
Además de ser el muralista que más obras dejó, Diego Rivera es un pintor famosísimo en México y se encuentran cuadros suyos en la mayoría de los hogares mexicanos. Era un personaje con un fuerte carácter, un revolucionario dinámico y un trabajador incansable, a la vez gruñón, entusiasta y curioso.
Diego Rivera Barrientos nació el 8 de diciembre de 1886 en la ciudad de Guanajuato. Inició sus estudios de pintura y artes en la Academia de San Carlos donde tuvo como maestro a José María Velasco. En 1907, a los 20 años y animado por José Vazconcelos, consiguió una beca para acabar su carrera en Europa. Ahí se quedó unos 13 años. Se relecionó con los artistas europeos e ingresó en España al grupo de los cubistas pero luego rompió con ellos. Le impactó mucho el asesinato de Jean Jaurés. Hijo de un padre masón y de una madre muy católica, decidió seguir su propio camino que resultó ser revolucionario. En 1910 expuso en Madrid, París, Bruselas, Amsterdam y Londres y en 1914, expuso dos obras en la Hall Tony Garnier de Lyon por la Exposición Internacional Urbana de Lyon.
En 1920, regresó a México impactado por el ambiente que prefiguraba la segunda guerra mundial y por los frescos que había estudiado en Italia. Fue el primer de los artistas en darse cuenta de la importancia que iba a tener le revolución en la transformación de las mentalidades. Gracias a su estancia en Europa, pudo comunicar a las jóvences pintores mexicanos las rebeliones antiacadémicas del período precubista. Les señaló el peligro del comercialismo esnob en el cual había caído el arte europeo. Apasionado por las manifestaciones públicas y heróicas del arte bizantino y del arte etrusco, se dirigió hacia el muralismo. Dos años luego ingresó como muralista en la Escuela Nacional Preparatoria y fundó con Siqueiros y Orozco el Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores, demostrando así su compromismo político. Creía que el arte no debía ser una obra intelectual sino algo para el pueblo, para que todos lo pudieran disfrutar y para que sirviera a la educación de la población. Viajó por todo el país para descubrir cómo vivía el pueblo y para conocer los diversos sitios prehispánicos. Entendió que el pueblo mexicano tenía una historia que resultaba de la mezcla de sus orígenes indios y de la conquista española. Cuando Vazconcelos le confió las paredes de la escuela nacional, realizó su primer fresco, La Creación, en la escuela preparatoria de México por la cual benefició de la ayuda técnica de Guerrero.
Desarrolló un arte ideológico ligado a los problemas del hombre y de su sociedad. Los temas que le gustaba pintar en sus murales eran de índole histórico y trataban de los momentos revelantes de la historia mexicana como las civilizaciones precolombinas, la invasión de Cortés, la esclavitud o la revolución social. También pintó acerca de la dominación económica norteamericana, sobre todo en cuanto al petróleo. Lo que le importaba era dar un testimonio del ambiente revolucionario que conocía el país a principios del siglo XX y rescatar el pasado, reivindicar a los indígenas, explicar a los mexicanos que tenían sangre española e india para que tomaran conciencia de su mestizaje. Tenía una verdadera ideología revolucionaria y creía en la lucha del campesino y del obrero. Dio a entender que la aplicación de la reforma agraria era una lucha de todos los días. Pensaba que la hermosura del país se encontraba en la gente pobre y se apasionaba por el arte precolombino. No quería ser visto como un artista sino como un artesano a disposición del pueblo.
Por los años 1922-1924, al principio del período muralista, les explicó a los demás el sentido de la tradición prehispánica en México, el interés del mestizaje colonial y la variedad del arte popular de México. Insistió en la necesidad de volver a aprender un método y les enseñó tanto la teoría como la práctica. Al exportar el movimiento en el extranjero, comprobó que un arte nacido de una rebelión nacional tenía un valor universal incluso por las grandes metrópolis imperialistas. El arte comprometido de Rivera llevó a la burguesía a criticar sus fuentes de inspiración como el hecho de pintar a los pobres.
Otra fuente de inspiración fue las mujeres que lo rodearon a lo largo de su vida. Fue el caso de Lupe Marín, con la cual tuvo dos hijas, Guadalupe y Ruth. Ella le sirvió de modelo para el fresco que pintó en la capilla de Chapingo y en otras obras. También pintó a su segunda mujer con la cual se casó dos veces, la famosa pintora Frida Kahlo, por ejemplo distribuyendo armas a los obreros y campesinos en El Arsenal o como madre de un Diego niño en Alameda.
Su vida política conoció varios tumultos. A partir de 1922, perteneció al partido comunista por siete años, luego se afilió a las ideas trotskistas y fue expulsado del PC. Entre 1922 y 1928 pintó varios murales en relación con Emiliano Zapata. En 1927, se fue a Rusia y asistió al décimo aniversario de la revolución rusa, justo cuando Stalin expulsó a Trotski. En 1930 expuso obras de caballete en el museo de arte moderno de Nueva York. Dos años luego, el paradoxo entre su visión negativa de los Estados Unidos acerca de su dominación económica sobre México y su disposición a trabajar ahí provocó un escándalo. El motivo fue el mural El hombre en el cruce de caminos que se le había sido encomendado por el embajador de los Estados Unidos, Dwight Morrowen, en el Rockefeller Center en Nueva York. Se le reprochó haber representado al líder soviético Lenín. Como Rivera se negaba a modificar su obra, el fresco fue destruído en 1934 y el pintor tuvo que regresar a México. Hasta 1940 se dedicó por lo esencial a la pintura de caballete. Recibió a Trotski cuando estuvo de exilio en México en 1936 y tres años luego se peleó con él. En 1940, el chófer y el carro de Rivera se encontraron involucrados en el asesinato del jefe revolucionario por lo cual Rivera fue sospechado. En fin, acabó por adherirse de nuevo al PC.
En 1942 empezó la construcción de un museo de inspiración precolombina, el Anahuacalli, en el cual depositó su colección de estatuas y cerámicas de arte precolombino. Lo usó como casa, taller y museo. En 1947 realizó su obra maestra, Sueño de una tarde dominical en la Alameda central. En 1954 hizo la donación de la totalidad de su obra, de la Casa Azul, de sus colecciones y del museo Anahuacalli al pueblo mexicano. Murió el 25 de diciembre de 1957 de un cáncer en México. Su sepultura se encuentra en el museo Anahuacalli.