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Dossier 15-M - La política del 15-M - Repercusiones

Par Bruno Rogero : Étudiant de Master 2 TLEC - Université Lyon 2
Publié par Christine Bini le 24/08/2013
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La política del 15-M

 

Tanto la movilización del día 15 como las acampadas a las que dio lugar se declararon apartidistas, pero no apolíticas y fueron muchas las veces que insistieron en ello, especialmente, cuando se les dijo que su presencia en una plaza pública durante una jornada electoral comprometía la reflexión y el voto libre. Se negaban a tomar partido por ninguna formación política, lo cual no quería decir que no reconocieran el carácter político de lo que estaban haciendo, sino que sus planteamientos iban más allá de apoyar a una organización contra otras. Tan importante se consideró este rasgo que hubo una fuerte polémica porque, según algunos debían retirarse símbolos (una bandera feminista y otra anarquista, en la acampada madrileña) que, sin pertenecer a ninguna organización concreta, podían ser considerados excluyentes por otras personas.

Todo esto no implica que esa convivencia de ideas distintas no haya provocado mil y un debates; se ha reprochado a menudo al movimiento 15-M no ser capaz de formular un programa o una tabla reivindicativa concretos, pero se ha asumido que el debate, por más amplios que sean los términos en que se da, es parte central del movimiento, parte de su sentido. Quienes quieren cambiar las cosas con reformas se han opuesto a quienes aspiran a hacer una revolución, igual que quienes defienden crear candidaturas electorales nuevas discrepan con quienes propugnan la abstención, el voto en blanco, el voto por alguna formación ya existente o el nulo; este movimiento se ha mostrado como un método de debate y acción, más que un contenido que dar al debate o a la acción.

De manera más general, podemos decir que ha existido una política del 15-M cuyas bases se sentaron esos días y continúan hasta el presente:

  • las decisiones se toman en asambleas donde ninguna persona tiene un voto de mayor valor que los de las demás;
  • las decisiones se toman por consenso, sea sólo de votos a favor o de votos a favor y abstenciones, cualquier voto en contra implica que quien lo emita explique por qué se opone y se busque la manera de conciliar la propuesta anterior con esa oposición;
  • toda posición debe ser argumentada, pero los turnos de palabra deben consumir el tiempo necesario, no más;
  • se evitan los ruidos innecesarios (gritos, abucheos, aplausos) para agilizar el desarrollo de las asambleas y evitar competiciones de popularidad, cualquier «intervención» de este tipo se hace mediante gestos preestablecidos –los propios de asambleas donde participan personas sordas (ver aquí)–;
  • cada persona puede tener sus preferencias sobre organizaciones sindicales, políticas, religiosas, etc., pero se acude a una asamblea como individuo y no como representante de nadie más, ni se hace proselitismo;
  • toda asamblea, a menos que sus asistentes lo consideren innecesario por ser muy pocos, tiene uno o varios moderadores que, en cada momento, están pendientes de los turnos de palabra pedidos y de su orden y que deben intentar, independientemente de su simpatía o antipatía por los demás asistentes, por las posiciones expuestas o por los temas tratados, mantener la asamblea en términos realistas: ¿se está alargando mucho –o, al contrario, acelerando mucho– este debate o esta votación? ¿Se está alejando mucho el debate de los temas previstos? Etcétera.
  • Debe haber un aprendizaje colectivo, no pueden ocuparse las mismas personas de la moderación siempre, del mismo modo que las comisiones y grupos de trabajo de las acampadas tenían por principio la rotación y la transparencia.


En cada caso se trata de principios de dinámicas asamblearias que ya se utilizaban en grupos mucho más pequeños y que se han visto más puestos a prueba al llevarse a cabo con tantos asistentes y en lugares tan públicos como las plazas. El último punto, por ejemplo, se vio puesto a prueba menos de dos semanas después de la acampada de la Puerta del Sol, cuando se consideró que las personas que conformaban la comisión de Comunicación estaba dando más o menos publicidad a los debates de otras comisiones en función de sus afinidades políticas y que, además, se estaban negando a dar cuentas de su funcionamiento y a rotar. En la asamblea en que se trató dicho problema se consideraron varias soluciones (darles algo más de tiempo para enmendar dichos problemas, expulsarles en bloque de la comisión, etc.) y se acabó aprobando el incluir en la comisión a otro grupo de personas que auditarían el trabajo realizado hasta ese momento y se asegurarían de que el que se hiciera en adelante respondiera a esos principios democráticos, además de evitar que hubiera una ruptura, en cuanto al saber hacer, entre la anterior comisión y las que habría con rotación.

De modo más general, hay que decir que este funcionamiento, dadas la base social con la que se cuenta y la falta de costumbre asamblearia, ha implicado algunos problemas:

  • situaciones en que se hace caso omiso del principio de no hacer ruido innecesariamente o se interrumpe un turno de palabra ajeno;
  • turnos de palabra demasiado largos o sin contenido relevante, como si el debate se convirtiera en una tertulia de bar y se tratara de opinar sin argumentar o incluso de contar impresiones personales;
  • afluencia de personas con inquietudes más espirituales que políticas y que intentaban llevar los debates por esos caminos;
  • afluencia de personas con inquietudes, más que políticas, conspiranoicas y que asisten a protestas o asambleas para hablar de supuestas conspiraciones masónicas, judías o del club Bilderberg o para denunciar la versión oficial de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

 

Repercusiones

 

Estos problemas y aquellos mecanismos por los que se han intentado evitar se empezaron a establecer desde el principio y aún están presentes hoy día, más de dos años después. No obstante, si ha existido y existe un «movimiento 15-M», tal vez se deba al relanzamiento que se hizo a partir del día 28 de aquel mismo mayo de 2011: entendiendo que el movimiento debía emanciparse de su elemento más espectacular (las acampadas en el centro de los municipios) y profundizar en los debates políticos y entendiendo que una descentralización simplificaría y aligeraría los procesos de debate, aun a riesgo de cierta desmoralización en las zonas donde hubiera menos personas interesadas, muchas acampadas decidieron convocar asambleas por núcleos de población más pequeños (barrios y pueblos) y preparar tranquilamente su propio desmantelamiento coordinado (en el caso del campamento de la madrileña Puerta del Sol, se acabaría haciendo el 12 de junio).

Todo lo que ha ocurrido después es el resultado de las bases que se pusieron en aquellos primeros días, pero también, en gran medida, de aquella apuesta por ser un movimiento en el sentido más literal, algo que cambia las cosas de sitio. Quien se interesó pudo ver a los acampados en Barcelona perder todas sus pertenencias –arrojadas a los vehículos de limpieza del ayuntamiento– y recibir sucesivas cargas policiales, con decenas de heridos leves y uno grave, sin perder la sangre fría ni abandonar en ningún momento la plaza, a una manifestación improvisada partir de Sol, en Madrid, hacia la embajada francesa para protestar por el desalojo con gases lacrimógenos de los acampados en París o a la asamblea del barrio de Puerta del Ángel abordar a un grupo de policías de paisano que pedía la documentación a quienes entraban o salían de la boca de metro más cercana, sospechando que elegían a las personas en función de criterios raciales, y preguntarles al respecto hasta que los agentes prefirieron irse.

Esa acción asamblearia, directa y no violenta se ha convertido en otra de las señales de identidad del movimiento y ha sido quizá la principal causa de un cambio mayor. En Barcelona y Murcia, en un principio, más tarde en Madrid y después en toda España, grupos de solidarios han acudido a viviendas cuyos inquilinos iban a ser desahuciados por no devolver sus respectivas hipotecas y reivindicar, así, la primacía del derecho a una vivienda sobre el derecho del banco a recuperar el dinero acordado. Estas intervenciones, simpaticemos con ellas o las rechacemos, no sólo han conseguido ayudar a las familias y personas concretas que se encontraban en esa situación, sino que han relanzado el debate sobre el acceso a la vivienda, lo han puesto en el centro del debate político y, aparte de dar a conocer a la PAH o Plataforma de Afectados por la Hipoteca (que comparte protagonismo con las asambleas en los debates sobre estos temas), ha dado a conocer un concepto casi desconocido antes, como es la dación en pago, la posibilidad –aún no reconocida en España– de dar la vivienda al banco como compensación por el dinero que falta devolverle del préstamo hipotecario.

 

Pour citer cette ressource :

Bruno Rogero, "Dossier 15-M - La política del 15-M - Repercusiones", La Clé des Langues [en ligne], Lyon, ENS de LYON/DGESCO (ISSN 2107-7029), août 2013. Consulté le 21/07/2018. URL: http://cle.ens-lyon.fr/espagnol/civilisation/economie/la-crise-economique-espagnole/dossier-15-m-la-politica-del-15-m-repercusiones