece de regularidad mientras permanece cíclico, paradójicamente ("Caso del reloj"). Pero E. Berti no se contenta con quebrantar las reglas temporales : la irreverencia va mucho más allá. El escritor pone en escena la transgresión de otras fronteras. Se contagian las esferas que suelen estar separadas, se borran los límites, y se impone lo fantástico. A veces, el sueño contamina la realidad ("Este libro no existe", "Los sueños de mi hermano", "Otro dinosaurio"). Otras veces, la continuidad -convocamos, a propósito, a la figura de Julio Cortazár- fantástica reúne vida y representación, o confunde realidad y ficción ("Caso del director", "Caso de los actores", "El proyecto de una vida", "Eduardo Berti").
Al leer
La vida imposible, encontramos algunos casos de habilidades sobrenaturales. El motivo de la metamorfosis, manifiesto en "Vueltos bestias", "Mi padre vuelto perro", "El abogado cazador", no es más que un ejemplo. Estos tres textos convocan otros dos, "Mentira" y "Estaremos perdidos", que plantean la interpenetración de las categorías hombre / animal. Entre las páginas de la colección deambulan también unos personajes provistos de dones sobrenaturales. Aparecen en "Lectores de sangre", "Déjà vu", "Caso del niño y el mago", "El don", "El dolor del odontólogo". Y se producen milagros que escapan de todo intento de explicación científica, en "El hijo", "Demasiado temprano", "Una máquina curiosa". Aunque se quedan al límite de lo sobrenatural, por ser anomalías naturales, los monstruos son otras de las criaturas fantásticas que desfilan en la colección. Los seres descritos en "Cuatro monstruos", "La última mujer", "Una voz distinta", "Las manos al revés", "Maternidad", "Mariposa humana" y "Rectílocuo", si existieran, no podrían menos que estar señalados con el dedo. Los casos de desviaciones respecto a la especie humana alternan con las desviaciones respecto a la lógica. E. Berti se divierte inventando una serie de casualidades y coincidencias misteriosas que recuerdan el discurso de J. L. Borges sobre una literatura fantástica caracterizada por la causalidad mágica. Una de sus manifestaciones es la supersitición, creencia en una necesaria conexión no sólo entre un balazo y un muerto, sino entre un muerto y una maltratada efigie de cera o la rotura profética de un espejo o la sal que se vuelca o trece comensales terribles ("El arte narrativo y la magia",
Discusión, Buenos Aires : Emecé, 1964, Madrid : Alianza, 1976, p. 78). Si "El balcón", "Caso del boxeador", "El movimiento", y "La compañera de al lado" cuentan historias de coincidencias problemáticas, en "Resucitado con las flores", "Cicatrices y lunares", "La muerte como un prisma", y "Tiro en la nuca", los personajes son quienes no se contentan con la casualidad como explicación y buscan necesarias conexiones entre los acontecimientos.
"De fausses portes en faux temps, faux personnages et vrais miroirs, en cherchant le Minotaure, c'est Borges que l'on trouve dans les précieux dédales de ce labyrinthe", advertía un artículo propuesto por la editorial Actes Sud para presentar la obra (Actes Sud, Eduardo Berti :
La Vie impossible, p. 5). Desde luego. Nuestro inventario de los temas y motivos de lo fantástico en
La vida imposible hace manifiesta la presencia de las huellas del maestro en esta colección de miniaturas. Sin embargo, la herencia no impide la distancia, y Berti se emancipa del modelo. Citemos a Frédéric Vitoux :
Berti [...] s'ébroue dans les jeux de miroirs oniriques, les paradoxes surréalisants, les postulats dramatiques impossibles, le goût du bizarre et de l'absurde à la façon d'un chien fou plus que d'un vieux sage. Il ne contrôle rien. Il traficote la vraie et la fausse monnaie. Il faut déblayer chez lui les pépites et les scories. Et chercher moins dans ses fragments narratifs des concentrés d'intelligence, des échappées métaphysiques que des jeux plus jubilatoires, où la poésie et le goût de l'étrange pour l'étrange trouvent leur plein épanouissement.
(Berti : un chien fou !, Le Nouvel Observateur, 27/11/2003, n° 2038).