José Ortega y Gasset representa uno de los intentos más destacables en pro de la “europeización” de España. Al igual que Unamuno, ha sido considerado por algunos (Alain Guy) como integrante del movimiento hispano que usualmente se denomina la Generación del 98 , el cual toma en manos una reflexión profunda en torno al destino de la nación tras la independencia cubana, última colonia española en el continente americano. Otros (Lorenzo Luzuriaga), en cambio, lo considerarán integrante de la Generación del 14, puesto que es en 1914 cuando Ortega publica su primera obra de gran calibre, Meditaciones sobre el Quijote. No obstante, como todo pensador que se precie, Ortega no acepta corsé alguno, su reflexión trasciende las fronteras nacionales para pensar el destino de Europa, adelantándose – de un modo particular como veremos – a lo que actualmente se conoce como la Unión Europea, a pesar de que sus ideas fueran contrarias al estado actual de ésta. En líneas generales su pensamiento ha sido considerado como un raciovitalismo (1), en tanto que intenta una recuperación de una categoría fundamental en el quehacer humano olvidada por una razón ensimismada: la vida.
Conocedor de todo cuanto se hacía en el viejo continente en las más diversas materias gracias a sus numerosas estancias en universidades europeas, su preocupación por el estado inerte de la cultura en el país le llevará a fundar La liga de Educación política española (2). En 1914 pronuncia su conocida conferencia Vieja y nueva política, acto fundacional de dicha Asociación que pretendía despertar aquella España oficial, aquel «inmenso esqueleto de un organismo evaporado» (3), en conflicto con una España vital que no consigue entrar en la historia. Aquí aparecen por primera vez rasgos fundamentales que caracterizarán su obra, así como sus preocupaciones de orden social y político que le acompañarán el resto de su vida.
La Revista de Occidente, fundada en 1923, materializará su intento europeizador, siendo para Ortega una plataforma adecuada para la difusión de ideas hasta entonces desconocidas en España. Sus convicciones políticas le llevarán a formar parte de la «Agrupación al servicio de la República» (4) en 1930, junto con intelectuales de la talla de Unamuno, Marañón o Pérez Ayala, entre otros. Dicha filiación Ortega la expondrá en su artículo El error de Berenguer (5), donde definiendo al Gobierno de Berenguer como ficción, pronunciará la máxima «Delecta est Monarchia» (Hay que acabar con la Monarquía), promulgando un dinamismo del Estado, en el cual éste no se encuentra ahí, ya hecho, sino que se trata de una construcción común con vistas a un advenir compartido.
Posteriormente, en Rectificación de la República (6) Ortega señalará los desvíos de ésta, denunciando así – por utilizar el lenguaje que era propio a Ortega – la falta de «altura histórica» de la clase política del momento, pues consideraba que más que servir a la consolidación de un verdadero sistema republicano servían a intereses partidistas. Tras el Golpe de Estado franquista se verá obligado a abandonar el territorio nacional, algo que le llevará de Francia a Holanda, de Argentina a Portugal; para fundar junto con Julián Marías a su regreso a España el «Instituto de Humanidades».
La obra de Ortega y Gasset puede dividirse en tres etapas sucesivas que configuran su pensamiento así como sus compromisos políticos y sociales. Distinguimos así: una primera etapa marcada por un socialismo de cierta influencia marxista (1908-1929), un liberalismo anticapitalista (1914-1929) y un republicanismo (1929-1955).