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Entrevista a Santiago Roncagliolo

Clémence Oriol
 
C. O. : ¿Cómo nació tu novela Abril rojo? Y ¿por qué escogiste el género policíaco para contar esta historia?
S. R. : Nació de dos lados: por un lado, yo trabajé en derechos humanos en Perú, y tuve contacto con todo tipo de asesinos, entraba a la cárcel y hablaba con terroristas y con militares, con torturadores, con gente que había hecho cosas muy brutales, y quería escribir de eso. De la ambigüedad moral de esas personas, y de esa experiencia. 
Y por otro lado, siempre me gustaron los thrillers, los thrillers de asesinos en serie. Incluso las películas tipo Seven o El silencio de los inocentes, entonces llegó un momento en que los dos proyectos se juntaron. Pensé que escribir un thriller sobre la guerra era la mejor manera de hablar de un país en que todos se han vuelto asesinos en serie; la manera más realista era usar el género de asesinos en serie.

¿Era también para ti una forma de tomar distancia con lo ocurrido, a través del humor, como para desacralizar esta parte sangrienta de la Historia de tu país?
Sobre todo me interesaba una cosa: la realidad de una guerra - la de Perú pero también la de cualquiera, es muy brutal, no puedes simplemente ir y contarla porque es difícil de leer tanta violencia. Cuando pones un asesino en serie, el lector sabe que es inventado, es de ficción, entonces no importa que descuartices brutalmente a los cadáveres, no importa que los decores como en la semana santa: el lector sabe que es imaginario, y a partir de eso ya se puede ver, y es lo que pasa con el investigador: va conociendo la violencia real. Sí, poner un asesino en serie y usar el humor, me ayuda a tomar distancia a mí, y también a los lectores.
 
Estos últimos años se publicaron muchas novelas sobre este tema: ¿crees que está naciendo una tradición literaria?
Bueno, todos los países escriben de sus guerras, Francia escribe de la segunda guerra mundial, y España escribe de la guerra civil sin parar; creo que todos de un modo u otro somos hijos de  guerras, todos somos lo que somos porque hubo una guerra que decidió en qué país vivíamos y en qué sistema vivíamos, en cualquier lugar, sin importar dónde esté. Y a la vez, el horror de la guerra es un gran reto para un escritor, porque precisamente se trata de escribir de donde ya las palabras no sirvieron para nada, ya no había palabras que pudiesen explicar lo que ocurría. Eso hace que todos buceemos en nuestras violencias originarias, pero no es exclusivo de Perú.

Tu libro de investigación sobre Abimael Guzmán ha sido bastante criticado, ¿qué te inspiraron aquellas críticas?
La crítica fue horrorosa en Perú, en la prensa escrita y los blogs literarios. Pero el libro, primero fue muy leído por la gente, porque no conocía quien era este hombre; y segundo, fue leído en las cárceles, fue leído por los presos, fue leído por militares; fue leído por el juez que sentenció a Fujimori hace un mes. Fue leído por la gente que realmente hace la Historia, o lo que pasa; así que después de esa experiencia, espero que los críticos peruanos me sigan destrozando, que es lo mejor que te puede pasar.

Acaban de publicar en Francia tu novela Pudor, que no trata de guerra sino de historias intimas y familiares; sin embargo, está muy presente el tema de la muerte. ¿Dirías que es un tema importante en tu obra narrativa?
Claro, yo creo que la muerte es un tema importante para todos de hecho, a mí no me interesa escribir sobre peruanos, me interesa escribir sobre seres humanos y sobre temas que nos afectan a los seres humanos. Y Pudor es una historia que podría ocurrir realmente en cualquier ciudad con gente de clase media; de hecho la película la hicieron en España, y no cambió nada, era lo mismo pero con acento español. Los temas universales que me interesan porque creo que nos interesan a todos son el amor, el sexo, la soledad, y la muerte. La muerte es el que nos toca a todos porque es el único seguro, es decir, no sabes en tu vida si tendrás amor, sexo o dinero pero de que te mueres, ¡te mueres! Y a la vez, es lo único que no sabes qué sera, cuando al fin llega, ya no puedes hablar de ella; y eso la convierte en un tema central. Yo creo que todos vivimos pendientes de la muerte - es curioso: pendientes de tratar de olvidar la muerte; la religión te ofrece eso, te ofrece una vida después de la muerte, cualquier religión. Pero también los gimnasios, te ofrecen una manera de tener salud y alejar la muerte; los yogures light te ofrecen una manera de alejar la muerte: vivimos consumiendo historias que nos permitan olvidar que vamos a morir. Y por eso me gustan las historias que te lo recuerdan.

Hablame un poco de esas dos figuras que te obsesionan: los psicópatas y los perdedores.
Bueno, yo creo que están en estas dos novelas, claramente. Creo que son dos extremos de las personas. Un perdedor es alguien que por no transgredir ninguna ley es infeliz; no es capaz de satisfacer sus apetitos personales. Y un psicópata es alguien que por satisfacer sus apetitos personales transgrede todas las normas de convivencia. Entonces, yo creo que son dos extremos entre los que vivimos todos, no nos entregamos a uno, pero en algún momento nos acercamos a uno u otro; el eje que los une tiene que ver con esta necesidad de satisfacer nuestros apetitos, pero vivir en sociedad. Abril rojo, es de alguna manera la tensión entre un perdedor y un psicópata: el fiscal Chacaltana es un perdedor y el asesino en serie es un psicópata; pero conforme avanza la novela se van confundiendo y va a resultar difícil distinguir a uno del otro. Y en Pudor, creo que todos los personajes oscilan entre uno y otro constantemente, a veces se parecen a uno y a veces a otro. Creo que todo grupo social crea esas figuras: las familias crean perdedores y psicópatas, los países crean  perdedores y psicópatas.

Los antihéroes que pueblan tus novelas nos recuerdan que nuestra visión de la verdad suele ser muy equivocada. ¿Esta tensión entre verdad y mentira, es importante en tu trabajo?
¡Yo creo que no tenemos ninguna visión de la verdad! Es decir, tenemos un montón de mentiras, y vamos escogiendo las que nos permiten vivir mejor: las que nos dejan bien parados, por lo general son las que escogemos, las que nos hacen ver como gente buena. Pero yo soy de una generación que ha visto caer el muro de Berlín, y luego ha visto caerse Wall Street: es muy difícil ahora defender cualquier verdad. Algo muy frecuente en mi trabajo es la pérdida de la inocencia; mis personajes son personas que creían tener una verdad, creían ser buenos padres, o buenos ciudadanos, y de repente el mundo se viene abajo en frente de ellos, y se desmoronan sus verdades, se desmoronan las cosas que creían. Eso se nos ha pasado a todos en el mundo en los últimos años.

El cine influye mucho en tu trabajo: la cultura de masas es una fuente de inspiración para ti?
Sí, sobre todo el cine. Me gusta que lo que escribo sea muy visual, me gusta que se olviden de que alguien está contando la historia, que te sumerjas en ella y que vivas con los personajes, que los veas y que los huelas también, que pasees por las calles por las que ellos pasean. Que convivas con sus emociones y con lo que ellos viven. Uso mucha técnica del cine. Hasta los años ochenta, donde yo crecía, la literatura se volvió a veces tan experimental, que ya no le interesaba contar historias. Entonces mi referente donde me cuentan historias era el cine, en realidad, porque en la literatura había grandes experimentos formales a veces, sobre todo en Francia, y eran cosas interesantes intelectualmente pero las historias del cine, y las que me gusta escribir son historias que apelen emocionalmente, que producen emociones. Creo que tú puedes pensar en algo antes que ser emocionado con una historia, lo contrario es más difícil.

¿Qué opinas de la adaptación cinematográfica de Pudor?
¡Me gustó! Soy el único escritor al que le ha gustado su película. De hecho, hice un cameo, pero lo eliminaron en el montaje del director. Me gustó ver también cómo cambiaba: la novela original tiene mucho sentido del humor, y la película es muy triste. Eso es porque quitaron al gato, y el gato es el que cuenta los chistes en realidad; cuando todo está muy tenso, viene el gato y hace algo divertido. Creo que es sobre todo porque no somos justos con los gatos: es muy dura la vida sexual de un gato, aunque él hace todo lo que puede para defenderse. Esta parte tiene mucho humor, la película no tiene eso. Me sorprendió lo triste que eran mis propias historias pero me gustó ver que mis personajes cobrasen vida, que fuesen, que hablasen, que existiesen. Eso fue muy bonito. Yo también soy guionista y sé cómo es: no esperaba que fuese exactamente igual a la novela, al contrario, lo que yo quería era ver cómo cambia, y cómo leen ellos la historia. Y después, ver el proceso de cómo la rodaban. De todos modos, si no me hubiese gustado no hablaría mal; veo a todos los escritores que conozco que siempre dicen que no les entendieron, que le hicieron películas horribles, que se quejan, no he visto a ninguno rechazar el cheque de la productora. Y me parece una posición bastante inmoral. Cobras y pero te quejas.

Eres escritor de novelas, crónicas, cuentos, libros infantiles, etc. ¿La variedad es un motor para tu trabajo?
Sí, posiblemente no sé muy bien quién soy. Hay escritores que tienen clara qué voz buscan, y van a desarrollar esta voz; a mí lo que me gusta es explorar en cada libro un universo diferente,  géneros, emociones, y recursos diferentes. Porque es para eso que leo también, cuando leo me gusta que los escritores me sorprendan con cada nuevo libro; y cuando escribo trato yo mismo de sorprenderme y ser más ambicioso con cada nuevo libro, por lo menos buscar experiencias creativas diferentes. Pudor tuvo éxito, y yo pensé: ahora que ha ido tan bien, escribo otra igualita, todo el mundo está contento con ella. Pero no lo conseguí, no pude, porque las cosas de las que quería hablar en esta novela ya estaban en esta novela; y la única forma de escribir otra fue escribir otra completamente diferente, como Abril rojo.

Hablame un poco de tu última novela, Memorias de una dama.
Es también muy diferente. Por cierto, ocurre en París una parte. Es la historia de una oportunidad:  la historia de un escritor muerto de hambre en España, un Peruano tratando de escribir y publicar libros, y de una millonaria que lo contrata para escribir sus memorias. Durante mucho tiempo no saben exactamente qué son sus memorias: ella quiere escribir un libro, pero él quiere escribir otro libro con su historia. Y es la historia, por un lado de la relación entre ambos, de estos dos personajes que se van queriendo, y por otro lado, plantea la pregunta de quién es dueño de una historia: ¿el que la vive, el que la cuenta, el que paga por ella? Tiene muchas cosas: comedia, historia de la mafia, viaje por América Latina a lo largo del siglo XX, creo que es lo más ambicioso que he escrito hasta ahora, y lo más divertido además, porque tiene mucho humor en realidad.

¿A través de este personaje del escritor, es tu propia historia la que cuentas?
Bueno, juega mucho con cosas reales, desde mi historia personal hasta la de Mussolini, que aparece, de Jacqueline Kennedy también... Supongo que es una novela con la que cada lector decide qué es real, y qué no es real. Todo el mundo me pregunta eso, pero yo nunca respondo porque la gracia es que no lo sepan.
 
 
 
mise à jour le 22 août 2009
Créé le 17 mai 2009
ISSN 2107-7029
DGESCO Clé des Langues